León XIV bendice a la multitud que le esperaba en el santuario de Lourdes el pasado 27 de septiembre
La masonería, descolocada por el éxito de la visita del Papa a Francia, teme «el resurgir de la fe»
Las logias dan la voz de alarma ante «el auténtico entusiasmo popular» y las «imágenes impactantes» del viaje apostólico de León XIV a su país
«¿qué lugar debe otorgar la República a la religión sin desdibujar la línea, pacientemente construida durante más de un siglo, entre la libertad de creencias y la independencia del poder público?». La francmasonería ha recibido como un cubo de agua helada el fervor de los cientos de miles de personas que se han movilizado durante la visita de León XIV a Francia. Su concienzuda labor «pacientemente construida durante más de un siglo» de laicismo beligerante, exclusión de Dios de todo espacio público, arrinconamiento de la Iglesia, confiscación de sus templos e incluso persecución sangrienta de los creyentes parece haberse disuelto como un azucarillo en apenas unos días.
Así lo han reconocido en varias de sus publicaciones, que no tienen más remedio que dar fe de «las imágenes de fervor popular, las ceremonias, las reuniones institucionales y los discursos sobre el 'laicismo justo'». Es el caso de la emisora de radio 450.fm, perteneciente a las logias. En un artículo publicado esta semana, el masón Alexander Jones evoca «la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado de 1905» que, a su juicio, «ha sido testigo de generaciones de republicanos y masones que lucharon para que la conciencia humana pudiera finalmente definirse a sí misma sin recibir de la Iglesia la definición de verdad, justicia o legitimidad». «Sin embargo, más de 120 años después de esta ley fundamental, la llegada de un Papa sigue reavivando estas viejas cuestiones con sorprendente vigor», reconoce el autor.
La imagen con la que 450.fm ilustra el artículo sobre la visita del Papa
«Francia no comenzó en 1905», rebatía en otro artículo Napo De Kergorre, el fundador del periódico Le Catho. A su juicio, el sempiterno debate sobre el laicismo en Francia «revela principalmente dos visiones»: «Una busca garantizar la libertad de conciencia y la legítima independencia de la autoridad civil. La otra corre el riesgo de convertirse en una filosofía sustituta, suspicaz cada vez que el catolicismo se expresa con seguridad en el ámbito público», objeta. «Es a esta segunda tentación a la que debemos resistirnos», subraya.
«Tergiversar la verdad histórica»
«No se puede entender Francia como si su historia hubiera comenzado con la ley de 1905», insiste De Kegorre. «Antes de la República moderna, existió el bautismo de Clodoveo, los siglos Capetos, catedrales, monasterios, universidades, obras de caridad, misiones y esa larga, a veces difícil pero fructífera, alianza entre la historia francesa y la fe católica», agrega. «Reconocer esto no obliga a nadie a creerlo; negarlo sería simplemente tergiversar la verdad histórica», subraya.
«De igual modo, recordar que Jesucristo es 'el camino, la verdad y la vida' no es imponer la fe mediante la autoridad pública, sino profesar la fe católica», puntualiza el fundador del periódico Le Catho. «Además, en el vuelo de regreso de Metz a Roma, León XIV respondió directamente a una pregunta sobre la separación entre religión y política: sostuvo que no había cruzado esa línea en Francia y explicó que cuando la Iglesia defiende la vida o expone su doctrina social, aplica el Evangelio a la vida humana, en lugar de transformarse en un partido político», prosigue.
Pero estos argumentos no convencen en el seno de la masonería, donde no ha sentado nada bien que el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, asistiera a la misa celebrada por León XIV en la catedral de Saint-Étienne de Metz, algo que «no figuraba inicialmente en su agenda». «La cuestión no radica tanto en la legalidad —el laicismo obviamente no prohíbe que un Presidente de la República entre en una iglesia— sino más bien en la importancia que se le otorga a su cargo cuando lo hace en el contexto de un evento de esta trascendencia», señala el articulista.
«Una visita papal de esta envergadura, ampliamente difundida y alimentada por un auténtico entusiasmo popular, ofrece, naturalmente, imágenes impactantes. Sin embargo, todos saben, tanto en política como en simbolismo, que una imagen nunca es del todo neutral. El masón, quizás más que nadie, sabe que un lugar, una presencia, un gesto o una postura a veces tienen más peso que un largo discurso», arguye. «Cabría preguntarse qué uso político se le podría dar a un evento de esta magnitud», lamenta.
«Un café laico»
La masonería francesa, ciertamente, no se va a quedar con los brazos cruzados tras comprobar el respaldo popular que, muy a su pesar, ha obtenido la visita del Santo Padre a su país. Según recoge L'Écho Chrétien, la influyente asociación Egale, en colaboración con el Patronato Laico Jules-Vallès, va a organizar en París un «Café laico», destinado a estudiar «cuál es el lugar de lo religioso en la República, tras la visita de León XIV a Francia». Basta con mirar a la historia para descubrir cuál es ese lugar: el último, bajo una apariencia de neutralidad del Estado francés ante todas las religiones.
«Los francmasones se preocupan por el retorno del catolicismo en Francia, pero las élites musulmanas no; ellas están plenamente serenas, es realmente increíble», señalaba en la red X Yassine Jabri, coordinador europeo de la asociación musulmana francesa Miséricorde pour l’Humanité (Misericordia para la Humanidad), que busca «transmitir el mensaje del islam y promover el diálogo con otras comunidades religiosas en Francia». Según este analista e 'influencer', a «las élites musulmanas» de su país no les preocupa «el resurgir de la religión católica», a diferencia de lo que ocurre con masonería.
«El tema va mucho más allá de la personalidad del nuevo pontífice», retoma el artículo de Jones. «Lo que está en juego es nuestra relación colectiva con la religión, pero también esta concepción francesa de la República, que no exige a los ciudadanos que dejen sus convicciones a un lado antes de entrar en la Ciudad, sino que simplemente reconoce que ninguno de ellos puede pretender tener las llaves de ella», advierte. «Probablemente, eso debería atraer la atención de los masones», concluye. De nuevo, bastaría con mirar a la historia para saber qué ocurre cuando algo «llama la atención de los masones».