Entrevista a Federico Jiménez Losantos
Entrevista al periodista y escritor
Jiménez Losantos: «Lo que más me chocó del genocidio de católicos en La Vendée fue la extrema crueldad»
Ha sorprendido a muchos publicando un extenso artículo sobre la masacre que segó la vida de 400.000 creyentes durante la Revolución Francesa, y sentencia: «El país católico por excelencia es España»
Se le nota cansado cuando entra en su despacho de la sede de Libertad Digital y esRadio. Es mediodía del viernes, y Federico Jiménez Losantos (Orihuela del Tremedal, Teruel, 1951) lleva seis horas locutando desde los micrófonos de la emisora que dirige. Su sonrisa es amplia y franca su amabilidad, lejos de la imagen –quizás irascible, quizás explosiva–, que algunos tienen de él.
No les desasistirá, al menos en parte, la razón. Jiménez Losantos –es cosa sabida– no es de andar regalando los oídos. Azote de muchos, lisonjero de nadie, posee una prodigiosa memoria, un humor mordaz, ácido e inteligente y una asombrosa facilidad para encontrar el mote que cae, como anillo al dedo, sobre el infeliz personaje público que tiene la desdicha de cruzarse en su camino.
Pero si hemos convertido su despacho en un pequeño estudio de televisión no es para hablar de política, ni de informes de la UCO, ni siquiera de apodos, sino de un artículo que publicó el pasado día 7 de diciembre y que dio mucho que hablar: Una Navidad en la Vendée. En él, el periodista, filólogo, escritor y locutor que despierta a millones de personas cada día aborda un tema espinoso, controvertido y, tal vez por eso, ocultado: el exterminio de católicos que se produjo durante la Revolución Francesa en el departamento de La Vendée, en la costa oeste del país galo. «Fue el artículo más leído de Libertad Digital de ese día y del día siguiente», revela Jiménez Losantos.
– ¿Qué le movió a escribir sobre ese tema?
– Pues llevo tiempo dándole vueltas. Cuando hice Memoria del comunismo, estudié el libro de Gracchus Babeuf que, aunque era un comunista primitivo, fue el primero que denuncia lo que llamó el populicidio. No existía la palabra genocidio, pero es exactamente lo mismo: el populicidio era el odio contra el pueblo francés, porque lo veía como lo que era. Pero claro, como era comunista, no pensaba que había que respetar a los católicos. Lo que decía es que, en lugar de mandar a torturadores y asesinos, había que mandar gente que predicara, oradores que pudieran convencer a los católicos, atrasados y absurdos, de que la revolución era muy buena para ellos, que eso nos podía traer bienes... Claro, ellos ya tenían predicadores, y mejores. Pero bueno, digamos que no era un asesino.
Cuando empecé a hacer el libro hace 20 años, vi que Francia fue clave en la llegada del comunismo a España. Sin embargo, ellos tienen una idea muy equivocada de España, no saben nada. Incluso el libro de François Furet, que es tan importante, sobre la Revolución Francesa, o el del comunismo, Le Passé d'une illusion, todo lo que cuenta de España y de la Guerra Civil es... nada. Es un ignorante.
Total, que se me quedó lo de La Vendée porque en el libro de Jean-François Revel El conocimiento inútil se refiere a un historiador joven que yo no conocía, Reynald Secher, al que acusan de que cómo se atreve a decir que lo de La Vendée fue un genocidio de católicos. Y entonces, Revel dice: Bueno, todas las características lo son; es más, qué es eso de que no se puede decir en Francia que hubo un genocidio, cuando lo hubo, y de que no podía ser un genocidio si eran franceses matando franceses.... Entonces, ¿lo de Pol Pot en Camboya no es un genocidio? Han matado a 2 millones. Pero como son compatriotas, tienen derecho... ¡Claro que es un genocidio! Porque se comete por razones morales, políticas; por pertenecer a un grupo, da igual que sea una raza, una ideología, una religión o lo que sea. Y eso se me quedó ahí.
Cuando saca Alberto Bárcena el libro La guerra de la Vendée. Una cruzada en la Revolución (editorial San Román), a mí me interesó mucho, porque ya lo tienes ahí dándote vueltas... Yo paso los veranos en Francia, y este año fui a La Vendée, a un pueblecito, y visité todos los pueblos de la zona, donde tuvo lugar aquello, los museos, las ermitas, las iglesias que se conservan, las vidrieras, las placas donde pone: En este pueblo de 500 habitantes, 273 fueron masacrados por las 'columnas infernales' del general Turreau...
Hasta 400.000 masacrados
– ¿De cuántos muertos hablamos en total?
– Según algunos demógrafos, murieron en total en esas guerras unas 400.000 personas; otros han censado a 117.000. Es la mayor masacre de la época; el equivalente a varios millones de franceses de ahora. Pero lo que más me chocó fue la extrema crueldad. Y, además, no eran «descontrolados», no; desde el principio, es la orden de Robespierre, de la Convención. Ellos dicen que hay que exterminar físicamente a todos, incluyendo los niños y a las mujeres.
– «Descontrolados»... El mismo argumento con el que algunos aún tratan de justificar el 'Terror Rojo' de las checas en la Guerra Civil española...
– Sí, igual. Pero aquí había un empeño, por ejemplo, en matar a las mujeres, para que no puedan parir más brigands, más bandidos o bandoleros. Como los soldados nunca habían hecho eso, piden que les den las órdenes por escrito, y por escrito se las dan. Entonces, en 1793, dan una orden de matar a todos los hombres que están en armas. Pero como no hay manera de separarlos de las familias, pues que maten también a los niños, a los bebés y sobre todo a las mujeres. Y se lo repiten. Hay una carta que manda François-Joseph Westermann, el carnicero de la Vendée, a la Convención: «La Vendée ya no existe. Ha muerto bajo nuestro sable libre, con sus mujeres y sus niños. Vengo de enterrarla en los pantanos y los bosques de Savenay. Siguiendo las órdenes que me habéis dado, aplasté a los niños bajo los pies de los caballos y masacré a las mujeres, que, al menos, no parirán más bandidos. No tengo un prisionero que reprocharme. Lo he exterminado todo. Mis húsares tienen en la cola de sus caballos trozos de los estandartes de los bandidos. Los caminos están sembrados de cadáveres. Hay tantos que, en muchos lugares hay montículos de ellos. Se fusila sin cesar en Savenay, ya que a cada instante llegan bandidos que pretenden rendirse como prisioneros. (…) Nosotros no tomamos prisioneros: habría que darles el pan de la libertad; y la piedad no es revolucionaria».
Es decir, todo es de una crueldad deliberada, como no ha habido después. Lo que sí ha habido es que ese modelo de odio a lo católico para destruir la Iglesia, que empieza destruyendo al clero, se ha reproducido en parte en la destrucción del reino de las dos Sicilias, de Nápoles. Es cuando la unificación de Italia, que en realidad es la destrucción del reino católico de Nápoles, que era mucho más rico que el norte. La masonería inglesa es la que organiza toda esa cuestión. El Banco de Nápoles se lo llevan a Milán. A los rebeldes que van también a la guerra a proteger su régimen de vida les llaman también briganti, parecido a los brigands. Y también los matan. Y a las mujeres las exhiben desnudas. Es la misma crueldad, el mismo elemento masónico, pero medio siglo después. Y luego se reproduce en Rusia, en todas las masacres bolcheviques; en México, en 1926, con los cristeros, y en España en el 36. Es el mismo modelo: Vamos a destruir a la Iglesia, a matar a todos los curas, monjas, frailes, y a todos los católicos que pillemos. Pero ninguno alcanza el nivel de crueldad de La Vendée...
Mitos criminales
– Sin embargo, nos lo han vendido como «una revuelta campesina sin mayor importancia»...
– Claro, porque lo que no quieren es admitir que la mayor parte de la gente estaba en contra de la Revolución. Dicen: La gente la celebró. La última, la idiota esta, Laurence Debray; claro, su padre era un criminal amigo del Che Guevara que dice que pertenece a un país orgulloso de haber decapitado a un rey... Es mentira. No es verdad. El país estaba horrorizado. La revolución se impuso por el terror. Como luego Napoleón se impuso por el terror. La Ilustración y la Revolución Francesa son mitos criminales que nos han llevado a todos los crímenes del siglo XX. El totalitarismo empieza ahí. Y la prueba del algodón es La Vendée. Por eso he estado tan perseguido, tan ocultado. Y por eso, si eres como yo, un estudioso de todo eso, cuando te lo encuentras, te das cuenta de que has encontrado la piedra Rosetta. O sea, la piedra fundacional del terror comunista es La Vendée.
– ¿Va a escribir un libro sobre ello?
– Pues mi hijo mayor me dice que lo que tengo que hacer es un podcast, porque aunque yo venda muchos libros, un podcast lo van a seguir 100.000 personas... Pero, conforme he empezado a hablar de todo esto, me he dado cuenta de que para mucha gente ha sido tal sorpresa... No tenían ni idea. Bueno, mucha gente no lo sabe, o lo sabe mal. Se han creído que eran unos cuantos aristócratas y unos campesinos fanatizados. Es mentira. Fue una rebelión nacional de Francia contra la Revolución. Y, además, en toda Francia.
Ha tenido un eco tan sorprendente que vamos a seguir haciéndolo esta semana que viene. Me quiero traer a los curas de La sacristía de La Vendée, ahora que no están prohibidos [un grupo de sacerdotes de Toledo que dirigen un podcast con muchísimos seguidores]. Bueno, es gente muy valiosa y que en la propia Iglesia de España, como está pasando en Francia, están perseguidos. Porque es que aquí –es una cosa verdaderamente pasmosa– los obispos españoles se han avergonzado de sus mártires. En la Guerra Civil, «seis mil sacerdotes asesinados, y ni una sola apostasía», dijo Paul Claudel. Ese es el modelo de La Vendée. Ahora sería inimaginable. Ahora, 70 obispos y todos apóstatas... apóstatas de sus propios mártires. No, esto no puede ser. Pero esto es el Vaticano II...
Hay quien piensa –yo creo que Rouco piensa algo así– que la crisis en Occidente es la crisis de la Iglesia, la crisis de la Iglesia católica en la que nos hemos criado. Y por eso quise escribir este artículo en Navidad. ¿Qué está pasando para que la gente felicite el Ramadán y diga Felices fiestas y no Feliz Navidad? ¿Por qué toda la civilización en que nos hemos criado –la idea del bien y del mal, la idea de los mandamientos, de la familia, del país, de la nación, de la sucesión de la tradición– está desapareciendo a nuestros ojos? ¿Cuándo empieza esto? ¿Cómo hemos llegado a este este absurdo? Bueno, pues empieza en La Vendée. Es decir, es el primer proyecto para acabar con todo lo que es la revelación católica, la religión católica y la civilización católica –que es mucho más elaborada y mejor que la protestante– empieza en La Vendée.
¿En qué cree Losantos?
– De lo que no me cabe duda es de que usted se sabe el catecismo muchísimo mejor que la mayor parte de los católicos....
– Bueno, sobre todo, mejor que muchos curas... Yo veo a algún cura y digo: Este cura, con mosén Esteban –que es con quien yo aprendí el catecismo–, no hubiera aprobado...
– Pese a ello, usted se define como agnóstico. Seguro que mucha gente le preguntará: Oiga, don Federico, ¿se va a convertir usted o no?
– Yo le digo a Luis Herrero: Mira, Luis, si me voy antes que tú, la misa en latín. El otro día, Luis me dijo: ¿Cómo entras en lo de La Vendée? Digo: Porque, como los católicos no lo hacéis, los que somos de civilización católica tenemos que hacerlo. Vamos a ver, ¿a quién recibe primero Ratzinger? Pues a Oriana Fallaci. ¿Por qué? Porque es que para la gente que ha nacido en la civilización católica, la fe la tienes o no la tienes, pero la cultura católica... Es que renunciar a eso es renunciar a la cultura básica de lo que ha sido España históricamente y de lo que es nuestra familia, lo que son nuestros antecedentes. Yo no pienso renegar del belén... O sea, ¿por qué? ¿Por qué tengo que renegar del belén si es mío, mío y de todos mis antepasados y de hasta hace 2000 años?
Ayer estaba viendo un vídeo en YouTube de por qué el buey y la mula aparecen en el belén. Eso es lo lo intelectual: preguntarse por qué. Bueno, resulta que el buey es por dos profecías de Isaías y Habacuc. El buey es santo para los judíos y representa a su pueblo. Y, en cambio, la mula es impura y representa a los gentiles. Pero cuando nace Jesús, es Dios para los gentiles y para los judíos. Hay representaciones en las que no están José y María. Pero están la mula y el buey, porque es católico, universal, de todos.
Yo he estudiado bastante la Escuela de Salamanca, que es el verdadero pensamiento moderno, católico y liberal; la doctrina del gobierno limitado y que es necesario un Estado, pero que la ley tiene que estar por encima del poder político. Todo eso que luego la Escuela Austriaca ha desarrollado, que en España está hasta Juan de Mariana, que luego recupera Balmes. Pero por desgracia Balmes vivió muy poco. Es la tradición católica, que es infinitamente mejor, más civilizada, más moderna, más compatible con la vida civil de las sociedades liberales y democráticas.
Por desgracia, en España tampoco se conoce ni siquiera su propia historia. Pero es una cosa admirable: descubrir un continente, conquistar, evangelizar, crear las universidades... Bueno, es que nadie lo ha hecho porque se han dedicado a matar gente y a robar. No, no; es la única civilización. Por eso existe el catolicismo como civilización mundial: por España. El país católico por excelencia es España.
– Tomando esas palabras que le decía usted a Luis Herrero, al final tal vez repita, como Santa Teresa de Jesús, aquello de muero como fiel hija de la Iglesia católica...
– Hombre, yo veo en los curas que tienen un problema. Creo que, como la Iglesia está tan degenerada, la obediencia les lleva a callarse o a salirse. Es la ventaja que yo tengo de no estar en la Iglesia. Yo, cuando voy ahora en Navidad, siempre voy, no a misa; voy a oír al cura, a ver lo que predica el cura. Y precisamente en Palma de Mallorca, hace dos años, hizo un discurso –porque fue un discurso, no fue sólo una prédica– en un convento de monjas de clausura que está allí en el centro de Palma, sobre el sentido de lo católico, que fue extraordinario. A este cura se lo van a llevar enseguida a Roma y lo echarán a perder, pensé. Porque lo que no encuentras es gente que tenga un buen nivel, sobre todo de cabeza. No sólo transmiten una fe, una revelación, no; transmiten una cultura y una moral, una ética social. Es decir, el catolicismo es una visión de la vida muy trabada, muy trabajada, muy sutil. Eso es para todas las estaciones, para todos los momentos de la vida.
Entonces, a mí me parece que los que nos hemos criado en esta tradición, que es la española católica, tenemos la obligación de defenderla. ¿Por qué? Pues porque la realidad es así. Como defender a los mártires de la guerra española, que no ha habido una cosa más devota. Pero si es que te vas a Paracuellos, y está el padre, el hijo y el nieto. Y dicen que estos tienen que pedir perdón. ¿Perdón? O sea, ¡no los asesinos, sino las víctimas! Pues es que aquí se ha cambiado todo. Así tenemos el Gobierno que tenemos, claro...