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El P. Pier Luigi Maccalli, con algunas de sus feligresas

Iglesia perseguida

«A la primera oportunidad, te voy a pegar un tiro en la frente»: el P. Luigi, 750 días en manos de yihadistas

«¿Cómo puedo amar a estas personas que me han quitado la libertad, me han mantenido encadenado cada día y me han amenazado de muerte?», se preguntaba el misionero italiano con frecuencia

Esta semana habrá tenido un sabor agridulce para el padre Pier Luigi Maccalli. El pasado jueves se cumplían ocho años de lo que se convertiría en su mayor calvario: su secuestro por hombres armados en la parroquia de Boamanga (Níger) y su posterior trasladado a Malí, donde permaneció 750 días en manos de fundamentalistas islámicos. Penurias, torturas, hambre, vejaciones, incertidumbre y amenazas de muerte constantes fueron su día a día durante esos dos interminables años. «A la primera oportunidad, te voy a pegar un tiro en la frente», le dijo uno de sus captores. «Y no estaba bromeando», remacha el misionero italiano.

El aniversario del secuestro lo ha recordado Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), asociación que apoyó al sacerdote en todo momento. Tras su captura, el padre Luigi se llevó otra mala noticia: sus secuestradores no eran simples delincuentes, sino yihadistas, lo que complicaba aún más su situación. «Fue como recibir un puñetazo en el estómago. Sentí como si una enorme piedra hubiera caído sobre mí y me aplastara. Era un peso demasiado grande y lloré de desesperación», reconoce. «Cada día partíamos en motocicleta, alejándonos cada vez más de los lugares que conocía, y mi angustia crecía al comprender que sería cada vez más difícil escapar», prosigue.

El P. Pier Luigi, a la derecha, durante su cautiverio, junto a otro secuestrado

Pasó más de dos años encadenado. Sin embargo, durante esas largas travesías en motocicleta por los polvorientos caminos de Mali, su pensamiento se elevaba a Dios: «¿Cómo puedo amar a estas personas que me han quitado la libertad, me han mantenido encadenado cada día y me han amenazado de muerte? Solo cuando fui capaz de decir, junto al hombre en la cruz: 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen', pude comprender plenamente la nueva lógica de las Bienaventuranzas», confiesa.

«Sentía una profunda compasión por mis captores»

A partir de ahí, y durante esos días cargados de penalidades, el misionero italiano obtuvo unas valiosísimas lecciones para su vida: «El odio es un callejón sin salida. Sentía una profunda compasión por mis captores. Son jóvenes adoctrinados por vídeos de propaganda y marcados por una enorme falta de educación». «Me entristecía ver que aquellos jóvenes, por cuyo mejor futuro yo había entregado mi vida, desperdiciaban la suya por un ideal de muerte y violencia», lamenta.

Un rosario, elaborado con jirones de tela, se convirtió en su mejor aliado durante esas noches en las que la incertidumbre de la muerte le cercaba. «Aprendí a ser misionero con el corazón y no con los pies. Rezaba la oración del corazón y recorría con él los caminos que antes transitaba a pie o en coche. Descubrí, durante el cautiverio, que rezar es combatir la soledad de sentirse abandonado por Dios», observa.

El 9 octubre de 2020, el Vaticano anunciaba la liberación del P. Luigi y otros rehenes: «El padre Gigi está libre y se encuentra bien. Desde Malí, donde se produjo la liberación, hay noticias desde ayer por la tarde (...) El padre misionero de la provincia de Crema, de 59 años de edad, de la Sociedad de Misiones Africanas, Pierluigi Maccalli, fue secuestrado en el Níger...».