Cruz retirada por la Ley de Memoria Histórica de Callosa de Segura (Alicante) y repuesta este martes en otro emplazamiento

Cruz retirada por la Ley de Memoria Histórica de Callosa de Segura (Alicante) y repuesta este martes en otro emplazamientoEP

La cruz de Callosa retirada por la Ley de Memoria Histórica vuelve a alzarse ocho años después tras una larga batalla vecinal

El monumento, retirado en 2018 por el exalcalde socialista del municipio alicantino, ha sido reinstalado este martes en un nuevo emplazamiento sobre suelo de la Iglesia

La cruz de Callosa de Segura, en Alicante, vuelve a formar parte del paisaje urbano del municipio alicantino ocho años después de su retirada. Este martes, el monumento ha sido reinstalado en el centro histórico de la localidad, perteneciente a la Diócesis de Orihuela-Alicante, en un acto cargado de simbolismo para los vecinos que durante años defendieron su permanencia.

La cruz fue levantada en 1941 junto a la iglesia arciprestal de San Martín Obispo, en recuerdo de 81 vecinos asesinados durante la Guerra Civil española, entre ellos dos sacerdotes jóvenes. Durante más de siete décadas permaneció en la plaza de España hasta que, en marzo de 2016, el entonces alcalde socialista Francisco José Maciá impulsó su retirada invocando la Ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007.

Aunque la norma exime expresamente a los monumentos pertenecientes a la Iglesia Católica, el Ayuntamiento argumentó que la cruz se encontraba sobre suelo público. Esa interpretación abrió un conflicto que trascendió lo administrativo y dividió a la población.

Guardias y retirada de madrugada

Ante la decisión municipal, un grupo de vecinos creó la Plataforma en Defensa de la Cruz, con el apoyo jurídico de la Fundación Española de Abogados Cristianos. Durante más de 400 días, decenas de personas se turnaron día y noche para vigilar el monumento y evitar su derribo, en una protesta constante y pacífica.

El desenlace llegó a finales de enero de 2018. La plaza de España fue desalojada, vallada durante la noche y, de madrugada, los operarios cortaron la cruz por la base. La estructura, de mármol blanco, cinco metros de altura y dos toneladas y media de peso, fue trasladada al Museo del Cáñamo.

Lejos de darse por vencidos, los defensores del monumento mantuvieron viva la reivindicación. Colocaron cruces de madera adornadas con flores que eran retiradas sistemáticamente por el Gobierno local. Más tarde, encontraron una forma aún más simbólica de protesta: proyectar por la noche la silueta de la cruz sobre la fachada de la iglesia.

Esa proyección partía de la vivienda de Teresa Agulló, una vecina octogenaria que asumió personalmente la iniciativa y que fue sancionada en varias ocasiones por el Ayuntamiento por supuestas infracciones de las ordenanzas municipales.

El legado de Teresa Agulló

Teresa Agulló falleció el 23 de marzo de 2023, a los 87 años, sin ver culminada la reposición de la cruz. Su figura se convirtió en un símbolo de la resistencia vecinal. Con motivo de su muerte, el obispo José Ignacio Munilla recordó en redes sociales una cita del Evangelio de San Mateo sobre dar testimonio público de la fe.

Desde entonces, la silueta de la cruz continuó proyectándose en fechas señaladas, como el aniversario del derribo o la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz.

Este martes, finalmente, el monumento ha vuelto a instalarse, aunque no en su emplazamiento original. La cruz se ubica ahora en la calle Cervantes, en el lateral de la ermita de Nuestra Señora del Rosario, sobre suelo privado de la Iglesia y con un vallado perimetral. Apenas 150 metros la separan de la plaza de España.

Un símbolo que vuelve, pero distinto

El nuevo emplazamiento es más discreto y responde a una solución jurídica que evita el conflicto sobre el uso de suelo público. Además, la cruz ya no conserva las inscripciones originales. En la peana no figuran lemas ni referencias al bando sublevado ni los nombres de los caídos, de modo que el monumento carece ahora de cualquier mensaje para ajustarse a la legislación vigente.

Así, ocho años después, la cruz de Callosa de Segura vuelve a alzarse. No en el mismo lugar ni con la misma carga histórica, pero convertida para muchos vecinos en el cierre de un conflicto largo y doloroso y en la apertura de una etapa marcada por la convivencia y la reconciliación.

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