José Luis Pozo Fajarnés es doctor en Filosofía, investigador y escritor
Entrevista a José Luis Pozo Fajarnés
«Se ha intentado ocultar la Inquisición protestante porque fue una auténtica barbarie»
El escritor y doctor en Filosofía prueba en su nuevo libro los aterradores métodos empleados en los países donde triunfó la Reforma contra judíos, brujas y 'herejes'
El título de su última y exhaustiva obra ya es, de por sí, provocativo: Historia desconocida de la Inquisición protestante (editorial Sekotia). José Luis Pozo Fajarnés (1961) se ha querido sumergir en unas aguas turbias y desconocidas: hasta ahora, la única, pérfida y siniestra Inquisición era la católica, especialmente la española. Se nos colgó ese sambenito hace siglos, logrando que algunos coterráneos contemplaran los países donde triunfó la Reforma protestante como avanzados, científicos, racionales y democráticos.
– Pero usted sostiene que no fue así.
– Ciertamente, no. Mientras que la Inquisición española condenó a muy poca gente, lo que ocurrió en Francia, sobre todo en la zona hugonote, o en la Inglaterra desde Enrique VIII hasta el siglo XVIII; en Suiza o en Alemania, fueron atrocidades, pero irracionales, porque la racionalidad que tenía el orden católico se rompe cuando llega la Reforma protestante. Es entonces cuando vuelve la superstición. Y, como hay una tendencia a fomentar el valor del individuo, se producen choques de individuos.
En España, sin embargo, lo que había era unas instituciones muy potentes, muy fuertes, que están ordenando el mundo, el imperio, como las instituciones que están dentro de ese imperio, como es la Escuela de Salamanca o la misma Inquisición. Lo que está pasando alrededor de España, durante tres siglos, es ir contra España, para quitarla del lugar superior que tiene de ordenamiento de todo el orbe. El modo de entender al hombre del protestantismo sigue siendo parecida, porque no deja de ser cristianismo, pero de un modo muy desordenado, dándole valor –como he dicho antes– no a la comunidad, no a las instituciones propiamente dichas, sino al individuo.
Eso luego se refuerza con la filosofía, una filosofía también individualista, que es el racionalismo, que nace en Francia y continúa en Inglaterra, con el empirismo. Y luego el alemán, claro. Europa se hace contra España. Esto lo dice muy bien Gustavo Bueno en España frente a Europa.
– ¿Y cómo fueron las prácticas inquisitoriales concretas en esos países?
– Las exposiciones itinerantes de la Inquisición que se ven en muchos sitios, o esos museos con aparatos de tortura, resulta que nunca se utilizaron en España. En España se utilizan un par de elementos de tortura: el del estiramiento y el de colgar a la gente. Pero todos los otros instrumentos de tortura eran habituales en lugares del norte de Europa. Los ingleses dicen que ellos no torturaban, pero de boquilla, porque las cosas que hacían, por ejemplo, para descubrir a las brujas eran terribles. Por poner algún ejemplo –y nos metemos ya directamente con las brujas–: Las pesquisas que podía hacer la Inquisición española era una forma de judicializar absolutamente novedosa y moderna, mucho más adelantada que lo que pasaba en Roma durante la Baja Edad Media. La forma de hacer juicios de ahora le debe mucho a la Inquisición española.
La portada del último libro de José Luis Pozo
Sin embargo, en todo el norte de Europa, hay una auténtica barbarie, pues no hay un sistema para saber quién es el delincuente (descubrir, atender a los hechos...). Eso sí ocurría tanto en la Inquisición romana como en la española. Allí, sin embargo, como no tienen forma de descubrir al brujo, a la bruja, al judío o al católico –porque en Inglaterra ser católico era alta traición– recurren a lo que se hacía en la Alta Edad Media, que era el juicio de Dios, las ordalías.
En Inglaterra, por ejemplo, y en Alemania, cuando se planteaban: ¿Cómo sabemos que esta señora es una bruja?, respondían: La vamos a tirar a un lago helado y si flota, no es bruja, y si no flota, la sacamos rápidamente para quemarla. O le ponían un hierro candente entre las manos. Si se cura, es bruja. O le hacemos comer sin masticar. Y si vemos que se ahoga, pues se lo sacamos para quemarla. Ese tipo de enjuiciamientos eran los que se estaban dando en el norte de Europa. Eso es volver a la ordalía, lo que se llama el Juicio de Dios. Y esto pasa durante todo el siglo XVII y XVIII.
En España tenemos precisamente la Inquisición, que tiene todo un sistema para tratar de buscar cuál es y dónde está el delito. Suelen ser delitos que tienen que ver con lo religioso. Durante toda la Edad Media y la época moderna, el cristianismo es el que dicta cómo tiene que ser el comportamiento humano. Ser cristiano en aquella época, hasta el siglo XVIII, era como ser ahora mismo demócrata. No puedes no ser demócrata hoy en día, ¿verdad? En aquella época pasaba más o menos lo mismo.
El profesor José Luis Pozo
En el ámbito católico hay una separación –cosa que la mayoría de la gente tampoco lo sabe– entre Iglesia y Estado. Pero, además, es que dicen lo contrario. Es como si la Iglesia hubiera estado dictando la política en todos los territorios europeos, y no era así: había separación entre la Iglesia y el Estado. La Inquisición juzgaba, y el poder civil también juzgaba. La Inquisición, por ejemplo, no podía ejecutar a nadie; lo tenía que hacer el poder civil.
– Destaca usted en su libro la minuciosidad de los procedimientos de la Inquisición española frente a las poquísimas referencias escritas que quedan de los tribunales protestantes. ¿Cómo se pueden investigar, por tanto, esos crímenes?
– He tenido que acudir a distintos investigadores que han escrito sobre el tema. Ha habido publicaciones, muchas publicaciones de gente muy interesante que, cuando se da cuenta de lo que pasaba en España, lo reconocen con la boca pequeña. Todos. Brian Levack, por ejemplo, o Gustav Henningsen. Son distintos estudiosos de la brujería, del judaísmo, que han recabado la información de forma muy difícil. En las grandes ciudades se tomaban actas que no eran tan exhaustivas como podía ser las actas tomadas en la Inquisición Romana o la Inquisición española, pero se tomaba acta. En los lugares pequeños, sin embargo, donde un iluminado iba y decía que era cazador de brujas y que iba a descubrirlas, si tenían las marcas del diablo... Eso era otra ordalía. Y en esos lugares no hay actas. No hay notificación de lo que pasó, pero sí ha habido relatos que indirectamente hablaban de lo que pasó en tal sitio o de lo que pasó en otro.
En los lugares importantes también había actas, aunque muchas las quemaron a partir del siglo XIX, cuando algunos piensan: ¡Caramba! Pero si aquí se han hecho barbaridades. Lo mejor es que no se enteren. Se han quemado en muchos lugares de la Alemania protestante, también de la católica, en el norte de Francia, donde gobernaban los hugonotes. En Inglaterra se han perdido, pero hay muchas, muchas. Hay actas que se han mantenido, y luego relatos indirectos, muchos relatos indirectos. Yo he cotejado y lo que cuento en el libro son de estos investigadores.
No fue necesaria la Ilustración
– Por tanto, como decía Gustavo Bueno –al que parafrasea usted en su obra–, «si en España no hubo Ilustración fue porque no era necesaria»...
– Exactamente. La Ilustración era necesaria en un sitio donde gobernaba la irracionalidad, la barbarie y las ordalías, donde se buscaba el pecado, se buscaba el demonio. Si se mataban brujas era porque se pensaba que el demonio estaba constantemente actuando. Y, claro, surgieron personalidades que se daban cuenta de que eso no podía ser así. El gran problema de todo el norte de Europa, de toda la Europa reformada, es ese individualismo que fomentaron, poniendo al individuo por encima de todo. El individuo es el importante.
Cuando Benedicto XVI se va a Ratisbona y habla de esa racionalidad del cristianismo, hablaba de los protestantes, hablaba del Islam. Gustavo Bueno lo defiende, aunque es un ateo, un ateo convencido. Para que nos entendamos, lo que trae el catolicismo es la racionalidad, y la reparte por el mundo y la globaliza. El imperio español es el que hace a todos los hombres iguales, tanto aquí, como en Filipinas, como en toda Hispanoamérica. El modo irracional es ese protestantismo calvinista que vuelve al Antiguo Testamento y ve a los que no son iguales que ellos como animales, y los matan.
– Por cierto que, leyendo su biografía, me ha llamado la atención que usted marchó en 1986, a sus 25 años de edad, a estudiar marxismo-leninismo a la Escuela Wilhelm Pieck de Wandlitz, en la antigua Alemania Oriental. Y ahora escribe libros contra la Leyenda Negra anti española...
– Bueno, yo he dado muchas vueltas en esta vida... Empecé a estudiar filosofía cuando vi a Gustavo Bueno en la tele. Había abandonado la carrera de ingenieros. Había estado en política. Me había ido. Y entonces, cuando vi a Gustavo Bueno, dije: ¡Joder, este hombre! , y me puse a estudiar Filosofía. Cuando tenía 21 años o 22, me captaron los del PCE y dijeron: Bueno, este chico vale, vamos a hacerle un cuadro del partido. Y entonces me llevaron a una escuela de cuadros. Me parece interesante que alguien que viene del mundo del Partido Comunista, que va a Alemania, a Berlín Oriental, a estudiar marxismo, pues sabrá de qué va esta vaina, ¿no?
– Un español estudiando marxismo en Berlín Oriental...
– Sí, eso fue cuando petó Chernóbil el año 86. Cuando Chernóbil estalló, yo estaba en Berlín. Volví a los tres meses y pico.
– Era usted un marxista convencido, desde luego.
– Claro. Yo era del PCE. Yo era del PCE pro soviético, del de Ignacio Gallego. Sí, sí. He dado muchas vueltas. La verdad es que yo he conocido muchas cosas, he estado en muchas cosas, pero en esto de ahora ya llevo más de 30 años, ¿eh? Ahora ya me he asentado, yo creo. Yo era un cabeza loca. Nunca, nunca estudié. Yo me metí en matemáticas porque no tenía que estudiar. Entonces, cuando vi a Gustavo Bueno, dije: Joder, hay que leer más y enterarse de las cosas. Nada más volver de Alemania, ya mandé a los comunistas a hacer gárgaras.
Es cuando empecé a estudiar Filosofía. Igual tenía que haberme puesto directamente con la filosofía de Bueno, porque al final te vas a una carrera a estudiar filosofía y te meten idealismo alemán e irracionalismo, y luego tienes que que centrifugar. Lo bueno en parte son las ideas, ¿no? La filosofía es pensar contra otro, chocar; entonces es algo que me ha pasado siempre: que he tenido ideas confrontadas.