El Papa León XIV durante la oración y homenaje a la Virgen de la Almudena, en la Catedral de Santa María de la Almudena
¿Por qué León XIV le dio una Rosa de Oro a La Almudena y no se la dará a la Virgen de Montserrat?
Sólo cuatro advocaciones marianas en España, y una treintena en todo el mundo, tienen esta distinción que muestra el especial afecto de un Pontífice
Cuando León XIV depositó la Rosa de Oro a los pies de la Virgen de la Almudena, en el que ha sido hasta el momento el acto más íntimo y recogido de su paso por España, el Pontífice no estaba realizando simplemente un gesto protocolario.
Estaba incorporando a la patrona de Madrid a una de las tradiciones más antiguas y con mayor peso del papado; una distinción que durante siglos estuvo reservada a reyes, reinas y personalidades destacadas de la cristiandad y que hoy se concede casi de forma exclusiva a santuarios y advocaciones marianas de especial relevancia.
La tradición de la Rosa de Oro hunde sus raíces en el siglo XI, cuando fue institucionalizada por el Papa León IX en 1049. Y consiste en la entrega de una rosa –hoy convertida en una elaborada pieza de orfebrería– que el Sucesor de Pedro bendice tradicionalmente en torno al Domingo Laetare, el cuarto domingo de Cuaresma.
Históricamente, simboliza la alegría de Cristo resucitado y el afecto particular del Papa hacia quien la recibe, aunque con los años ha ido derivando sólo hacia una muestra del cariño del Papa por la Virgen, llamada «Rosa mística» y «Casa de Oro» en las letanías laurentanas del Rosario.
Sólo cuatro Rosas de Oro en España
Con la concesión realizada por León XIV, la Almudena se convierte en la cuarta advocación mariana española que recibe esta distinción pontificia.
La primera fue Nuestra Señora de la Cabeza, patrona de la diócesis de Jaén, que recibió la Rosa de Oro de manos de Benedicto XVI en 2009.
También una advocación de la Virgen María propia de Andalucía, María Santísima de la Esperanza Macarena –una de las imágenes más queridas de la Semana Santa sevillana– recibiría la Rosa de Oro en 2024, otorgada entonces por el Papa Francisco.
A este selecto «club de la Rosa de Oro» se había añadido un año antes, en 2023, una advocación española que explica por qué ahora el Papa León XIV no ha podido entregársela a Nuestra Señora de Montserrat, cuyo santuario forma parte de su visita a España: la popular Moreneta catalana ya había sido distinguida de este modo por el Pontífice argentino.
Así, con el acto del pasado lunes, la Virgen de la Almudena pasa a formar parte de un grupo extraordinariamente reducido de devociones marianas españolas vinculadas de manera especial al Sucesor de Pedro, aunque sólo la patrona de Madrid la ha recibido, directamente, de manos del Papa.
De Fátima a Guadalupe: una distinción universal
Las cuatro advocaciones marianas con la Rosa de Oro forman parte de la treintena de santuarios marianos que en todo el mundo han recibido por parte de algún Papa esta muestra de cariño filial.
Entre ellos destacan Santuario de Fátima, que ha recibido varias Rosas de Oro; la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, corazón espiritual de América y el santuario que recibe un mayor número de peregrinos del mundo; el Santuario Nacional de Aparecida, en Brasil, el centro de peregrinación católica más grande del continente; el santuario de Lourdes; el monasterio de Jasna Góra y la Virgen de Czestochowa, en Polonia; o la venerada imagen de la Salus Populi Romani, en la Ciudad Eterna, atribuida originalmente al evangelista san Lucas.
La lista supera ampliamente la treintena de santuarios e imágenes repartidos por Europa, América, Asia y Oriente Medio, desde Irlanda hasta Filipinas, pasando por Cuba, República Dominicana, Venezuela, Malta o el Líbano.
El vínculo de los hijos con su Madre
Más allá de su valor artístico, la Rosa de Oro expresa algo profundamente eclesial: la cercanía del Sucesor de Pedro a una advocación concreta y, por tanto, a los millones de fieles que acuden a ella.
No supone una coronación, ni un privilegio doctrinal, sino un modo de reconocer la importancia espiritual que esa concreta advocación ha adquirido para el pueblo cristiano, como hijos que se reúnen en torno a su Madre.
¿Y Covadonga y su Rosa de Oro?
La talla actual que se venera en la Santa Cueva porta una rosa dorada en la mano, y parece ser que también lo hacía la talla del siglo XIII, destruida en un incendio en 1777 y cuya imagen gemela –conservada hoy en la parroquia burgalesa de Cillaperalta– tenía la mano en posición de sostener una.
Sin embargo, la rosa de orfebrería que tiene actualmente la Santina no es de oro, sino de plata dorada, y fue donada en 1939, tras la Guerra Civil, por la Institución Teresiana. Tiene, de hecho, tantos pétalos como casas tenía en el mundo la institución en aquel momento. ¿Y por qué podría figurar en ella? Porque san Juan Pablo II, en su histórica visita al Santuario en 1989, sí entregó a la Virgen un Rosario de oro y nácar (porque ya tenía la rosa de 1939), que le pusieron a la Santina y que, actualmente, se exhibe en el Museo.