Fundado en 1910
EL BUSCADORÁlex Navajas

¿Y si la polarización en la Iglesia no fuera una cosa tan mala?

Ojo, que no estoy haciendo una apología del lenguaje clericaloide, cerrado, meloso e incomprensible. Me refiero al empeño por abandonar valores genuinamente cristianos e intercambiarlos por baratijas descafeinadas que no huelan tanto a Evangelio

Hace un par de años cerró una publicación en papel que se llamaba Revista 21. Llegó a tener decenas de miles de suscriptores, pero fueron muriendo, no hubo relevo generacional y tuvieron que echar el cierre. Quizás no les suene ese nombre, pero si les digo que antes se llamaba RS21, previamente Reinado Social y, antes aún, Reinado Social del Sagrado Corazón, quizás ya les resulte más familiar. La revista del Padre Damián de Molokai, como la distinguían muchos.

Ha ocurrido algo similar en Bélgica con los Hermanos de la Caridad, según relata el portal Infocatólica. Las obras sociales de los religiosos fundados por el venerable Pedro José Triest han mudado su nombre por «Evara», una palabra sánscrita que significa «regalo». Se trata de «un nombre que carece de la más mínima resonancia cristiana», observan en Infocatólica.

Es curiosa la facilidad que muestran algunos cristianos por adoptar a la mayor brevedad posible términos y conceptos que provienen del mundo. Ojo, que no estoy haciendo una apología del lenguaje clericaloide, cerrado, meloso e incomprensible. Me refiero al empeño por abandonar valores genuinamente cristianos e intercambiarlos por baratijas descafeinadas que no huelan tanto a Evangelio, para así ser digeridas mejor por el mundo. Piensen en la caridad y la solidaridad; la oración y la reflexión; el pecado y el error, y tantas otras.

Quizás el último término en incluirse en la larga lista ha sido polarización, que llegó a ser elegida Palabra del año 2023 por la Fundación del Español Urgente. Los olfateadores de nuevas tendencias en la Iglesia –que los hay– incorporaron el palabro a su acervo y, desde entonces, no se les cae de los labios. Nos advierten a todas horas de que hay polarización en su seno, de que no es evangélica, de que hay que desterrarla, de que es impropia de un cristiano y demás.

Sin embargo, si echamos la vista atrás, yo creo que los grandes santos eran, todos, grandes polarizadores, si me permiten la expresión. Ciertamente, no buscaban el enfrentamiento por el enfrentamiento, y a todos querían llevar el mensaje de la Salvación. Pero ese empeño suyo era, precisamente, lo que generaba polarización. Porque el Evangelio es, exactamente, eso: «El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama», establece Cristo en Mateo, 12, 30; «no penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre», sentencia en Mateo 10, 34.

La conclusión creo que es sencilla: cuando uno está con Cristo y su Evangelio, polariza. Es inevitable. Y no es malo. Al contrario: es muy, muy bueno. Es, de hecho, lo que debe ser. ¡Bendita polarización, entonces! Es señal de autenticidad. Evidentemente, cada uno tendrá que discernir si está actuando conforme a lo que Dios quiere de él o no. ¿Que hay creyentes que convierten la fe en ideología y, desde ahí, condenan a los demás? Sin duda. De uno y otro bando, si se puede hablar así. Pero esos, entonces, no están cumpliendo la premisa de estar con Cristo y su Evangelio. Están en su batalla, en su ideología, alejados de lo que Dios quiere de ellos, aunque digan actuar en su nombre.

El mensaje de Cristo, hemos dicho, polariza: incomoda, sacude, desbarata, inquieta, derriba, descoloca, demuele, zarandea, estremece. El Señor quiere atraer a todos a sí, pero el hombre viejo se resiste con uñas y dientes. La polarización no está afuera, en los otros, sino en cada uno de nosotros. Cuando me resisto al Señor, me alejo de la fuente de la paz, que es Él. Cuando me vuelvo con humildad a Él, Él me colma. Y eso, inexorablemente, provocará una ruptura con el mundo, algo de lo que ya nos advirtió hace dos mil años. Aunque algunos parezcan descubrir ahora la polarización...