06 de diciembre de 2022

La

Las Escuelas Rurales fue una de las más importantes obras de acción social, de don, de gratuidad revitalizadora y de restructuración social en EspañaAcdP

Ángel Herrera y el plan de choque de las Escuelas Rurales de Málaga

El objetivo era multidimensional: escolarización primaria, alfabetización de adultos, incremento del nivel cultural, catequización, atención religiosa y cohesión social de poblaciones dispersa

Málaga año 1950. Se estimaba la población de la provincia de Málaga en 749.045 habitantes, de los que 202.991 vivían fuera de núcleos urbanos y en zonas de montaña, de los que 60.989 se agrupaban en pequeñas aldeas. En 251.000 se calculó el total de analfabetos (un 38,6 %) y en 40.000 los niños sin escolarizar. Dos tercios de la superficie de la Provincia (7.276 km2) se definía como terreno accidentado y montañoso carente de una adecuada red de comunicaciones. Los mayores porcentajes migratorios se daban en las zonas rurales. La situación socio-económica y demográfica era netamente «dual», progresiva en la capital y el litoral y marcadamente regresiva en el interior de la Provincia. (En 1967 la renta «per cápita» en la Provincia, incidiendo ya el turismo, era de 450 $US y la de España de 800 $US; otra cosa, conocer los índices de desigualdad social y de pobreza, así como la «renta real» que correspondía por habitante). Ante estos alarmantes indicadores, Don Ángel Herrera Oria decide poner en marcha un «plan de choque» mediante la creación de una red de Escuelas-capillas Rurales. El objetivo era multidimensional: escolarización primaria, alfabetización de adultos, incremento del nivel cultural, catequización, atención religiosa y cohesión social de poblaciones dispersas en aldeas, en pequeños núcleos sin municipio, cortijadas con un mínimo de comunicación, cortijos aislados y con malas comunicaciones. Este plan no partía de cero, pues la Diócesis había desarrollado previamente acción educativa con la creación de Escuelas Parroquiales con el Obispo San Manuel González García y promoviendo tres Escuelas de Magisterio de la Iglesia e incluso formando a lo maestros rurales itinerantes.
Ceu Cardenal Herrera Oria.

Ceu Cardenal Herrera Oria

Para niños y adultos

La carencia de escuelas era muy notable. Se necesitaba crear 818 escuelas primarias; el ministerio de Educación creó 291. El déficit era de 593. En 1954, siendo ministro de Educación el Prof. Joaquín Ruíz-Giménez Cortés, se promulga una Ley (1854) sobre «Plan quinquenal de educación primaria en la Provincia de Málaga» para, mediante la creación de un Patronato Mixto Iglesia-Estado, desarrollar el nivel de educación primaria en zonas rurales como complemento de la actividad de las escuelas nacionales del Estado. Se construyeron 250 escuelas rurales unitarias, dependientes del Patronato Mixto, con su mobiliario, material escolar y casa-habitación, para el maestro o maestra, así como una capilla, en puntos equidistantes de los núcleos de población dispersa. Para preparar a los docentes, también se crearon 5 escuelas de magisterio rural. Un objetivo complementario al empeño de la escolarización primaria era el de una iniciación a la formación profesional.

Desde su creación en 1955, se escolarizó a unos 30.000 niños y a unos 10.000 adultos

La clientela se componía no solamente de niños en edad escolar primaria sino también de adultos. La escuela rural se convirtió en un centro de «animación» a través de una permanente interacción escuela-medio social, promocionando actividades extraescolares de muy diversa índole y llegando a ser una herramienta fundamental para crear unos mínimos culturales de cohesión social de la población dispersa con niveles económicos altamente deprimidos por no decir de marginación. El aislamiento de la escuela rural obligaba a largos desplazamientos a pie de los alumnos. En el maestro o la maestra que habitaban en ella también repercutía ese aislamiento, además del esfuerzo particular para dirigir una escuela unitaria con métodos pedagógicos muy particulares: atender la educación primaria de los niños, las actividades lúdicas y de ocio, la higiene elemental creando botiquines de asistencia sanitaria primaria, así como la alfabetización de los adultos), sin silenciar las tareas específicamente de acción social y de catequesis. Son muy reveladores unos datos de 1970 sobre la distancia entre la escuela rural y el pueblo más cercano: 22 escuelas a menos de 2 kilómetros; 68 escuelas a una distancia de 2 a 5 kilómetros; 78 escuelas distantes entre 6 y 10 kilómetros; 49 escuelas a más de 10 kilómetros. No hay estudios disponibles que definan los diferentes niveles de influencia de la escuela rural unitaria sobre el medio social y del medio social sobre la escuela. Se conocen los hechos «extraescolares» que acontecieron a partir de la creación de estas escuelas rurales. En 1962 se crearon las Juntas de Vecinos (dispersos en la población dispersa) con objetivos definidos como sigue: Velar por la conservación y mejora del edificio escolar; estimular la asistencia de niños y adultos a la enseñanza; estudiar el planteamiento de problemas que afecten a la comunidad rural para su debida presentación a los organismos competentes, debiendo además hacer cuanto estuviera a su alcance para mejorar la formación profesional de los campesinos, lo que dio como resultado más destacable algunas realizaciones de carácter cooperativo. También se crearon Asociaciones de Padres de Familia con la finalidad de seguir de cerca el proceso de formación e instrucción de sus hijos, que constituyeron un medio muy eficaz para vincular a los padres a la vida de la escuela rural. Se llegó a fundar una Asociación de Antiguos Alumnos de las Escuelas Rurales.
.

.Ceu Cardenal Herrera Oria

Estas escuelas rurales fueron un medio básico de socialización y de cohesión social

Según estimaciones de 1971, las escuelas rurales de la Diócesis de Málaga escolarizaron, desde su creación en 1955, a unos 30.000 niños y a unos 10.000 adultos. En este mismo año, se estimaba en 6.797 los niños sin escolarizar en zonas rurales (un 47 % del total); un 53 % se encontraba escolarizado por las escuelas rurales diocesanas que cubrían más de la mitad de las necesidades de escolarización en las zonas rurales. Sin embargo, una de las metas esenciales de la red de escuelas rurales diocesana, junto a la promoción social y cultural, fue la promoción de los niños en el interior de sistema educativo nacional de España. Las condiciones de pobreza y de subdesarrollo de esas zonas, así como la práctica ausencia de becas, eran los principales obstáculos. En 1968, de un total aproximado de 25.000 niños que habían pasado por las escuelas rurales, solamente 513 son promovidos a otros centros (130 a Educación especial y protección de menores, y 383 a otros niveles superiores de enseñanza). Causas intrínsecas al microsistema educativo que presentamos debían, sin duda, disminuir considerablemente la calidad de la enseñanza. Una de ellas, la ratio maestro/alumnos. Más de un 50% de escuelas presentaban una relación de más de 50 alumnos por 1 maestro, agravado por el hecho de que eran unitarias (con maestro único), con varios grados. Se dio el caso de cuatro escuelas que la ratio era de un maestro por 100 alumnos. Otro elemento con incidencia negativa desde el punto de vista pedagógico: en la misma aula se simultaneaba, a veces, la educación de los niños con la educación de los adultos).

Fue una de las más importantes obras de acción social, de don, de gratuidad revitalizadora y de restructuración social que promovió el Cardenal Herrera Oria

A veces, la frialdad de las cifras oculta otras realidades que pueden ser más relevantes y significativas. Estas escuelas rurales fueron un medio básico de socialización y de cohesión social. Sin estas escuelas, tales hechos sociales hubiesen sido inexistentes. Incluso los relatos sagrados de la historia de la Antigüedad en la especificidad catequética abriría nuevos horizontes a la imaginación de los niños. Estas escuelas rurales fueron cabezas de puente entre el «medio» disperso y el «exterior» de poblaciones aisladas a las que el sistema de educación nacional no les dio prioridad alguna.
Desde el punto de vista del desarrollo comunitario, en 1969 se calculaba que desde la creación de las escuelas rurales en 1954, se habían construido 85 caminos; tendidas 29 líneas de electricidad; instalados 18 teléfonos y conseguidas 20 conducciones de agua. A ello hay que añadir la asistencia sanitaria elemental y la asistencia social en general en un contexto particularmente difícil y complejo. Es preciso destacar la iniciación al cooperativismo, sin que llegase a ser un movimiento zonal.
.

.Ceu Cardenal Herrera Oria

Las escuelas rurales fundadas por Don Ángel Herrera Oria, siendo Obispo de Málaga, fueron un dique de contención y un freno muy importante al analfabetismo, por su doble vertiente de educación primaria de la población infantil y de educación de los adultos, atacando la raíz del problema y cortando la reacción en cadena, hereditaria y reproductora en medios rurales de pobreza y marginalidad. A los mejores alumnos se llegó a facilitar, no sin dificultades, becas para estudios superiores: formación profesional, bachillerato y universidad. La acción de esta red escolar diocesana fue posible gracias a la disponibilidad, compromiso social y motivaciones religiosas de los maestros y maestras que la atendieron. Un estudio comparativo, no realizado y actualmente imposible de hacer, entre una muestra detallada de zona con escuela rural y otra muestra de zona análoga pero sin escuela rural, nos habría llevado a las conclusiones que hoy quedan como hipótesis no verificables: el aprendizaje de la solidaridad entre personas que viven distantes unas de otras y que forman parte del campesinado pobre, del peonaje, leñadores aislados, carboneros, etc.; la apertura de espíritu; la elevación del nivel cultural; una visión diferente del mundo existente más allá del propio mundo aislado en que vivían; una toma de conciencia de la propia dignidad de la persona humana para poder alcanzar mejores condiciones de existencia; la toma de conciencia del bien común y dela justicia social.
Don Ángel Herrera Oria, Obispo-Cardenal de Málaga, moría el 28 de julio de 1968, es decir, catorce años después de la creación de la red de Escuelas Rurales Diocesanas de la Provincia de Málaga que supervisó un Patronato Mixto Iglesia-Estado, sin duda en formal y respetuosa complicidad con el entonces Ministro de Educación, su discípulo y amigo, el profesor Joaquín Ruíz-Giménez. Fue una de las más importantes obras de acción social, de don, de gratuidad revitalizadora y de restructuración social que promovió el Cardenal Herrera Oria para que una población en condiciones de pobreza, compuesta de personas concretas, dejara de formar parte de los olvidados y recuperara la conciencia de su propia dignidad.
  • Francisco Javier Carrillo Montesinos es Académico Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
  • Francisco García Mota es Doctor en Ciencias de la Educación, Ex Deán de la Catedral de Málaga. Fue Presidente del Patronato Mixto de Educación Primaria del Obispado de Málaga. Su tesis doctoral versó sobre «Escuelas Rurales, Patronato Mixto de Educación Primaria, Obispado de Málaga. Colaborador en la Semana sobre la vida y obra del Cardenal Herrera Oria: Obra Educativa de Ángel Herrera, Ayuntamiento de Málaga, 2006, Autor de Ideas Pedagógicas de Ángel Herrera, Seminario Diocesano de Málaga.
Comentarios
tracking