El silencio que rompe la espiral
Las palabras del Papa León XIV han hablado. Han hablado de cómo los jóvenes pueden cambiar la historia
Fieles asisten a la Vigilia de Oración con jóvenes presidida por el Papa León XIV
Las crónicas de una visita como la del Papa León XIV a España arrancan siempre, como es natural, con sus palabras más destacadas. Y, sin embargo, en los multitudinarios eventos celebrados en los primeros días de este viaje apostólico son los silencios los que han hablado con elocuente y rotunda voz: han hablado de una sociedad que vive su fe sin tapujos, una sociedad que se ha cansado de las etiquetas que la posmodernidad le ha impuesto y que se decanta por hablar con Cristo, en oración, en adoración, para romper esa espiral del silencio que ha condenado por mucho tiempo a los católicos al ostracismo.
Las palabras del Papa León XIV han hablado. Han hablado de cómo los jóvenes pueden cambiar la historia. Han hablado de cómo cada uno de nosotros podemos construir una sociedad más justa. Han hablado de la verdad, de la necesidad de ser humanos. Han hablado de poner a Cristo en el centro.
León XIV acoge a un niño antes de llegar a la misa de ayer domingo en Cibeles
Pero más elocuentes que las palabras han sido los silencios. Los silencios en la vigilia de los jóvenes en la Plaza de Lima, ante Jesús sacramentado, de más de medio millón de personas arrodilladas sobre el duro asfalto, con la mirada clavada en una pantalla que tenía a Dios (no al Papa) como principal protagonista. Los silencios en la celebración de la Santa Misa y la posterior procesión del Corpus Christi en una Plaza de Cibeles desbordada con más de un millón de personas. Todas ellas con el corazón puesto en la custodia que León XIV ha portado por las calles de Madrid. Esos silencios hablan a gritos de un cambio de época.
Que hay un resurgir de la religiosidad y una búsqueda constante de la verdad es un hecho irrefutable que tiene sus signos visibles en algunos cantantes, unas cuantas películas y series y un buen número de famosos que hacen profesión pública de su fe. También en el lleno total de las valiosísimas propuestas de primer anuncio, esa evangelización tan necesaria en unas periferias de la fe que ya no se encuentran en lejanos continentes sino al otro lado del descansillo de nuestra escalera. Y las cifras que, sin cocina del CIS, empiezan a confirmar el relato con el dato para mostrar ese 45 % de jóvenes que se declaran religiosos.
León XIV saluda desde el papamóvil a su llegada para oficiar la Santa Misa en la Plaza de Cibeles
Y lo que el Papa León XIV ha logrado estos días en Madrid no ha sido sólo un baño de masas comparable al de cualquier artista que llena estadios, ni tan siquiera una colección de discursos perfectamente trabados tanto por lo que se decía como por lo que no se decía, sino la silenciosa unidad en oración de más de millón y medio de personas en vivo y en directo y decenas de millones al otro lado de las pantallas de sus televisiones. En el silencio de la oración, el Papa ha logrado romper la espiral del silencio de los católicos.
Pero lo ha hecho a la manera del Papa de la paz: sin sembrar cizaña, sin generar una ruptura entre nosotros y los otros, con una constante apelación al encuentro, al diálogo, a una vivencia de la fe que evite toda forma de confrontación. Una confrontación que vive en el interior de cada uno, y no sólo en las instituciones políticas, a las que también se refirió en estos días. Una confrontación que no puede ser cristiana si no pone el prójimo en lugar preferencial.
Y después de ese atronador silencio que nos saca de nuestra espiral, nos ha dejado tareas muy claras: que cambiemos la historia, que construyamos la sociedad, y que lo hagamos sobre la fuerza de la oración, del silencio, de la mirada puesta en Cristo, sin olvidarnos de que no estamos solos, que hubo un día en el que, en mitad de una ciudad abarrotada de gente, sólo se escuchaba, de manera nítida y retunda, la voz de Dios en cada corazón.