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El rey Persa Sapor I usando al Emperador Romano Valeriano capturado como escabel

El rey Persa Sapor I usando al Emperador Romano Valeriano capturado como escabel

Valeriano, el emperador romano que habría terminado sus días como reposapiés de un rey persa

«Él, habiendo sido hecho prisionero por los persas, perdió no solo el poder que había ejercido sin moderación, sino también la libertad de la que había privado a otros; y malgastó el resto de sus días en la más vil condición de esclavitud», relata Lactancio

Valeriano, un anciano comandante militar romano y antiguo senador experimentado, fue proclamado emperador del Imperio romano por sus tropas. Gobernó desde el 253 d. C. hasta su captura por el rey sasánida Sapor I en el 260 d. C. Se dice que heredó un imperio inmerso en la crisis del siglo III, con demasiados frentes abiertos.

En el norte, los godos estaban realizando importantes incursiones en el territorio romano, llegando a entrar en los Balcanes e incluso a amenazar Anatolia. En el oeste, las tribus germánicas fueron capaces de realizar incursiones en la Galia. Pero la mayor amenaza se acercaba por el este.

El Imperio sasánida, bajo el mando de Sapor I, se lanzó a realizar una de sus campañas de expansión más agresivas contra el territorio romano. De esta forma logró capturar varias ciudades importantes, como Antioquía, la tercera ciudad más grande del Imperio romano.

Miniatura de Sapor y Valeriano en la 'Épica de los reyes'

Miniatura de Sapor y Valeriano en la 'Épica de los reyes'

Ante esta crisis, Valeriano tomó la decisión de dividir el poder y nombrar a su hijo Publio Licinio Egnacio Galieno coemperador, enviándole a la zona occidental del Imperio mientras él se dirigía al este con sus hombres. Hacia el año 254 llegó a Antioquía con sus legiones para restaurar el control perdido. Durante los siguientes años, «la suerte osciló entre ambos bandos cuando los ejércitos entablaron batalla, aunque al final Valeriano hizo retroceder a Sapor hacia Mesopotamia», indica Stephen Dando-Collins en Legiones de Roma.

Sin embargo, el ejército de Valeriano fue diezmado allí por la peste. El golpe final para el emperador romano fue la batalla de Edesa. «Hasta cuarenta mil soldados de Valeriano perecieron o fueron hechos prisioneros», relata Dando-Collins.

Por su parte, el historiador y profesor de Historia Antigua y Medieval en el Lincoln College Donald L. Wasson explica que «después de una devastadora derrota en la batalla de Edesa, el emperador decidió negociar un tratado de paz con el rey persa. En el año 260 d. C., junto con su personal general, incluido el comandante pretoriano, Valeriano se reunió con Sapor para discutir los términos, pero la reunión se convirtió en una trampa».

Relieve que representa la victoria de Shapur I sobre el emperador romano Valeriano en Edesa, 260 d.C

Relieve que representa la victoria de Shapur I sobre el emperador romano Valeriano en Edesa, 260 d.C

El emperador Valeriano fue capturado vivo, «un hecho insólito en la historia de Roma y una de las mayores humillaciones militares en la historia del Imperio», considera Jorge Pisa Sánchez en su obra Breve historia de los persas.

«Según algunos relatos —comenta Wasson—, el emperador romano pasaría el resto de su vida en Persia como prisionero y esclavo, arrastrando cadenas y obligado a agacharse para que Sapor pudiera pisar su espalda para montar su caballo».

Las fuentes antiguas, especialmente las cristianas, presentaron a Sapor como un vencedor cruel. Tras tomar prisionero a Valeriano, lo habría mostrado como trofeo y se habría deleitado humillándolo regularmente. El escritor Lactancio, del siglo IV, describe su captura de esta forma:

«Él, habiendo sido hecho prisionero por los persas, perdió no solo el poder que había ejercido sin moderación, sino también la libertad de la que había privado a otros; y malgastó el resto de sus días en la más vil condición de esclavitud: pues Sapor, el rey de los persas, que lo había hecho prisionero, cada vez que quería subir a su carruaje o montar a caballo, ordenaba al romano que se inclinara y presentara su espalda; luego, poniendo su pie sobre los hombros de Valeriano, decía, con una sonrisa de reproche: 'Esto es verdad, y no lo que los romanos dibujan en tablas o yeso'. Valeriano vivió durante un tiempo considerable bajo los merecidos insultos de su conquistador, de modo que el nombre romano siguió siendo durante mucho tiempo objeto de burla y escarnio de los bárbaros».

El emperador Valeriano, cautivo del rey persa Sapor I

El emperador Valeriano, cautivo del rey persa Sapor I

El relato de Lactancio va aún más lejos. Si este castigo no era suficiente humillación, Valeriano habría sido sometido a un final mucho más cruel: «Después, cuando terminó esta vida vergonzosa bajo tan gran deshonra, fue desollado, y su piel, separada de la carne, fue teñida con bermellón y colocada en el templo de los dioses de los bárbaros, para que se perpetuara el recuerdo de un triunfo tan notable y para que este espectáculo se mostrara siempre a nuestros embajadores, como advertencia a los romanos de que, al contemplar el botín de su emperador cautivo en un templo persa, no debían confiar demasiado en su propia fuerza».

Más allá de que los detalles de su cautiverio fueran o no adornados por fuentes posteriores, el hecho de que un emperador de Roma fuera capturado con vida por sus enemigos supuso una humillación sin precedentes que, con el paso del tiempo, simbolizó la vulnerabilidad de Roma durante la crisis del siglo III.

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