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El obelisco de la plaza, frente a la fachada de la basílica de San Pedro del Vaticano

El obelisco de la plaza, frente a la fachada de la basílica de San Pedro del Vaticano

El fenómeno visual que se da cada solsticio de verano en la Plaza de San Pedro

A las 13:18 horas del 21 de junio, la punta del obelisco proyecta su sombra sobre la placa de mármol que marca el inicio del verano

Todos los caminos llevan a Roma y en la Plaza de San Pedro todas las miradas se alzan al gran obelisco que se levanta en granito rojo sobre el negro basalto del suelo. Aunque su origen es egipcio, no tiene jeroglíficos. Cuenta Plinio el Viejo que proviene de la ciudad de Heliópolis y que fue el emperador Calígula quien lo mandó llevar a Roma en el año 40 después de Cristo.

Su altura alcanza los 25 metros y medio y su función va más allá de sujetar la cruz que lo corona, que sumada a la altura del basamento y del obelisco alcanza los 40 metros. Es un reloj con 4.000 años de historia que todavía hoy está en funcionamiento. Con cada solsticio de verano –también de invierno– un fenómeno único: a las 13:18 horas la punta del obelisco proyecta su sombra sobre el meridiano.

Ha comenzado el verano y el obelisco así lo indica sobre el meridiano. Pero no ha sido así siempre. Los discos sobre el suelo de la plaza se colocaron en 1817 formando la rosa de los vientos y uno de los meridianos más grandes del mundo. Por un lado, la sombra del obelisco va marcando la hora del día y, por el otro, indica los solsticios de verano e invierno.

Las marcas de mármol blanco que atraviesan la plaza de San Pedro, atraviesan una de las fuentes y llegan a acercarse a la columnata de Bernini, se alargan 50 metros sobre el basalto que cada día pisan miles de personas. Siete placas marcan la posición del sol al mediodía en distintas épocas del año.

Dicen que en el globo que originalmente estaba en lo alto del obelisco, y que fue llevado a los Museos Capitolinos cuando el monumento pasó del Circo de Nerón a la plaza, guardaba las cenizas de Julio César o incluso se afirmaba que eran las de san Pedro.

Mural (1585-1588) de la Biblioteca Apostólica Vaticana, que muestra la instalación del obelisco en la plaza de San Pedro

Mural (1585-1588) de la Biblioteca Apostólica Vaticana, que muestra la instalación del obelisco en la plaza de San Pedro

Quien venerase la cruz de Cristo frente al obelisco con un Padrenuestro y un Avemaría tendría concedida una indulgencia perpetua de diez años. Esta creencia popular hizo pensar que el Papa Sixto V (quien mandó colocar el monolito en San Pedro) había incluido con la cruz en lo alto una reliquia. Cuando fue a restaurarse la parte alta, se descubrió que allí no había nada. Fue en 1740 cuando si guarda en el remate del pináculo un relicario de la Vera Cruz.

En 1585, Sixto V encargó la gran gesta de trasladar el obelisco al arquitecto Domenico Fontana, quien necesitó para mover las 350 toneladas de granito a 900 hombres, 140 caballos y 40 grandes poleas. La misión se tomó cuatro meses y 37.000 escudos de oro de la época.

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