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"Las tres azucenas" del carmelo de Guadalajara

«Las Tres Azucenas» del carmelo de Guadalajara

Hoy se cumplen 90 años del asesinato de «Las Tres Azucenas», las primeras mártires de 1936 en ser beatificadas

«Los mártires en el cielo tendrán particular amor a sus verdugos, por la gran felicidad que les proporcionaron», repetían las carmelitas, que murieron perdonando a sus asesinos

«Si nos llevan al martirio iremos cantando 'Corazón Santo, tú reinarás'», decía Mª Pilar con una naturalidad pasmosa. «Yo desearía morir al grito de ¡Viva Cristo Rey!», contestaba Teresa, y agregaba: «Los mártires en el cielo tendrán particular amor a sus verdugos, por la gran felicidad que les proporcionaron». M.ª Ángeles se sumaba a la conversación y observaba: «¡El martirio! ¡Qué dicha tan grande! Pero no soy digna de esa gracia. Hay que alcanzarla con la fidelidad en las cosas pequeñas». La sorprendente conversación se desarrolló en Guadalajara pocos días antes de que María Pilar, María de los Ángeles y Teresa del Niño Jesús –«Las Tres Azucenas», como se las ha llamado posteriormente– cayeran acribilladas por las balas de los milicianos. Era el 24 de julio de 1936. La Guerra Civil había comenzado apenas seis días atrás, y dejaría todavía un reguero de más de 7.000 sacerdotes y monjas que serían asesinados por odio a la fe.

Hoy viernes, la diócesis de Sigüenza-Guadalajara celebra la fiesta de las Beatas Mártires Carmelitas, asesinadas in odium fidei tal día como hoy hace 90 años. Tres días después, el 27 de julio de 1936, el obispo de la diócesis castellanomanchega, monseñor Eustaquio Nieto Martín, corría la misma suerte que las religiosas. El prelado fue arrojado con vida desde un coche en marcha, rematado a balazos en una cuneta y, su cadáver, quemado.

Varias décadas después, otro Papa que había sufrido la represión de los dos grandes totalitarismos del siglo XX, el comunista y el nacionalsocialista, San Juan Pablo II, reconocería el martirio de «Las Tres Azucenas», que se convertirían el 29 de marzo de 1987 en las primeras víctimas de la persecución religiosa desatada en España en el contexto de la II República y la Guerra Civil en ser beatificadas. La causa de monseñor Eustaquio Nieto Martín y otros 45 sacerdotes y seglares asesinados por odio a la fe en la diócesis de Sigüenza-Guadalajara ya se encuentra en su fase romana, a la espera de que el dicasterio para la Causa de los Santos reconozca sus virtudes heroicas.

La diócesis de Sigüenza-Guadalajara se ha volcado en la conmemoración de estas mártires que murieron perdonando a sus enemigos

La diócesis de Sigüenza-Guadalajara se ha volcado en la conmemoración de estas mártires que murieron perdonando a sus enemigos

El Carmelo Descalzo de San José (en Guadalajara) y el municipio de Mochales (donde nació la beata Teresa del Niño Jesús) acogerán diversos actos y celebraciones para recordar a «Las Tres Azucenas», que perdieron la vida perdonando a sus verdugos.

El documental sobre "Las Tres Azucenas"

El documental sobre «Las Tres Azucenas»

El 22 de julio de 1936, las carmelitas del convento de San José de Guadalajara tuvieron noticia de que los milicianos se dirigían hacia allí para prenderlas e incendiar el cenobio. Las monjas, vestidas de seglares, escaparon discretamente de dos en dos y se repartieron por casas de conocidos para tratar de salvar sus vidas. Pero en uno de esos hogares se concentraron varias de ellas y, para no comprometer a los propietarios que las habían acogido, tres de ellas deciden buscar refugio en otro lugar.

Según sus biógrafos, «salieron sobre las 4 de la tarde de la casa número 5 de la calle Francisco Cuesta; pasan junto a un camión en donde unos milicianos estaban merendando. Una miliciana, al verlas, exclamó: ¡Disparadlas, son monjas! Se bajaron del camión y fueron en su busca. Las religiosas habían regresado al portal, pero las obligaron a salir a la calle».

Acribilladas a balazos

La primera en salir es la hermana Mª Ángeles, a la que dispararon varias veces hasta caer mortalmente herida. Tenía 31 años. Tras ella, la hermana Mª Pilar también fue acribillada y cayó desplomada. Prosiguen sus biógrafos: «Al ver que no está muerta, disparan nuevamente sobre ella, dándole también con un cuchillo. Ella exclama: ¡Viva Cristo Rey! ¡Dios mío perdónalos! Un guardia de asalto consigue llevarla a una farmacia próxima y de aquí es trasladada al puesto de la Cruz Roja, donde fue atendida con mucha caridad». «¿Pero qué les he hecho yo?», se preguntaba la religiosa para, acto seguido, repetir: «¡Perdónales, Señor!». La religiosa presentaba un disparo en el vientre, tenía rota la columna vertebral, al igual que una pierna «y un riñón al descubierto». En el hospital la atendió una Hermana de la Caridad, sor Dolores Casanova, «que le dio a besar el crucifijo, muriendo poco después en sus brazos mientras repetía: ¡Perdónales, perdónales…!».

La tercera religiosa, Teresa, había presenciado la muerte de sus hermanas. Trató de escapar, pero unos milicianos se lo impidieron. Uno de ellos la obligó a ir por la calle San Juan de Dios y le dice: «No te asustes, esos son unos brutos, pero yo te llevaré donde no te pase nada». Ella repite sin cesar: «¡Jesús, Jesús…!». «Al llegar al puente de San Antonio, tuercen hacia el camino del cementerio. Camina lentamente, va recelosa; arrecian las insinuaciones malignas del grupo de milicianos que se les habían juntado, le quieren obligar que grite: ¡Viva el comunismo! Pero esta nueva heroína de la fe, firme en su propósito de entrega a Dios, abre sus brazos en cruz y echa a correr gritando: ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Cristo Rey! Una descarga por la espalda troncha la vida de la tercera azucena blanca», concluyen sus biógrafos.

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