Fundado en 1910

El ascua del Papa y las sardinas de la desinformación

El ascua del Papa irradia una luz que nadie puede apagar, porque no es la suya, por brillante orador que sea, por cierto, en perfecto castellano, sino la de Cristo al que representa como vicario en la tierra

El papa León XIV, acompañado por la presidenta del Congreso, Francina Armengol (i), y el presidente del Senado, Pedro Rollán (d), es ovacionado tras el esperado e histórico discurso que el Sumo Pontífice ha pronunciado en el Congreso

El Papa León XIV, acompañado por la presidenta del Congreso, Francina Armengol (i), y el presidente del Senado, Pedro Rollán (d), es ovacionado tras su discurso en el CongresoEFE

Cada uno titula como le da la realísima gana. Faltaría más. Y en un discurso como el pronunciado por el Papa León XIV en el Parlamento, reunidas las dos cámaras de la soberanía nacional (que no ‘popular’, por mucho que Armengol se empeñe), caben muchos titulares. Los periodistas tenemos por costumbre arrimar el ascua a la sardina que más nos interesa y destacar en esas preciadas y escasas palabras lo que más se aproxima a nuestra línea editorial, a la de nuestro público, o a la dictadura del algoritmo, que ahora manda mucho.

Por eso no puedo dejar de compartir con mis queridos lectores un sucedido tras la alocución del Santo Padre ante el terrenal poder Ejecutivo y Legislativo reunidos casi todos ellos (decidieron faltar Podemos y BNG) y casi unánimes en su largo aplauso. El más importante periódico de los que llevan meses entrenando en la ardua disciplina de la «opinión sincronizada» publicó, por unos segundos, un titular que recogía la esperada defensa del Papa del derecho a la vida: «El Papa lanza un mensaje contra el aborto y la eutanasia: 'Toda vida debe ser reconocida y custodiada'».

El Papa León XIV durante el discurso que el Sumo Pontífice ha pronunciado en el Congreso de los Diputados, este lunes

El Papa León XIV durante el discurso que el Sumo Pontífice ha pronunciado en el Congreso de los Diputados, este lunesEFE

Claro y contundente. Me sorprendió tanto que tuve la suerte de capturar ese momento único. Quien fuera que estuviera detrás del teclado, se había dado cuenta de que, aunque había otras sardinas a las que arrimar el ascua más del gusto de su público, como el obligado cuidado a los inmigrantes o la somera mención al cambio climático, aquella sardina de la defensa de la vida era el nudo gordiano del discurso porque, como se preguntó León XIV, «¿puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?»

Fue sólo un espejismo. Unos instantes después, desconozco si tras la relectura del texto y la peligrosa autocensura o la llamada iracunda de alguien de más arriba, las controvertidas leyes del aborto y la eutanasia, aspecto clave para que millones de ciudadano se decanten por una u otra papeleta al ejercer su derecho al voto, desaparecían de la portada sustituidas por un mucho más afín «El Papa reprocha en el Congreso la ‘descalificación’ política y la discriminación de los inmigrantes». Titular que no es menos cierto que el anterior. Pasado sólo un rato, el escenario de la portada viró porque el Papa había llamado «plaga» a los abusos en el seno de la Iglesia, tema en el que el periódico se ha involucrado desde hace meses y con el que tiene garantizados los clics.

Acostumbro a hablarles a mis alumnos del verdadero valor de la libertad de expresión que es garantía de nuestra democracia y condición sine qua non de nuestro Estado de derecho. Y siempre les explico que no deben agobiarse por que cada medio se aproxime a los mismos hechos desde diferentes planteamientos. Eso se llama libertad y lo contrario es la monocromática gama de portadas de lugares tan poco recomendables como Corea del Norte.

También les digo que, aunque a veces el mundo no es justo y la desinformación, que no es tanto mentir como dar sólo la parte interesada de información (vamos, arrimar el ascua a una sardina y dejar crudas las demás), se nos cuela muchas veces por las rendijas, la realidad es muy tozuda y, en un país como el nuestro, es prácticamente imposible no enterarse de que otros titularon de distinta manera. Así que no hay que preocuparse demasiado por los titulares sincronizados.

El Papa León XIV es ovacionado tras el esperado e histórico discurso que el Sumo Pontífice ha pronunciado en el Congreso

El Papa León XIV es ovacionado tras el esperado e histórico discurso que el Sumo Pontífice ha pronunciado en el CongresoEFE

Además, el ascua del Papa irradia una luz que nadie puede apagar, porque no es la suya, por brillante orador que sea, por cierto, en perfecto castellano, sino la de Cristo al que representa como vicario en la tierra. Así que los mundanales empeños de unos y otros por elegir la sardina más conveniente ya van a servir de muy poco porque el mensaje de León XIV y el de la Iglesia a la que representa ha calado ya en todos nosotros: renovación moral, convivencia social y, por encima de todo, dignidad de la persona.

  • María Solano Altaba es profesora en la Universidad CEU San Pablo.
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas