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San Francisco de Sales, por Enrico Reffo

San Francisco de Sales, por Enrico ReffoEnrico Reffo

El primer manual para laicos: cómo Francisco de Sales hizo que la santidad fuera 'apta para todos los públicos'

En el día de su festividad, recordamos la vigencia de la Introducción a la vida devota, el primer gran manual escrito específicamente para quienes buscan a Dios en medio de sus ocupaciones diarias

Obispo de Ginebra, doctor de la Iglesia y patrón de los periodistas, san Francisco de Sales destaca no solo por estos títulos, sino también por haber sido un revolucionario de la espiritualidad. Se atrevió a romper un prejuicio centenario: la idea de que la santidad era patrimonio exclusivo de los muros del monasterio.

Su obra cumbre, Introducción a la vida devota, publicada originalmente entre 1608 y 1609, supuso un hito, ya que puede considerarse el primer tratado de espiritualidad dirigido íntegramente a los seglares. Con una pluma cargada de «suavidad y firmeza», el santo doctor nos enseña que el camino hacia Dios no solo es posible en medio del ajetreo del mundo, sino que es precisamente en ese entorno donde el laico puede florecer.

No pedir peras al olmo

El libro nace de la correspondencia real con una mujer, Filotea (de ahí que la obra también se titule con ese nombre), quien aspiraba a la santidad en medio de sus obligaciones familiares. Francisco de Sales escribe para quienes, en medio de sus obligaciones y circunstancias diarias, desean mantener viva su fe.

Para el autor, es un error pensar que el fervor religioso es incompatible con la vida cotidiana: «Muchos cristianos piensan que no se puede vivir en el mundo en medio de las preocupaciones y dificultades de todo tipo y gozar al mismo tiempo de una verdadera amistad con el Señor», escribe.

El santo es tajante al respecto. Considera «un error, sino una perversidad» intentar impedir que trabajadores se adentren en los caminos de la perfección. Con su obra, explica de manera sencilla que Dios manda que cada planta dé fruto según su especie, y cada cristiano debe producir frutos de santidad según su estado y profesión.

La devoción como el «azúcar espiritual»

Una de las bellezas de este manual es su lenguaje accesible y sus metáforas naturales. San Francisco de Sales no ve la devoción como una carga pesada, sino como un motor que agiliza nuestras acciones. Define la vida de entrega a Dios como «aquella agilidad y vivacidad espiritual que nos hace vivir la caridad pronta y fervorosamente».

Para explicarlo, recurre a la imagen de la abeja, que extrae la miel de las flores sin marchitarlas. Del mismo modo, la verdadera devoción no daña ninguna vocación, sino que la hermosea: «La vida de entrega a Dios hace más agradable el cuidado de la familia; más sincero el amor entre los esposos, más honrado el servicio que presta el trabajador».

El autor compara el amor divino con un «azúcar espiritual» que quita la amargura de las mortificaciones y llena el alma de una suavidad que hace que lo difícil resulte dulce y agradable. Además, introduce conceptos tan prácticos como el «ramillete espiritual»: al terminar la oración, el fiel debe escoger dos o tres puntos que le hayan impresionado para «retenerlos en su memoria todo el día y gozar espiritualmente de su fragancia».

Un manual práctico de cinco pasos

Lejos de ser un tratado teórico, el santo doctor propone una guía estructurada en cinco partes diseñadas para conducir el alma con realismo y suavidad. Este itinerario comienza con la purificación, un proceso que transforma el simple deseo de amar a Dios en una resolución entera, incluyendo una confesión general y recibir la Santa Comunión, «para que entregándote del todo a tu Salvador, seas recibido en su santo amor».

El camino prosigue hacia la unión con Dios, donde Francisco de Sales enseña el uso de la oración y los sacramentos como los dos grandes medios para que el Creador nos atraiga hacia sí. La madurez de esta vida espiritual se alcanza en la tercera etapa, dedicada a la práctica de las virtudes, sobre todo aquellas «que más se conforman a nuestra obligación y no con nuestro gusto».

No obstante, el santo advierte que este progreso conlleva un combate espiritual inevitable; por ello, en su cuarta parte, enseña a identificar las emboscadas de los enemigos y a superar tanto las tentaciones ordinarias como las críticas de un mundo que suele tildar la devoción de melancólica. El trayecto culmina con la renovación, un ejercicio para que el fiel se retire periódicamente a reparar sus fuerzas y confirmarse en el amor divino.

Un mensaje para el hombre de hoy

«Verdad es que no soy santo, pero deseo serlo. Y aunque no lo sea, procuraré sembrar y aumentar en tu corazón el amor de Dios, no solo por querer tu bien, sino con la esperanza de que, al despertar el amor de Dios en los demás, también el mío se fortalezca».

Con estas palabras en el prólogo, el santo nos muestra su intención: guiar a otros hacia Dios desde la humildad de su propia fragilidad. Más de cuatro siglos después de su publicación, Introducción a la vida devota sigue siendo un manual de referencia, porque comprende profundamente la condición humana.

Nos recuerda que la perfección no consiste en no tener imperfecciones, sino en enfrentarlas con paciencia: «Nuestra victoria no está en no sentirlas, sino en estar decididos a no consentirlas». Una obra que sigue siendo una invitación abierta para cualquier 'Filotea' del mundo de hoy. Al fin y al cabo, como él mismo afirmaba, «donde quiera que estemos, podemos aspirar a la vida de perfección».

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