Edificios de una calle de Madrid
¿Es 'pecado' tener varias casas? San Francisco de Sales ya respondió en el siglo XVII
El santo y Doctor de la Iglesia alertó contra el verdadero peligro: la idolatría hacia los bienes creados
¿Cuántas casas puede tener en propiedad un cristiano? ¿Existe un límite establecido? ¿Es inmoral poseer dos, cinco o veinte viviendas? Numerosos políticos de izquierdas abogan en estos días por expropiar a los rentistas que tengan varios pisos a su nombre, en aras de una supuesta «ética». Pero, ¿cuántas propiedades es «moral» poseer? ¿A partir de qué número pasaría a ser «pecado»?
Ni siquiera ellos mismos establecen un criterio claro, y parecen estar más interesados en lanzar un titular estridente y contundente que en ir al fondo del asunto. Pero el tema de la vivienda es tan antiguo como lo es la Humanidad que, desde siempre, incluso ha declarado guerras para ganar un palmo más de terreno. San Francisco de Sales (1567-1622) también se preocupó por el asunto, y lo abordó en un sermón titulado La idolatría de las cosas.
San Francisco de Sales
El santo, nombrado obispo de Ginebra (Suiza) en 1602, nunca pudo ocupar su sede episcopal por la férrea oposición de los calvinistas, que dominaban la ciudad. Pese a ello, solía repetir: La mejor manera de predicar a los herejes es el amor, aun sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas. Es Doctor de la Iglesia desde 1877, cuando así lo decidió Pío IX, lo que implica que sus enseñanzas son especialmente relevantes.
«Adquirir casa tras casa»
«¿Por qué hay tanta gente en el mundo que no piensa, ni parece tener que hacer otra cosa, aquí abajo, que amasar riquezas, adquirir casa tras casa, prado tras prado, viña tras viña, tesoro tras tesoro?», se preguntó retóricamente en el citado sermón. «A esa clase de gente es a la que le dice el profeta al oído: Oh loco, ¿crees que el mundo ha sido hecho sólo para ti? Como diciendo: ¿Piensas quedarte para siempre en este mundo y no estar en él sino para amasar bienes temporales? Ciertamente que no has sido creado para eso», recordaba el santo obispo de Ginebra y fundador de la Orden de la Visitación.
Pero, a continuación, San Francisco de Sales añadía un matiz importante: «Es cierto que Dios ha creado el mundo para el hombre, con la intención de que use todos los bienes terrenos, pero no que los disfrute como si fueran su último fin». Es decir, que el hombre puede hacer uso de todos los bienes que han sido creados, pero no buscarlos con tanto ahínco que posterguen a Dios en su vida.
«Hay mucha diferencia entre usar las riquezas y apegarse a ellas: usar de ellas, según su estado y condición, es una cosa permitida cuando se hace como se debe; pero convertirlas en ídolos es condenación», advierte el santo. Más que estipular cuántas riquezas en concreto debe poseer un cristiano, San Francisco de Sales apela a examinar el ánimo del que las posee: se pueden tener muy pocas cosas y «apegarse a ellas», mientras que otros pueden ser grandes propietarios y usar sus bienes para la gloria de Dios. «Hay personas que se aferran a lo que es suyo y por nada del mundo quisieran soltarlo. Y hay algunos pocos que dejan enteramente lo que poseen», constata el Doctor de la Iglesia.
«En resumen, hay mucha diferencia entre ver y admirar las cosas de este mundo y querer gozar de ellas como si en ello estribara nuestra felicidad», argumenta.