Los estudiosos que han preparado los documentos para la canonización
Llega a Roma la Causa del obispo de Sigüenza, martirizado por los milicianos en 1936
Eustaquio Nieto fue arrojado desde un coche en marcha. Junto a él fueron asesinados in odium fidei otros 45 sacerdotes y seglares
Cumplieron todos los requisitos que establece la Iglesia para ser canonizados como mártires: fueron asesinados in odium fidei y murieron perdonando a sus verdugos. Los documentos que recogen el martirio del siervo de Dios Eustaquio Nieto y 45 compañeros mártires ya están en Roma. Ayer martes, Federico Favero, oficial del dicasterio de las Causas de los Santos, recibió a Jorge López y Raúl Corral, postulador y vicepostulador respectivamente de la causa, e Iluminada Martín, de la delegación de Sigüenza -Guadalajara, desplazados a Roma para entregar los documentos elaborados en la fase diocesana para la canonización de estos mártires del siglo XX.
A partir de este momento, el proceso depende de Roma, que será quien decrete sobre la heroicidad de las virtudes de estos cristianos. Es la llamada fase romana, de la que se va a encargar el postulador romano Nicola Gori, conocido, entre otros, por ser el postulador de la causa de canonización de Carlo Acutis, con quien también se han reunido los españoles.
Monseñor Eustaquio Nieto Martín fue brutalmente asesinado a los 70 años de edad
Monseñor Eustaquio Nieto fue el primer obispo asesinado en la Guerra Civil, concretamente, el 27 de julio de 1936. Tuvo la oportunidad de escapar de Sigüenza, diócesis que pastoreaba, pero no quiso hacerlo. «Si, por desgracia, se desencadenase contra nosotros una furiosa persecución instigada por el odio del infierno, permanezcamos firmes en nuestros puestos respectivos, cumpliendo con nuestros deberes sacerdotales de padre y de pastor; sin abandonar jamás a nuestras ovejas, confesando siempre a Cristo ante la faz del mundo como lo confesaban los mártires, las vírgenes y los confesores, que dieron su vida y su sangre por ensalzar y defender el sacrosanto nombre de Jesús», escribió premonitoriamente a sus sacerdotes en 1931. «Lo que sea de mis sacerdotes, será de mí», llegó a decir el obispo a sus más allegados pocos días antes de su martirio.
Torturado a los 70 años de edad
En la noche de su muerte, los milicianos le apresaron en el palacio episcopal, con el pretexto de que le iban a llevar a Madrid «para ponerle a salvo». Las últimas palabras que sus más cercanos le oyeron musitar fueron ¡Dios mío, sólo en Vos confío! Lo montaron en un coche pero, en lugar de tomar rumbo a la capital, se dirigieron hacia Alcolea del Pinar. El obispo supo que le quedaban unos pocos minutos de vida.
Una pequeña cruz en el término municipal de Estriégana recuerda dónde fue asesinado el obispo de Sigüenza
A 14 kilómetros de Sigüenza, ya en el término municipal de Estriégana, los milicianos arrojaron del coche en marcha al obispo. La brutal caída le produjo diversas fracturas en las piernas. Detuvieron el automóvil, se dirigieron hacia el malherido y le descerrajaron varios tiros, mientras él gritaba ¡Viva Cristo Rey! A continuación arrastraron el cadáver, lo arrojaron por un terraplén y lo quemaron. Era la noche del 26 al 27 de julio de 1936. El cuerpo no fue enterrado sino, simplemente, abandonado.