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El nuevo patriarca caldeo de Irak, Su Beatitud Polis III NonaACN

El nuevo patriarca de Irak recuerda la gran persecución del Daesh: «Aquella noche es difícil de olvidar»

Tras años de guerra y persecución por el Estado Islámico, el nuevo cabeza de los católicos de rito caldeo del país confía en que a finales de agosto pueda producirse la primera reunión de obispos católicos iraquíes desde 2021

Tras años de guerra y una de las persecuciones más cruentes que se recuerdan a manos de los yihadistas del Estado Islámico, la Iglesia vuelve a mirar al futuro con esperanza en Irak.

Y buena prueba de ello son los nuevos planes gubernamentales para facilitar el retorno de aquellos que huyeron de su tierra (especialmente en la histórica llanura de Nínive) y la próxima asamblea que, tras cinco años sin poder reunirse, celebrarán los obispos católicos del país a finales de este mes.

Estos son sólo algunos de los temas que el nuevo patriarca caldeo de Bagdad, Su Beatitud Polis III Nona, ha explicado en una reciente entrevista, publicada por la Santa Sede en su portal informativo oficial. Además, ha rememorado cómo vivió él la dramática noche del 6 al 7 de agosto de 2014, cuando decenas de miles de cristianos tuvieron que huir apresuradamente de Nínive, ante el riesgo de muerte a manos del Daesh.

Aún hay una gran «incertidumbre»

El nuevo cabeza de la Iglesia en Irak explica que, aunque ahora la situación sociopolítica del país ha cambiado sustancialmente, aún hay una elevada incertidumbre ante el futuro de los cristianos del país.

«Desde el punto de vista de la seguridad -explica-, la situación interna del país es generalmente buena. Sin embargo, se empiezan a sentir los efectos negativos de las tensiones y el conflicto entre Estados Unidos e Irán, especialmente, en la economía iraquí: la población comienza a notar sus consecuencias en su vida cotidiana».

Además, señala que, «políticamente, existe la esperanza de que el gobierno actual pueda impulsar el cambio, consolidar un Estado fuerte basado en instituciones sólidas y combatir la corrupción, el principal enemigo de la nación».

Jóvenes víctimas de la desesperanza

Uno de los aspectos que más preocupa a la Iglesia es la situación de los jóvenes, cuya vulnerabilidad les hace especialmente propensos a la radicalización.

«La necesidad más urgente de la población es la falta de esperanza. Los jóvenes han perdido la esperanza en el futuro, en su propio país, en su patria y, en cierto sentido, en casi todo. En mi opinión, este es el desafío más grave, porque hace que los jóvenes se muestren reacios a comprometerse, a construir sus propias vidas y las de los demás, o a contribuir activamente a la construcción de la sociedad», explica el patriarca de Bagdad.

Los jóvenes han perdido la esperanza en el futuro, en su propio país, en su patria y, en cierto sentido, en casi todo.

Además, aunque la violencia ha cesado, la falta de oportunidades laborales puede condenar al país a un futuro de emigración y familias rotas, explica Polis III Nona. De hecho, como consecuencia del deseo de emigrar, «el número de matrimonios ha disminuido significativamente. Muchos jóvenes no desean formar una familia aquí porque tienen la intención de irse del país, y otros, en cambio, no se sienten atraídos por la idea de formar una familia en un contexto de incertidumbre».

«Frágil e incierta» protección de los derechos humanos

El patriarca de Bagdad alerta, también, de que, «en medio de la inestabilidad que azota Oriente Medio, la protección de los derechos humanos sigue siendo frágil e incierta». Y reconoce que los yihadistas del Estado Islámico ya no controlan el territorio, pero siguen operando como una red clandestina.

«En las regiones históricamente habitadas por cristianos, los problemas de seguridad del pasado ya no existen. Persisten otros desafíos, como el cambio demográfico, el número limitado de cristianos que regresan a sus lugares de origen y, en general, la falta de servicios esenciales. Sin embargo, debido a la reciente guerra, existe el temor de que el país se vea arrastrado a un conflicto o se convierta en un campo de batalla entre las distintas partes involucradas».

«Aquello no se olvida fácilmente»

Además, en uno de los pasajes más conmovedores de la entrevista, el patriarca de Bagdad narra cómo vivió él la histórica noche del 6 al 7 de agosto de 2014, cuando decenas de miles de cristianos se vieron obligados a huir de la llanura de Nínive ante la amenaza del Estado Islámico.

«Aquel momento y aquella noche no se olvidan fácilmente: quedan grabados en la memoria y marcan profundamente la vida de uno. Recuerdo a decenas de miles de familias huyendo, algunas en coche, otras a pie, con el miedo llenándoles el corazón: se les veía en los ojos. El llanto de los niños era especialmente doloroso. Personalmente, me preocupaba mucho la situación de quienes aún no eran conscientes de la necesidad de huir y seguían en sus casas. Llamarlos e instarles a marcharse cuanto antes me generaba una profunda angustia y un gran temor por su destino».

En aquel momento, el actual patriarca de Bagdad era el arzobispo caldeo de Mosul, justo al suroeste de la llanura de Nínive. Por eso, reconoce que «nuestra mayor preocupación eran nuestras familias que aún permanecían en las aldeas de la llanura de Nínive. Por eso, contacté con los sacerdotes de algunas aldeas y visité personalmente otras, pidiéndoles que evacuaran a todos los que seguían allí lo antes posible».

Pérdidas irreparables para los cristianos

Durante ese período, «los cristianos sufrieron grandes pérdidas, muchas de las cuales son irreparables», apunta. Y sus efectos, siguen notándose aún hoy.

«La consecuencia más grave -indica el patriarca- afecta, sobre todo, al gran número de cristianos que han abandonado sus tierras y hogares, emigrando al extranjero o trasladándose a otras regiones del país. Se trata de una sociedad marcada por guerras y conflictos, inmersa en un difícil contexto regional caracterizado por la inestabilidad. Todo esto complica las relaciones y la vida en todos los sentidos».

De ahí que Su Beatitud recuerde que «la libertad de vivir la fe no solo concierne a lo que sucede dentro de las iglesias, sino también a la posibilidad de que los cristianos estén presentes y participen libremente en todos los ámbitos de la vida social». Algo que «aún no puede garantizarse plenamente sin encontrar obstáculos institucionales y sociales».

El retorno es «el mayor desafío»

Por ese motivo, el cabeza de la Iglesia en el país reconoce que «el mayor desafío que enfrentamos es la falta de retorno de todos los cristianos a esta región». Y aunque «su regreso depende de numerosos factores, incluyendo la estabilidad de la situación política y la esperanza de que no se repitan los dolorosos sucesos del pasado» es necesario «recuperar la confianza en el futuro para que cada cristiano pueda vivir libremente, con la seguridad de construir una vida estable y encontrar trabajo sin discriminación ni injerencias indebidas», alerta.

Y concluye: «Como cristianos, por naturaleza y en virtud de nuestra fe, no deseamos entrar en conflicto con nadie. De hecho, nuestros fieles están cansados del conflicto y anhelan vivir en paz y tranquilidad. Lamentablemente, hasta la fecha, esta aspiración aún no se ha cumplido plenamente».