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Milicianos anarquistas en Toledo tras un saqueo de un convento, un mes después de que sus colegas asesinaran al padre TeófiloABC

90 años de los primeros mártires de 1936

«Tengo el presentimiento de que voy a morir y me alegro de morir fusilado»: el cura beato de El Escorial

El padre Teófilo Fernández de Legaria Goñi fue asesinado a los 38 años, sin juicio previo, debido a la denuncia de un miliciano que recibió su ayuda antes de la Guerra Civil

Un día como hoy, hace 90 años, fue asesinado sin juicio previo el padre Teófilo Fernández de Legaria Goñi. El entonces director de un hospital improvisado para curar enfermos en El Escorial (Madrid) tenía 38 años. El Papa Francisco aprobó su beatificación en 2013.

Natural de Navarra, el padre Teófilo nació el 5 de julio de 1898. Recién ordenado sacerdote a la edad de 25 años, fue enviado a Roma por sus excelentes cualidades académicas. Allí alcanzó el grado de doctor en Sagrada Teología. Al regresar a España se asentó en Madrid, desde donde lideró parte de la Congregación de los Sagrados Corazones como superior del colegio de Madrid. Al mismo tiempo lograba la licenciatura en Filosofía y Letras en la universidad de Salamanca.

Se distinguió de modo especial en la defensa de los derechos de la Iglesia católica en los difíciles años de la República española (que comenzó desde el principio persiguiendo a la Iglesia en su legislación y en su permisividad hacia los atentados contra todo lo que fuera católico), promoviendo la Hermandad de San Isidoro de Sevilla.

En agosto de 1935 fue nombrado superior y director del Escolasticado de la Congregación en El Escorial, donde formaba a seminaristas. Su breve paso por este lugar fue una gracia especial. Su actividad allí fue increíble; su celo, extraordinario, inculcando en los alumnos una veneración y amor grandes hacia el sacerdocio.

El padre Teófilo Fernández de Legaria Goñi

Denunciado por un miliciano al que ayudó en el pasado

Cuando arrancó la Guerra Civil, el padre Teófilo convirtió el seminario que dirigía en un hospital improvisado para atender todas las necesidades de los enfermos que les iban llegando.

Llama realmente la atención y es una muestra más del fuerte anticlericalismo que se vivía en aquellos momentos que, el miliciano que decidió denunciar al sacerdote, fuera un hombre que en el pasado había recibido su ayuda en Madrid. Años antes, el padre Teófilo había ayudado a un familiar del republicano a sacarse el carnet de conducir y sostenía a su familia entregándoles comida cuando lo necesitaban.

Tras el señalamiento público del miliciano el presbítero fue conducido a punta de pistola a las afueras de El Escorial. Allí fue fusilado mientras recitaba sus últimas oraciones. Las crónicas del momento recogen estas palabras suyas días antes de su muerte: «Tengo el presentimiento de que voy a morir y me alegro de morir fusilado. Más pasó nuestro Señor por nosotros. Es lo mínimo que podemos ofrecerle».