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El sacerdote Avelino Aguilera encabeza la lista de los 51 mártires de Guadix

El sacerdote Avelino Aguilera encabeza la lista de los 51 mártires de Guadix

Santos de hoy

«Fue torturado y arrojado vivo a una hoguera»: Guadix inicia la causa de sus 51 mártires de la Guerra Civil

Los católicos de la diócesis granadina sufrieron una cruenta persecución durante los años 30 por parte de los grupos radicales de izquierdas

Estremece leer las historias de martirio de cualquiera de los 51 católicos de la diócesis de Guadix (Granada) que dieron su vida por Dios durante la persecución religiosa de los años 30 del pasado siglo: «Fue torturado y arrojado vivo a una hoguera»; «tiraron su cadáver por el puente de la Garganta»; «su salud se resiente por las torturas sufridas»; «le cortaron la cabeza y la llevaron al pueblo»... En todos ellos, sin embargo, se da una nota común: murieron perdonando a sus asesinos, que les martirizaron in odium fidei; simplemente por creer en Dios y no renegar de Él.

El domingo pasado, el obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, celebró en la catedral accitana la misa con la que iniciaba la causa de canonización de los siervos de Dios Avelino Aguilera y sus 50 compañeros mártires, «que dieron sus vidas ofreciendo un testimonio de fe en la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado», ha explicado el obispado en una nota. «Los mártires sobre los que ahora se inicia el proceso diocesano murieron en los inicios o durante la Guerra Civil española», aclara el comunicado.

«Fueron sacerdotes en muchas de las parroquias de nuestra diócesis, alumnos de nuestro seminario y fieles laicos de nuestras comunidades que sufrieron la persecución por la fe», ha explicado monseñor Orozco. Efectivamente, los mártires de Guadix fueron «19 sacerdotes, un seminarista, empresarios, estudiantes, abogados, dependientes, ferroviarios, zapateros, industriales, sastres, peones camineros, albañiles, comerciantes, agricultores, farmacéuticos, secretarios, médicos, capataces agrícolas, maestros, seglares, catequistas, administradores, viudas, solteros, casados, en fin, creyentes auténticos y valientes», enumeró el prelado.

Fusilados y abandonados

Los relatos de sus martirios son escalofriantes por su crudeza, salvajismo y crueldad. A Avelino Aguilera Huertas, el sacerdote que encabeza la causa, el 20 de octubre de 1936 fue sacado de su domicilio y trasladado a Guadix en una camioneta junto con otros detenidos, pero al llegar a la rambla de Paulenca, cerca del municipio accitano, tanto él como sus acompañantes fueron bajados de la camioneta a empujones, fusilados y abandonados los cadáveres junto a la carretera.

El sacerdote Pedro Castillo Martínez, de 62 años de edad, fue torturado de diversas maneras, y finalmente fue arrojado vivo a una hoguera, donde falleció. Victoriano García Chillón fue detenido y torturado en los primeros días de agosto de 1936 por partidarios del Frente Popular y posteriormente trasladado a Huéscar, donde permaneció encarcelado hasta su martirio.

Al seminarista Zacarías Carvajal Herrera, de 22 años de edad, le delataron cuando trataba de huir en mayo de 1937. Tras martirizarlo, le cortaron la cabeza y la llevaron al pueblo.

«Los Niños de la Noche»

En septiembre de 1936, el Comité de Salud Pública dictó la pena de muerte para el abogado Rafael Casas Fernández, acusándole de «elemento faccioso, contrarrevolucionario y desafecto al régimen». En realidad fue condenado por pertenecer a Acción Católica. Los «Niños de la Noche» (una banda de milicianos sin escrúpulos) fueron a buscarlo a su casa y, a golpes e insultos, lo trasladaron al cementerio, donde lo fusilaron. Andrés Pascual Castañeda Barberán tenía solo 17 años cuando lo detuvieron por ser miembro también de la Acción Católica. Al día siguiente detuvieron también a su padre por protestar por la detención de su hijo, pese a estar afiliado a Izquierda Republicana. En la noche del 3 de octubre de 1936 partía de la cárcel de Huéscar el contingente de presos con dirección a Almería. Al llegar a un paraje cercano a Vélez Rubio, llamado las Cumbres, todos los detenidos fueron fusilados.

Florentino Cruz Motos Gómez nació en Puebla de don Fadrique el 14 de marzo de 1873. Era agricultor, y estableció su domicilio en Huéscar. Iniciada la persecución religiosa acogió en su domicilio a una tía de su esposa que era monja dominica, sor Ascensión de San José. La persecución en Huéscar se recrudeció a principios de febrero de 1937 con la llegada de una columna de milicianos, que se llevaron a prisión a ella y al sobrino. Días más tarde los trasladaron junto a otros presos al cementerio para matarlos. Para torturar a la religiosa y hacerla blasfemar, los fueron matando uno a uno, dejando para el penúltimo a Florentino y, en último lugar, a ella. Murieron gritando «¡Viva Cristo Rey!».

Durante su homilía en la misa por los mártires del pasado domingo, el obispo de Guadix recordó que «al abrir su causa, no venimos a hacer arqueología histórica, ni hacemos política, ni bandos, ni abrimos heridas, ni confrontaciones, como dicen algunos. Solo queremos hacer honor a los nuestros, a quienes somos nosotros gracias a ellos, a quienes fueron ellos y a la belleza fiel de esta iglesia diocesana en estos valientes mártires».

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