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Monseñor Munilla ha participado en un encuentro sobre la figura de san Juan Pablo II por el 40 aniversario de su primera visita a España

Obispo Munilla: «Juan Pablo II era el Papa adecuado para derribar muros»

El obispo Munilla participó en un coloquio conmemorativo de la visita de san Juan pablo II celebrado en la capital catalana, donde se rememoró el legado del pontífice

San Juan Pablo II llegó a Barcelona acompañado de la tormenta. Hace 40 años, el pontífice polaco visitó por primera vez España, y la etapa catalana de su viaje estuvo marcada por un tiempo terrible que no apagó el ánimo de miles de fieles que se acercaron a conocerle, fuera en la ceremonia que celebró en la Sagrada Familia, en la subida nocturna con antorchas a la abadía de Montserrat o en la misa multitudinaria que celebró en el «templo» blaugrana, el Camp Nou.

La Universidad Abat Oliba CEU (UAO), en Barcelona, conmemoraba esta visita con un coloquio en el que participó de forma telemática el obispo de Alicante, José Ignacio Munilla. «El pastoreo de San Juan Pablo II configuró totalmente mi sacerdocio», apuntó el prelado, y recordó que vivió la primera visita del pontífice a España siendo seminarista. «Recuerdo que durmió en nuestro seminario, en Toledo, y tuvimos el regalazo de que pasase su cumpleaños con nosotros: invitamos a un camarero polaco desde Madrid para que nos enseñase a cantar el Cumpleaños feliz en su idioma», rememoró.

Munilla también glosó la figura de San Juan Pablo II en tres palabras: «Paternidad, esperanza y creatividad». El obispo lamentó que Occidente tiene «una gran herida, una gran carencia de paternidad», y dijo que Karol Wojtyla fue «un padre que me ha enseñado a ejercer de padre». También destacó que la esperanza marcó el pontificado de San Juan Pablo II del mismo modo que la fe marcó el de Benedicto XVI y la misericordia, el de Francisco. «Las tres virtudes teologales han de estar unidas, sería un error disociarlas, porque tienen un cuerpo común», reflexionó.

También celebró la creatividad del polaco, con iniciativas como las Jornadas Mundiales de la Juventud o el impulso al testimonio como modelo de evangelización, tan presente hoy en día. «San Juan Pablo II es la imagen viva de cómo el Reino de Dios tiene la capacidad de impregnarlo todo: también la cultura, también la política; era el Papa adecuado para derribar muros», concluyó, en referencia a la caída de la Unión Soviética.

Un encuentro «luminoso»

El acto estuvo organizado por la UAO, e-Cristians y el Instituto de Humanidades Ángel Ayala. Estuvo introducido por el decano de la Facultad de Comunicación, Educación y Humanidades, Enrique Martínez, quien recordó en primera persona su encuentro con el Papa como uno de los jóvenes que subieron a Montserrat bajo la lluvia y el viento. «Fue realmente luminoso», destacó el decano, y recordó que San Juan Pablo II es patrono de su facultad.

Por su parte, la delegada en Barcelona del Instituto de Humanidades Ángel Ayala, Carmen Cortés, recordó la homilía que el pontífice ofreció hace 40 años en el Camp Nou: «Infundid en las realidades temporales la savia de la fe de Cristo, conscientes de que esa fe no destruye nada auténticamente humano, sino que lo refuerza, lo purifica, lo eleva». «Esa es -concluyó- la misión de nuestra universidad y nuestro Instituto».

Un modelo para la juventud

El encuentro también contó con una mesa redonda en la que el presidente de E-Cristians, Josep Miró i Ardèvol, y el director del Departamento de Educación y Humanidades de la UAO, Marcin Kazmierczak, rememoraron el legado de San Juan Pablo II. «Soy partidario de crear una nueva ciencia multidisciplinar, la wojtylología, porque su figura daría para estudiarse desde muchos ángulos», bromeó Kazmierczak, que tuvo a Karol Wojtyla como obispo en su Cracovia natal hasta los cinco años.

Los ponentes destacaron la cercanía de San Juan Pablo II con la juventud. Para Miró i Ardèvol, «las personas como él, que hablan claro y no se ponen de perfil frente a realidades adversas, llegan con más facilidad a los más jóvenes, que mantienen una visión justiciera del mundo». Kazmierczak abundó en esta idea: «A pesar de las apariencias, los jóvenes quieren que los adultos sean exigentes con ellos, y Juan Pablo II les ofrecía grandes ideales, no una vida plana».

Kazmierczak también destacó la formación del joven Wojtyla, que estudió latín, griego y teatro en el colegio, como clave para entender su figura, y Miró i Ardèvol puso en valor el «poder moral» que los líderes mundiales atribuían a San Juan Pablo II y el modo que tuvo este de articular el Concilio Vaticano II, en línea con la tradición de la Iglesia.