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¿Seguidores de Cristo o seguidores en TikTok?

Las redes son también un lugar para anunciar el Evangelio. Pero los sacerdotes debemos preguntarnos qué comunicamos cuando convertimos la estola o la casulla en un reclamo para nuestros vídeos

Priest showing a smartphone and holding a bible isolated on white background

No todo es válido para conseguir seguidoresLjupco Smokovski

No es raro encontrar en las redes sociales a sacerdotes influencers, y hasta ahí no hay nada de malo. Tampoco es raro verlos siguiendo el último baile viral de TikTok con estolas, casullas e incluso capas pluviales ondeando al ritmo de la música. El efecto está asegurado: atraen la atención y las reacciones no faltan. El objetivo en las redes parece cumplido. Pero ¿qué estamos comunicando?

A los curas, el alzacuellos nos parece a veces demasiado explícito para ir a comprar el pan. Sin embargo, podemos encontrar de lo más natural ponernos una casulla para bailar ante el móvil. Quien mira la pantalla reconoce una prenda que ha visto en misa. Al elegirla, llevamos también ese recuerdo al vídeo. Y conviene preguntarnos qué hacemos con él.

Con el alzacuellos o el hábito religioso nos hacemos reconocibles en la vida cotidiana: en la calle, en el tren, en el mercado. Al ponernos la estola añadimos algo: vamos a celebrar un sacramento, a absolver, a bendecir. La casulla habla de la misa. Cuando nos las ponemos para un vídeo que no es una celebración, tomamos prestado el lenguaje del altar. Renunciamos al signo que nos identifica y recurrimos al que describe un acto, justo cuando no lo estamos realizando.

Este verano, el Ayuntamiento de Madrid aprobó su nuevo reglamento de protocolo. Distingue la medalla de los concejales de sus versiones reducidas de etiqueta y de diario, y dispone que la medalla se lleve en los actos cuya solemnidad lo requiera. También fuera de la sacristía se entiende que cada insignia tiene su momento. ¿Por qué a nosotros se nos olvida en cuanto se enciende la cámara?

Una cámara también puede ayudar a comprender la liturgia. Cuando transmite una misa, permite ver la casulla en la acción a la que pertenece; cuando acompaña una explicación sobre las vestiduras, ayuda a entenderlas. Pero la misma pantalla puede mostrarnos, un minuto después, esa casulla moviéndose al ritmo de la canción del momento. La prenda sigue siendo reconocible, y precisamente por eso atrae la mirada. Su fuerza viene del altar, aunque en el vídeo esté sirviendo para otra cosa.

Ojo con las coreografías

Se dirá que así se llega a los jóvenes, que la Iglesia tiene que estar donde está la gente. Tiene que estar, sin duda. Pero estar en TikTok no obliga a convertir la casulla en el vestuario de una coreografía. Una vestidura puede hacerse viral precisamente porque está fuera de lugar. Ese éxito no demuestra que hayamos anunciado mejor el Evangelio. Una buena causa no convierte cualquier uso de lo sagrado en un buen uso. También enseñamos con el uso que hacemos de las cosas.

El vídeo termina y el espectador sigue deslizando el dedo. La imagen, sin embargo, puede acompañarlo hasta la próxima misa. Si ha visto la casulla en un baile el martes, ¿con qué ojos la mirará el domingo en el altar? Ahí hay un precio que no aparece en las métricas. Un signo que se presta a todo acaba diciendo cada vez menos.

Propongo a mis hermanos sacerdotes una prueba sencilla. Si el vídeo funciona igual con el alzacuellos, no necesita la estola. Si solo funciona con ella, estamos usando el signo como reclamo.

La estola no es un filtro que se aplica para dar solemnidad a cualquier contenido. Tampoco es un disfraz. Nos la ponemos para actuar en nombre de Otro. Por eso mismo no deberíamos usarla para hablar en el nuestro.

Hay una antigua oración que el sacerdote reza al revestirse. Besa la estola y, al ponérsela, dice: Redde mihi, Domine, stolam immortalitatis, quam perdidi in praevaricatione primi parentis; Devuélveme, Señor, la vestidura de inmortalidad que perdí por el pecado del primer padre. La plegaria pide a Dios lo que Adán perdió. No pide seguidores.

El P. Claudio Campesato es sacerdote de la diócesis de Padua, Italia. Licenciado en Canto Gregoriano por el Pontificio Instituto de Música Sacra y en Sagrada Liturgia por el Pontificio Instituto Litúrgico de Sant’Anselmo.

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