El vicepresidente de EE. UU., JD Vance, a su llegada al Cenáculo
El vicepresidente Vance visita el Cenáculo de Milán y se confiesa con un fraile dominico
El mandatario estadounidense admiró la 'Última Cena' de Leonardo y, posteriormente, pidió la presencia de un sacerdote
No todos los días se ve al vicepresidente del país más poderoso del mundo ponerse de rodillas en un confesionario para detallar sus pecados a un sacerdote. Pero eso es lo que ocurrió este sábado en la iglesia del convento de Santa Maria delle Grazie de Milán, a la que acudió J. D. Vance, el vicepresidente de los Estados Unidos, para revelar sus cuitas de conciencia ante un fraile dominico, según recogen los principales diarios italianos.
Tras admirar la grandiosa Última Cena de Leonardo da Vinci, ubicada en el antiguo refectorio (Cenacolo Vinciano) del citado convento –«es increíble poder admirar una obra maestra así», reconoció el mandatario–, Vance pidió ir a la iglesia para confesarse con un sacerdote. Después, permaneció un rato en oración y prosiguió su visita.
J. D. Vance, quien llegó este jueves a Italia para asistir a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno en el estadio Giuseppe Meazza de Milán junto a Marco Rubio, resaltó que «en el espíritu de las Olimpiadas —amistad, competición basada en reglas y el simple hecho de unirnos en torno a valores compartidos— estamos muy emocionados de estar aquí y tendremos una gran conversación sobre diversos temas».
En sus memorias, Hillbilly Elegy, que se convirtió en un superventas durante las elecciones de 2016 en Estados Unidos, J. D. Vance narra cómo sufrió una infancia dura, con una adolescencia marcada por las drogas y las armas que forjaron el carácter que tiene hoy. Su madre padecía de adicciones y su padre siempre faltó. Como refugio encontró el cristianismo, que pronto se convertiría en su salvación. En el caso del aborto, siempre ha sido un firme defensor de las políticas provida.