Monseñor Eustaquio Nieto Martín fue brutalmente asesinado a los 70 años de edad
Persecución religiosa en España en los años 30
El primer obispo asesinado en la Guerra Civil, más cerca de los altares
Monseñor Eustaquio Nieto Martín fue arrojado con vida desde un coche en marcha, rematado a balazos en una cuneta y, su cadáver, quemado
Tenía 70 años cuando estalló la Guerra Civil, y estaba a punto de cumplir las dos décadas al frente de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. Monseñor Eustaquio Nieto Martín era un hombre querido y sencillo, hijo de un modesto albañil, que fue asesinado in odium fidei el 27 de julio de 1936 a las afueras de Sigüenza. Ahora, la diócesis castellanomanchega acaba de anunciar que el domingo 27 de julio –día en el que se cumplen los 89 años de su martirio– concluirá la fase diocesana de su proceso de canonización y de otros 43 compañeros suyos más: sacerdotes, religiosos y laicos. A partir de ese momento, el proceso pasará a Roma, que estudiará los expedientes de los mártires para decretar el heroísmo de sus virtudes.
«Si, por desgracia, se desencadenase contra nosotros una furiosa persecución instigada por el odio del infierno, permanezcamos firmes en nuestros puestos respectivos, cumpliendo con nuestros deberes sacerdotales de padre y de pastor; sin abandonar jamás a nuestras ovejas, confesando siempre a Cristo ante la faz del mundo como lo confesaban los mártires, las vírgenes y los confesores, que dieron su vida y su sangre por ensalzar y defender el sacrosanto nombre de Jesús», escribió premonitoriamente monseñor Nieto a sus sacerdotes en 1931.
Eso fue, exactamente, lo que haría cinco años después, en los últimos días de julio de 1936: no abandonar Sigüenza a pesar de las oportunidades que tuvo para hacerlo. Las milicias de izquierdas, dirigidas por el comandante Jesús Martínez de Aragón, se apoderaron de Sigüenza en la mañana del 25 de julio. «Ahora, más que nunca, cada cual debe estar en su puesto... Lo que sea de mis sacerdotes, será de mí», llegó a decir el obispo a sus más allegados.
Una estampa conmemorativa de monseñor Nieto
Poco después de penetrar en la localidad, patrullas de milicianos del POUM, la CNT y la FAI tomaron el palacio episcopal y detuvieron al obispo, al que condujeron a la plaza de Guadalajara para hacer una farsa de «juicio popular». A pesar de los insultos y vejaciones, el jurado terminó absolviéndole. El mítico dirigente de la CNT Cipriano Mera llega a relatar en sus memorias que salvó la vida de monseñor Nieto cuando un compañero suyo se disponía a darle un tiro en la nuca. Sea como fuere, la muerte se demoró apenas unas horas.
Esa misma noche, el obispo tuvo una nueva oportunidad para escapar, pero la volvió a rechazar, manteniéndose firme en su determinación de permanecer «junto a sus ovejas», pasase lo que pasase. Poco después regresaron los milicianos al palacio episcopal con el pretexto de que le iban a llevar a Madrid «para ponerle a salvo». Las últimas palabras que sus más cercanos le oyeron musitar fueron ¡Dios mío, sólo en Vos confío! Lo montaron en un coche pero, en lugar de tomar rumbo a la capital, se dirigieron hacia Alcolea del Pinar. El obispo supo que le quedaban unos pocos minutos de vida.
Una pequeña cruz en el término municipal de Estriégana recuerda dónde fue asesinado el obispo de Sigüenza
A 14 kilómetros de Sigüenza, ya en el término municipal de Estriégana, los milicianos arrojaron del coche en marcha al obispo. La brutal caída le produjo diversas fracturas en las piernas. Detuvieron el automóvil, se dirigieron hacia el malherido y le descerrajaron varios tiros, mientras él gritaba ¡Viva Cristo Rey! A continuación arrastraron el cadáver, lo arrojaron por un terraplén y lo quemaron. Era la noche del 26 al 27 de julio de 1936. El cuerpo no fue enterrado sino, simplemente, abandonado.
El 4 de agosto, una pequeña columna de requetés navarros dirigida por el comandante Palacios, y que había tomado el día anterior Alcolea del Pinar, encontró el cadáver del obispo completamente irreconocible. Finalmente, se le pudo identificar por su rosario y por la cruz pectoral que portaba.
Trece obispos asesinados
Monseñor Eustaquio Nieto fue el primero de los 13 obispos asesinados durante la Guerra Civil in odium fidei. Tras él serían martirizados los de Almería, Barbastro, Barcelona, Ciudad Real, Cuenca, Guadix, Jaén, Lérida, Orihuela, Segorbe, Tarragona y Teruel.
El actual obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Julián Ruiz Martorell, dedica su carta pastoral del próximo domingo a su predecesor y a sus compañeros de martirio, y destaca que su causa de canonización «se dispone a dar un decisivo paso adelante». «El sábado 26 de julio tendrá lugar (D.m.) la clausura de la fase diocesana en el altar mayor de la catedral de Sigüenza. A las 11 de la mañana, con la oración de laudes y la celebración de la misa de acción de gracias, mostraremos nuestro agradecimiento al Señor por la fortaleza en la fe, la seguridad en la esperanza y la constancia en el amor de quienes fueron testigos de Jesucristo hasta la entrega de sus vidas», señala. El trabajo de investigación de las causas de estos mártires ha sido «meticuloso, paciente y eficaz», asegura. Ahora, solo queda esperar que Roma dé el visto bueno para la beatificación y posterior canonización de los mártires de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara.