Los Fossores, el resurgir de una orden dedicada a orar por los muertosEFE

Los Fossores, «el resurgir vocacional» de la congregación que ora por los difuntos

Solo quedan seis religiosos de este peculiar carisma, pero viven confiados en el futuro: «Es una preocupación relativa, porque este negocio es de Dios»

Su carisma es, ciertamente, peculiar, pero encaja a la perfección con el cumplimiento de las dos últimas obras de misericordia: enterrar a los difuntos y orar a Dios por vivos y muertos. Los Hermanos Fossores de la Misericordia suelen ser noticia cada año por estas fechas en las que la Iglesia recuerda con especial intensidad a todos los fieles difuntos.

Se trata de una diminuta asociación publica masculina de fieles de derecho diocesano fundada en 1953 por fray José María de Jesús Crucificado (1919 - 2011) en el cementerio de Guadix (Granada). Allí viven, oran por los difuntos, acompañan a los familiares y limpian el camposanto.

Son sólo seis los religiosos que viven según este carisma. «Últimamente, pues sí, es verdad que ha habido un resurgir vocacional», afirma fray Hermenegildo, el superior de la congregación, aunque tampoco especifica más detalles. En febrero de 2025, fray Gerardo Gabriel, natural de Argentina, fue el último en profesar sus votos temporales.

«Hombre, te preocupa que vayamos muriendo, que nos vamos haciendo mayores y no haya entradas», reconoce fray Hermenegildo. «Pero es una preocupación relativa, porque, como yo digo, este negocio, entre comillas, es de Dios. Entonces, que Él se encargue de decir que somos tal o que somos cual, que somos más o que somos menos. Que se encargue Él, que el negocio, repito, es de Él», concluye.

Fray Hermenegildo, de la congregación de los FossoresMaría Ruiz

En su brevísima etapa de «esplendor» vocacional, abrieron casas en distintos camposantos de España: Jerez de la Frontera (1959), Huelva (1962), Vitoria (1963), Pamplona (1965) y el municipio mallorquín de Felanich (1969). Todas ellas han cerrado ya. Ahora, los fossores concentran sus menguadas fuerzas en los cementerios de Guadix y Logroño. Pero viven confiados, porque el negocio es de Dios.