El Papa Benedicto XVI, durante la misa de clausura de la JMJ de 2011
La profética advertencia sobre «persecución y dificultades» que Benedicto XVI hizo ante Juan Carlos I
En la última visita de un Papa a nuestro país, el entonces sucesor de Pedro alertó a su llegada de las «tensiones y choques abiertos» que hacían «mirar el futuro con preocupación»
Contrariamente a lo que la imaginación popular suele considerar, en el argot propio de la Iglesia católica los mensajes «proféticos» no son aquellos que adivinan el futuro, sino los que se dan en nombre de Dios.
Sin embargo, en ocasiones, algunas de estas admoniciones resultan tan clarividentes que casi permiten adelantarse a lo que está por llegar.
Eso es exactamente lo que podría decirse que hizo el último Sucesor de Pedro que pisó nuestro país. Un acontecimiento que se produjo en 2011, durante la Jornada Mundial de la Juventud que acogió Madrid, y con Benedicto XVI como protagonista... y el entonces Rey, Juan Carlos I, como testigo directo y receptor de sus palabras.
Con un detalle importante: en ese momento, durante los mismos días que se celebraba la JMJ, la Puerta del Sol de Madrid aún era escenario de la acampada del 15-M –tolerada por el entonces Ministro de Interior del Gobierno de Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba–, de la que nacería el actual panorama de reparto político.
A pocas horas de que el nuevo Pontífice vuelva a pisar el suelo de nuestro país, aquella advertencia de Benedicto XVI pronunciada en sus primeras palabras ante el Jefe del Estado resulta especialmente iluminadora.
«Miran con preocupación el futuro»
Durante la ceremonia de bienvenida que se celebró en el aeropuerto de Barajas, el entonces Papa se refirió a esas nuevas generaciones de españoles, «que tienen realmente un futuro por delante y no temen los compromisos decisivos que llenan toda la vida. Pero, ciertamente, no faltan dificultades».
Y, a renglón seguido, realizó una advertencia ante el Rey, que podría suscribir dentro de pocas horas León XIV como de plena actualidad: «Subsisten tensiones y choques abiertos en muchos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respeta como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor».
El Papa Benedicto XVI, ante los reyes Juan Carlos I y la reina Sofía, en la JMJ de Madrid en 2011
Además, en clave más doméstica, con una clara alusión a España, añadía: «Muchos jóvenes, además, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevención para no caer en la red de la adicción, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en la droga».
«Discriminación y persecución larvada»
También quiso hacer referencia al martirio, cruento e incruento, que muchos cristianos padecían e iban a seguir padeciendo en diferentes lugares del mundo.
De hecho, en aquella misma JMJ, sólo unas horas después de sus palabras, darían la vuelta al mundo las imágenes de acoso de radicales de izquierdas, muchos de ellos adultos o del mundo del espectáculo como el ya fallecido activista LGTB Shangay Lilly, contra jóvenes y adolescentes católicos en plena calle.
«No pocos –seguía alertando el Papa– por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y a la persecución, abierta o larvada, que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre».
Y ya cambiando el destinatario de sus palabras, comenzó a dirigirse a los jóvenes para volver a decirles: «Con todas las fuerzas de mi corazón, que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor. Él no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y así nos ha salvado».
España, evangelizadora «por todos los rincones del orbe»
Para concluir ante el monarca, el Pontífice reconocía su «admiración por un país tan rico de historia y cultura, por la vitalidad de su fe, que ha fructificado en tantos santos y santas de todas las épocas, en numerosos hombres y mujeres que, dejando su tierra, han llevado el Evangelio por todos los rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas en todo su territorio».
«Aunque haya actualmente motivos de preocupación, mayor es el afán de superación de los españoles, con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas raíces cristianas»
Y apuntaba que la herencia cristiana de España «es un gran tesoro que, ciertamente, vale la pena cuidar con actitud constructiva, para el bien común de hoy y para ofrecer un horizonte luminoso al porvenir de las nuevas generaciones».
Y concluía: «Aunque haya actualmente motivos de preocupación, mayor es el afán de superación de los españoles, con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas raíces cristianas, muy fecundas a lo largo de los siglos».
Los actuales herederos de quienes escucharon aquellas palabras proféticas tendrán ocasión de demostrar hasta qué punto cayeron, como dice la parábola evangélica, «en tierra buena».