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La familia von Trapp inspiró el famoso musical y película 'Sonrisas y lágrimas'

La familia von Trapp inspiró el famoso musical y película 'Sonrisas y lágrimas'

La indómita novicia que sanó un hogar: cómo Maria von Trapp descubrió su vocación en el amor a un capitán y en los ojos de siete niños

Más allá de Hollywood y de las famosas melodías que tanta gente sigue tatareando, se esconde un profundo misterio de discernimiento, donde la vida consagrada, el matrimonio y la fidelidad a la conciencia se entrelazan de manera Providencial

Sesenta años después de que la gran pantalla inmortalizara su historia en el clásico Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music), la vida de la familia von Trapp sigue conmoviendo a generaciones enteras. Aquella novicia de temperamento indómito que revolucionó un hogar no es solo una invención de Hollywood, sino el testimonio real de un alma ardiente que buscó con sincera humildad la voluntad de Dios. Detrás de las famosas melodías que tanta gente sigue tatareando, se esconde un profundo misterio de discernimiento, donde la vida consagrada, el matrimonio y la fidelidad a la conciencia se entrelazan de manera Providencial.

¿Quién fue Fraulein Maria?

La andadura terrenal de Maria Augusta Kutschera comenzó de un modo singular: nació en un vagón de tren en ruta hacia Viena el 26 de enero de 1905. Su infancia estuvo marcada por la orfandad temprana —su madre falleció cuando ella apenas tenía dos años— y por una educación estricta y solitaria a cargo de una madre de acogida (una prima anciana de su padre) en las afueras de Viena, alejada de la compañía de otros niños.

Durante su juventud, Maria creció bajo el influjo de ideas socialistas y ateas, totalmente ajena a la fe. Sin embargo, la Providencia tenía otros planes. Deseando simplemente escuchar un concierto de Bach, Maria entró en la iglesia de su universidad. En lugar de un mero recital musical, se topó con la predicación de un conocido sacerdote, el padre Kronseder, que la conmovió de tal forma que transformó su vida y sus creencias de raíz. Deseosa de entregarse al Creador, Maria ingresó en la Abadía de Nonnberg en Salzburgo con la intención de convertirse en religiosa.

Sonrisas y lágrimas (1965)

Sonrisas y lágrimas (1965)

«Ve y cásate con el capitán»

Al cabo de un tiempo de que la joven novicia entrara en la abadía, se decidió que debía abandonarlo durante un año para acudir a la Villa de la familia von Trapp como institutriz de la hija del capitán, quien guardaba cama a causa de una fiebre reumática.

El capitán Georg Ritter von Trapp, un comandante de la armada austrohúngara que había sido ascendido en 1918 por el emperador Carlos I –el beato Carlos de Habsburgo– tras sus misiones en submarinos, se encontraba sumido en la desolación tras enviudar en 1922, quedando solo al cuidado de sus siete hijos. El encuentro de Maria con la familia fue un renacimiento para todos. La alegría de Maria, expresada a través de la música y el cariño, comenzó a sanar las heridas de aquel hogar rígido.

Al expirar el primer año de estancia, los niños, encariñados con ella, pidieron a su padre que hiciera algo para que se quedara, sugiriéndole incluso que se casara con ella. El capitán, dudoso, respondió: «¡Ni siquiera sé si le gusto!». Fueron los propios niños quienes acudieron a preguntarle directamente, y ante el «Sí, claro que sí» de Maria, el compromiso quedó sellado.

Pero la decisión de dejar el claustro para abrazar el matrimonio no fue una huida de su vocación, sino su cumplimiento más puro. En una histórica entrevista grabada años más tarde, la propia Maria von Trapp recordaría con detalle aquel momento crucial de discernimiento con su Madre Superiora:

«Yo no le dije que me iba a casar con él. Le pregunté qué debía hacer. Y yo esperaba, contra toda esperanza, que ella me dijera que me quedase en el convento con ellas, porque de verdad deseaba eso, ¿sabe? Ella desapareció por un momento y las monjas se reunieron entre sí. Luego regresó y me dijo: «Hemos descubierto que la voluntad de Dios es que estos niños tengan otra madre, y esa eres tú. Así que ve y cásate con el capitán»».

María comprendió que su vocación no se desvanecía al abandonar el convento; al contrario, descubrió que Dios la llamaba a entregar su vida de otra manera. En la película, cuando confundida y asustada regresa a la abadía buscando refugio, la Madre Abadesa la ayuda a comprender que no siempre encontramos a Dios alejándonos de aquello que nos inquieta, sino atreviéndonos a seguir el camino al que Él nos llama. Sus palabras —«Cuando el Señor cierra una puerta, en algún lugar abre una ventana»— la invitan a confiar y a discernir su verdadera vocación.

La encrucijada de la guerra

La unión matrimonial se celebró el 26 de noviembre de 1927. Con el tiempo, la familia creció y nacieron dos hijas más de este matrimonio. En 1935, el sacerdote Franz Wasner entró en las vidas de la familia y aportó sofisticación y madurez musical al que hasta entonces era el pasatiempo familiar: el canto. Bajo su dirección, las voces puras y naturales de los von Trapp ganaron el primer premio en una competición coral durante el festival de Salzburgo de 1935. Además, comenzaron a dar conciertos profesionales por Europa bajo la guía del padre Wasner, que se convirtió en su capellán de viaje

El momento de mayor sacrificio para la familia llegó en 1938 con la anexión de Austria al régimen alemán de Adolf Hitler. El capitán von Trapp recibió presiones e importantes ofertas para ocupar un alto cargo en su marina de guerra. Su respuesta fue un testimonio de objeción de conciencia y lealtad moral superior a cualquier poder político injusto: «He jurado mi voto de lealtad a un solo Emperador», afirmó.

Los von Trapp se vieron ante una encrucijada: someterse al régimen a cambio de comodidad y riquezas, o sacrificar toda su seguridad material para salvaguardar su libertad espiritual y su fidelidad a la verdad. Fieles a su conciencia, eligieron salvar su riqueza espiritual por encima de la material.

El eco eterno de un clásico familiar

Abandonaron su hermosa finca en Salzburgo con lo puesto, cargando mochilas y vistiendo ropas de montaña, como si salieran a realizar una de sus caminatas familiares habituales por los Alpes. Tomaron trenes a través de los Alpes austríacos, cruzando la frontera de Italia y luego Suiza, Francia, hasta llegar a Londres, embarcándose finalmente rumbo a los Estados Unidos, donde llegaron en septiembre de 1938 con nueve hijos y un décimo en camino.

Su única casa durante los dos primeros años en el nuevo continente fue el propio autobús de gira en el que viajaban como «The Trapp Family Singers» bajo la dirección de su capellán. En tierras americanas, concretamente en Vermont, Maria encontraría un nuevo hogar rodeada de montañas que le recordaban a su amada Austria, manteniendo siempre el indómito espíritu de fe, honestidad y amor familiar que la caracterizaba.

La inolvidable película Sonrisas y lágrimas inmortalizó el espíritu de esta familia para las generaciones venideras. Aunque el cine modificó ciertos aspectos de la historia real, plasmó con acierto la gran verdad que sostuvo a Maria y los suyos: la familia como un camino de santificación cotidiana, donde la herida se cura a través del amor y la alegría cristiana se conserva intacta, no por la ausencia de sufrimiento, sino por la certeza inquebrantable de la esperanza en medio de él.

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