Fundado en 1910

La Madre Mary Oda Lauren Jackson, superiora de las norbertinasThe New York Times/Lauren Jackson

El asombro de una periodista del NYT en un convento de clausura: «Las monjas se levantan a medianoche a rezar»

Las norbertinas de California, fundadas en 1997, ya cuentan con 45 religiosas jóvenes y el número de las interesadas se ha duplicado en dos años

«Así como una madre se levanta en mitad de la noche, nosotras también nos levantamos». Con esta simple y contundente explicación, la madre María Oda, superiora del convento de norbertinas en las montañas Tehachapi de California, explicaba a la periodista Lauren Jackson, del New York Times, el porqué salían de la cama a las 23:45 horas para hacer la primera de sus siete oraciones del día. «En California, hay monjas que sienten tu dolor. Se despiertan en mitad de la noche, cada noche, para rezar por otros que también están despiertos —incluidas las madres primerizas, negociando con los recién nacidos. Vigilan con quienes puedan estar sufriendo en la oscuridad», ha escrito la columnista en su último artículo del rotativo neoyorquino.

Jackson decidió compartir durante unos días la vida de las norbertinas –también conocidas como canonesas premonstratenses–, una orden religiosa fundada por Norberto de Xanten en 1120 en Francia. «Duermen una o dos horas antes de que suene la alarma a las 23:45 cada noche. Se levantan de la cama, se ponen los hábitos y caminan hasta una capilla fría para la primera de sus siete oraciones diarias», relata la periodista especializada en información religiosa del NYT. «Esperan en los bancos en silencio a que llegue la medianoche. Cuando llega, empiezan a cantar y rezar por cualquiera que pueda necesitar ayuda —con insomnio, adicción o un recién nacido llorando», explica.

No le fue sencillo seguir el ritmo de vida de las religiosas contemplativas: «Justo antes de medianoche, mi despertador sonó y salí arrastrándome de la pequeña cama individual en la casa de invitados y me dirigí a la capilla al borde de la montaña». La fundación de las norbertinas de California es muy reciente: se establecieron allí en 1997 y ya suman 45 religiosas.

Las religiosas reciben la comunión durante la misaNew York Times

«Se levantan a medianoche para dedicar los primeros minutos del día a la adoración. Vuelven a dormir y se levantan de nuevo alrededor de las 5 de la mañana para la siguiente oración. Cuando no están rezando, cuidan los huertos, elaboran queso y crían pastores de Anatolia y labradores ingleses para venderlos como cachorros. Cuidan a algunos perros para protegerse de osos y pumas», observa Jackson.

Una conversa a los 19 años

La periodista tuvo la oportunidad de conocer personalmente a varias de las religiosas: «Cuatro mujeres se sentaban al otro lado de la reja. La superiora, la Madre Mary Oda, se convirtió al catolicismo a los 19 años y entró en el monasterio justo después de la universidad; tenía 47 años cuando nos conocimos. La hermana Mary John Paul, de 52 años, creció en Inglaterra y Nigeria y estudió literatura antes de incorporarse en el año 2000. La hermana Mary Josephine, de 31 años, eligió su vocación durante un semestre universitario en el extranjero, en Roma. La hermana Mary Emmanuelle llegó a los 16 años para visitar el monasterio después de que su hermana mayor decidiera unirse a la orden, y ella misma ingresó tres años después (también tenía 31)».

«Somos madres espirituales, acompañando a las personas en sus horas más oscuras. Nuestras oraciones llegan hasta los confines del mundo», le explicó a la redactora Mary John Paul.

En la casa de invitados del convento, Jackson coincidió con la familia de una joven que se unió a la orden tres meses antes, con 24 años. Había sido profesora de biología en un instituto. «La madre Mary Oda me dijo que las consultas de jóvenes que se planteaban unirse a la orden se habían duplicado aproximadamente en los últimos dos años, hasta unas 75». «Los jóvenes, dijo, parecen 'hartos de lo virtual', cansados de que les prometan que la felicidad está en lo que logres», prosigue. «Buscan algo real y auténtico –dijo–, y no hay nada tan real y auténtico como entregarse al amor».