Yolanda emigró hace 6 años de Cuba, ahora espera poder ver al Papa
Yolanda, una de las inmigrantes que espera conocer al Papa en Canarias: «En Cuba no puedes hablar, todo está prohibido»
Su historia está marcada no solo por la dureza de la migración y la pobreza laboral, sino también por el miedo y la represión política que, asegura, vivió durante décadas en Cuba
Yolanda llegó a Gran Canaria hace seis años buscando una oportunidad de vida digna junto a su familia. Hoy, superados los 60 años, esta mujer cubana continúa trabajando en condiciones extremadamente duras como empleada del hogar, muchas veces en la economía sumergida y sin estabilidad laboral. Lo hace pese a contar con estudios superiores cursados en Cuba, títulos que nunca pudieron ser homologados en España debido a las leyes del país caribeño.
Durante años ha trabajado incluso como interna, soportando jornadas interminables y una situación de precariedad que también ha afectado a su esposo. Ambos han intentado salir adelante lejos de su país de origen, acompañados en este proceso por el Área de Empleo de Cáritas Diocesana de Canarias.
«En Cuba no puedes hablar», relata con contundencia. «Todo está prohibido. Allí nadie puede decir ‘me voy’ y marcharse libremente. Si hablas demasiado o criticas, después no te dejan volver».
La mujer explica que pudo salir del país gracias a las leyes españolas de descendientes, ya que tanto ella como su esposo tienen raíces familiares canarias y gallegas. «No fue porque yo quisiera irme de Cuba de cualquier manera. Allí eso no funciona así», afirma.
En su testimonio denuncia además la falta de libertades políticas y cuestiona el sistema electoral cubano, al que califica como «un circo». «Dicen que hay elecciones, pero todo sigue siendo la misma dictadura», sostiene, en referencia al control político ejercido históricamente por el régimen instaurado tras la revolución cubana.
Aun así, conserva pequeños sueños personales que la conectan con la esperanza. Recuerda que de muy joven tuvo la suerte de ver a un Papa en persona pero apenas lo recuerda. Y ahora, después de toda una vida marcada por la dificultad y el exilio, asegura emocionada que espera poder cumplir ese deseo cuando el Papa visite España.