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María Rabell García
María Rabell GarcíaCorresponsal en Roma y El Vaticano

León XIV en Montserrat: El rosario como el gesto más radical de un Papa ante la crisis de la modernidad

El Sucesor de Pedro se pone bajo el amparo de la «Moreneta» en un acto que trasciende la diplomacia y conecta su pontificado con la herencia de León XIII

Act. 10 jun. 2026 - 14:05

El Papa León XIV se encuentra frente a la Virgen de Montserrat en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat.

El Papa León XIV se encuentra frente a la Virgen de Montserrat en la Abadía de Nuestra Señora de MontserratAFP

No ha sido un discurso ante el Congreso de los Diputados, ni una recepción protocolaria ante el cuerpo diplomático, lo que ha marcado el punto de inflexión del viaje apostólico de León XIV a España. Uno de los gestos más potentes, el más cargado de autoridad y, paradójicamente, el más humilde, ha tenido lugar en el corazón de Cataluña, a los pies de la Virgen de Montserrat. Allí, el Pontífice ha desgranado las cuentas del rosario, convirtiendo el silencio de la montaña en un manifiesto espiritual contra la dispersión de nuestro tiempo.

La autoridad de la humildad

En un mundo donde la palabra política parece haber perdido su peso, León XIV ha optado por la «pedagogía del amor» que ya defendiera su predecesor, León XIII. Al rezar el rosario en Montserrat, el Papa ha mostrado la verdadera naturaleza de su autoridad: la de quien se reconoce hijo y se confía a Dios a través de María. Como bien se ha señalado durante su estancia, este es el gesto más radical posible: frente a la crisis global y la fragmentación, el Papa propone el regazo de una madre como el lugar donde la esperanza se reconstruye.

España, definida por Juan Pablo II como «tierra de María», ha vuelto a ser testigo de que el camino más seguro hacia lo esencial no pasa por las estrategias humanas, sino por la oración perseverante.

Un puente de más de un siglo

Este acto en Montserrat no es un detalle aislado en la agenda del Papa. Desde el mismo día de su elección –ocurrida precisamente un 8 de mayo, día de la Súplica a la Virgen del Rosario de Pompeya–, León XIV ha dejado claro que su programa espiritual busca recuperar la fuerza del rosario como instrumento de unidad.

Existe un hilo invisible, un «puente mariano», que une a este Pontífice con León XIII. Si aquel Papa tuvo que enfrentar el anticlericalismo del siglo XIX con doce encíclicas sobre el rosario, León XIV propone esta misma oración como el antídoto necesario frente a la revolución digital y la pérdida de la fe que caracteriza a la humanidad del siglo XXI. En Montserrat, el rosario se ha revelado una vez más como ese lenguaje común capaz de unir a doctos y sencillos bajo una misma mirada.

El arma de los tiempos difíciles

La visita al santuario catalán refuerza el lema de su pontificado, In illo uno unum, buscando la unidad eclesial bajo la guía de la Virgen. Para León XIV, el rosario no es una repetición estéril, sino una escuela de santidad y una defensa espiritual frente a las ideologías que intentan desdibujar el mensaje evangélico.

Al terminar su oración en Montserrat, el mensaje ha quedado claro: la verdadera renovación de la Iglesia y de la sociedad no nace de planes de marketing, sino de volver a lo esencial. En medio de cualquier crisis, el rosario sigue siendo, como en tiempos de León XIII, el arma de los humildes y el ancla que permite a la Iglesia permanecer fiel a través de los siglos.

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