La Policía israelí ha impedido esta mañana la entrada de los fieles a la basílica, y estos se congregaron en las inmediaciones con palmas, cruces y velas. Algunos de ellos expresaron su tristeza y frustración por no poder participar en una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano.
«Es realmente muy difícil querer venir a rezar y no poner», dijo a Efe Cristina Toderas, de 44 años, residente en Jerusalén y originaria de Rumanía. «Fuera de la Ciudad Vieja, las iglesias están abiertas. (...) Y para nosotros, ¿por qué está cerrada?», se lamentó.