El momento que no esperaba Pietro Sarubbi (derecha) es que al mirar a Jim Caviezel (izquierda) su vida cambiaría
Cuando Jim Caviezel miró al actor que interpretaba a Barrabás y cómo este se convirtió al catolicismo
El último personaje que Pietro Sarubbi quería interpretar en la película de Mel Gibson era el de un bandido como Barrabás. Poco después se convertiría en el papel más importante de su vida
En el cine abundan interpretaciones brillantes, actores míticos y escenas que se vuelven inolvidables. Sin embargo, son contadas las ocasiones en que un rodaje deja una huella tan profunda que termina cambiando la vida de quienes participan en él. Eso fue exactamente lo que ocurrió durante la filmación de La Pasión de Cristo (2004), el proyecto personal de Mel Gibson que, contra todo pronóstico, no solo terminó convirtiéndose en la película por antonomasia de la Semana Santa, sino en un auténtico éxito de taquilla que aún prevalece. Uno de los protagonistas 'involuntarios' de esa transformación fue Pietro Sarubbi, el actor italiano que encarnó a Barrabás. Paradójicamente, era el último papel que él deseaba interpretar.
Sarubbi, actor de larga trayectoria teatral, acudió al proyecto soñando con ser elegido para interpretar al apóstol Pedro. Tampoco era cristiano, buscaba caché: un personaje más largo, más peso en pantalla, más ingresos. Le presentaron a Mel Gibson, quien lo conoció en Roma. En una entrevista con Avvenire, Sarubbi comenta que «casi al final, me pregunta si alguna vez he actuado en latín. Nunca lo he hecho, pero ¿cómo decirle que no a Gibson? Así que le digo que 'por supuesto'. Y él dice: '¡Bien! Déjame oír algo'. Con la osadía que da el apuro, empiezo a recitar una de esas versiones en latín que se estudian en el instituto y, cuando me falla la memoria, acabo algunas palabras con -us y -um al azar». Gibson, emocionado, lo incluye en el casting como Barrabás. Un sacerdote, al fondo, observó la entrevista y sabía que Sarubbi se estaba inventando vocablos. «El sacerdote se apiada de mí y no dice nada... Así que consigo ese papel», sentencia. Lo mejor estaba por llegar.
La carrera y la vida de Pietro Sarubbi dieron un giro de 180 grados tras actuar para Gibson
Sarubbi explica que Mel Gibson tenía otros planes: «Había elegido a los actores basándose en su parecido con los personajes retratados en los cuadros de Caravaggio y otros pintores». Y así, Sarubbi no interpretó al apóstol Pedro, sino a un reo que fue elegido por el pueblo para ser liberado. El Evangelio de Juan dice que «el tal Barrabás era un bandido» (Jn 18,40), Lucas declara que «había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio» (Lc 23,19) y Mateo lo considera alguien famoso (Mt 27,16). Por todo esto, se ha interpretado que era el líder de una facción sediciosa.
Antes de rodar la escena en la que Barrabás y Jesús se encuentran ante la multitud, Gibson dio a Sarubbi una instrucción muy precisa: no debía mirar a Jim Caviezel —el actor que interpretaba a Cristo— hasta el instante exacto en que las cámaras estuvieran grabando. «Barrabás es como un perro rabioso, pero al cruzarse con Jesús se vuelve un cachorro», le explicó el director. «Quiero que tu mirada sea la de alguien que ve por primera vez al Hijo de Dios». Sarubbi cumplió. Y lo que ocurrió después lo desbordó por completo.
Barrabás en un dibujo del libro 'La Biblia y su historia enseñada por medio de mil lecciones ilustradas'
No le vio, le miró
Cuando finalmente levantó la vista en pleno rodaje y sus ojos coincidieron con los de Jim Caviezel, sintió —en sus palabras— «una corriente», algo imposible de comparar con ninguna experiencia previa en su carrera. «Era como mirar realmente a Jesús», recordaría más tarde. «Durante el rodaje, me convertí», se sincera. No fue el único en vivir un cambio interior, pero en él la sacudida fue radical.
La conversión de Sarubbi no surgió de la nada. El actor llevaba años inmerso en una búsqueda espiritual que lo había llevado de un extremo al otro del mundo: entrenó artes marciales en un monasterio Shaolín, pasó seis meses en silencio en un monasterio tibetano, practicó meditación y mindfulness en la India, vivió entre comunidades amazónicas. Se sentía vacío. Todo ese recorrido, asegura, culminó en esa mirada fugaz ante una cámara: «La meta la alcancé con Jesús».
Mel Gibson les hizo repetir más de 50 veces las miradas entre Jesús, condenado, y él, liberado
Una mirada que lo marcó para siempre
22 años después del estreno de La Pasión de Cristo, ya con 64, Sarubbi sigue tratando de vivir a la altura de ese momento: «Hago todo lo posible por que esos ojos sigan siendo importantes para mí. Mi familia es lo primero de todo, y también hago de payaso para niños huérfanos. Por otro lado, está mi trabajo: enseño a manejarse en público a ejecutivos, enseño en varias escuelas para actores… Utilizo lo que llamo el método del guerrero, el sacerdote y el payaso: en la vida hay que ser fuerte y honesto, espiritual y bromista. Un hombre armónico y justo es también un actor justo», revela.
Los ojos de Jesús —los de Caviezel, pero para él algo más que un personaje— no expresaban odio ni rencor, sino una misericordia «capaz de ablandar el corazón más endurecido», concluye. Aquel día, durante una escena que duró apenas unos segundos, Sarubbi siguió siendo el mismo Barrabás por fuera. Pero por dentro, había sido conquistado por Cristo.