Cristo llevado y presentado ante el procurador Poncio Pilato. Óleo de Mihály Munkácsy
Semana Santa
Así gobernó Poncio Pilato en Judea, el prefecto que llevó a Jesús a la cruz
Es de sobra conocido el pasaje del Evangelio en el que Pilato, gobernador de Judea, se desentiende de la suerte de Jesús de Nazaret. Sin embargo, ¿qué información histórica tenemos sobre él?
Poncio Pilato fue un miembro del orden ecuestre o los equites, ciudadanos romanos de clase media alta, de menor rango que los patricios y senadores. Fue el quinto prefecto de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36. Aunque algunas fuentes se refieren a él como procurator, una inscripción hallada en 1961 en los restos del teatro de Cesarea (cerca de Tel Aviv) confirma que el título que usó fue el de praefectus.
Los evangelios apócrifos dan algunos datos sobre él, como el nombre de su esposa, Claudia Prócula, considerada santa en algunas Iglesias ortodoxas, pero lo cierto es que no se sabe nada seguro sobre los lugares de nacimiento y muerte de Pilato, cuyo rastro se pierde cuando fue destituido del cargo y regresó a Roma.
«El sueño de la esposa de Pilato». Grabado de Alphonse François (1814-1888) según Gustave Doré
El primer historiador en escribir sobre él fue el judío helenístico Filón de Alejandría, que no tuvo precisamente buena opinión de él. Describe al prefecto como un hombre «de carácter inflexible y duro, sin ninguna consideración», y destaca que su gobierno estuvo plagado de «corruptibilidad, robos, violencias, ofensas, brutalidades, condenas continuas sin proceso previo y una crueldad sin límites».
El segundo historiador que documenta la vida de Poncio Pilato, Flavio Josefo, no nos deja un retrato mucho más halagüeño. Josefo nació como Yosef ben Matityahu y escribió a finales del siglo I. Luchó contra los romanos durante la primera guerra judeo-romana, hasta que se rindió a las tropas del general Vespasiano.
Para congraciarse con el vencedor, Josefo afirmó que las profecías mesiánicas se referían en realidad a Vespasiano, que llegaría a ser emperador del Imperio. El general decidió mantener a Josefo como esclavo, y probablemente como cronista e intérprete.
Cuando el vaticinio se cumplió y Vespasiano se convirtió en el primer emperador de la dinastía Flavia, otorgó la libertad y la ciudadanía romana a Flavio Josefo, que había tomado el apellido de la dinastía de su protector.
¿Y qué nos cuenta este judío romano sobre Pilato? Al parecer, tuvo muy mal comienzo como gobernador: colocó los estandartes romanos en un cuartel frente al Templo de Jerusalén, con lo que los judíos interpretaron que les estaban obligando a adorar los símbolos del poder de Roma.
Exigieron que fueran retirados, pero el prefecto no iba a ceder a las demandas de un pueblo ocupado, así que les amenazó con ejecutarles si no cesaban las protestas. Pilato infravaloró el celo monoteísta de los judíos, que incluso ofrecieron sus cuellos para demostrar que preferían el martirio a la idolatría. El prefecto tuvo que rectificar, dado el coste político que habría tenido ejecutarlos a todos.
Pilato. Obra de Duccio
No fue el único escándalo que Pilato enfrentó con la clase sacerdotal. Solicitó fondos al Sanedrín, la asamblea de rabinos del Templo, para construir un acueducto, pero estos se negaron por ser oro sagrado. Finalmente cedieron para evitar una subida impopular de impuestos, con la condición de que se ocultara el origen del dinero. Aun así, la verdad se descubrió y dio lugar a disturbios, que esta vez sí fueron sofocados con brutalidad.
Otra violenta represión fue la gota que colmó el vaso: Pilato fue responsable de una matanza de samaritanos, a los que había reunido para obligarles a revelar la localización de los tesoros sagrados que supuestamente había escondido Moisés en el monte Guerizim. Los samaritanos se quejaron a Vitelio, por entonces gobernador de Siria y superior jerárquico de Pilato, que destituyó al impopular prefecto y lo mandó de vuelta a Roma.
El gesto de «lavarse las manos» de Poncio Pilato, en el Evangelio de Mateo, se ha convertido en un sinónimo de cobardía e indiferencia, sobre todo en política. Por ejemplo, en el siglo XX, el escritor ruso Bulgákov lo retrató como un personaje cruel pero complejo, refiriéndose alegóricamente a quienes miraron hacia otro lado ante los crímenes del estalinismo. Sin embargo, esta visión no es universal: la Iglesia copta ortodoxa y la Iglesia ortodoxa etíope lo veneran como santo y mártir, basándose en evangelios apócrifos que narran su arrepentimiento.