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Santo Tomás de Aquino, pintado por Carlos Crivelli en 1476

El triple jubileo de Tomás de Aquino: nacimiento, muerte y canonización del doctor angélico

Su gran síntesis filosófica teológica permitió asumir las grandes conquistas del pensamiento aristotélico y ponerlas al servicio de la Revelación, conciliando de modo admirable fe y razón

Estamos dentro del triple jubileo de santo Tomás, que comenzó el 28 de enero del 2023 y acabará el 28 de enero del 2026. Jubileo que conmemora el nacimiento, la muerte y la canonización del doctor angélico. Son muchos los actos que se están realizando y se realizarán en memoria de uno de los espíritus más brillantes de la cristiandad.

Su gran síntesis filosófica teológica permitió asumir las grandes conquistas del pensamiento aristotélico y ponerlas al servicio de la Revelación, conciliando de modo admirable fe y razón; de aquí que Pablo VI lo haya podido considerar «precursor del nuevo rumbo de la filosofía y de la cultura universal». Ahora bien, como todo genio de su tiempo, santo Tomás no se entiende si no es insertado en una fecunda tradición filosófica que lo antecede e impulsa, tradición que está compuesta por pensadores de la altura de san Agustín, Proclo, Dionisio, Boecio y Alberto Magno, entre otros muchos.

Uno de los eventos que se enmarcan en este jubileo es la reciente publicación de la traducción del Comentario de Santo Tomás a Los Nombres Divinos de Dionisio. Como señala Martín Echavarría, autor del excelente estudio preliminar de esta edición, Dionisio, el autor de la obra comentada por el Aquinate, no es solo uno de los teólogos más influyentes en la teología de occidente y de oriente, sino que es, junto con Aristóteles y san Agustín, probablemente uno de los autores que más influyó en el mismo Tomás Aquino.

Dionisio, su precursor

Asumió el doctor angélico del pseudo Dionisio cuestiones tan centrales para la teología natural como su doctrina sobre el conocimiento de la esencia divina y su denominación, el concepto de participación de una perfección pura o la metafísica de la difusividad del bien.

En el capítulo tercero de esta obra encontramos la siguiente afirmación de santo Tomás, parafraseando a Dionisio: «Así pues, cualquier cosa que Dios haga a las criaturas, ya sea el ser, ya el vivir y cualquier otra cosa, todo procede de la bondad divina y todo pertenece a la bondad de la criatura»; y más adelante, explicando la metáfora del sol utilizada por Dionisio, precisa santo Tomás: «así como nuestro sol material, por su ser natural y sin razonar o preferir una cosa a otra, ilumina todas las realidades que pueden participar de su luz, según su medida, del mismo modo, también el bien que es Dios, (…), por su esencia, proporcionalmente, infunde en todos los existentes los rayos de su bondad en todo aquello que pertenece a la bondad». La creación entera no es sino manifestación de la Bondad divina, esta es la mirada profunda que santo Tomás heredó de Dionisio y que todo cristiano está invitado a tener; verdad que es una profundización de lo contenido en la Revelación.

En la búsqueda de lo uno, de lo originario y radical que los primeros filósofos, los físicos, andaban buscando, el pensador cristiano se encuentra con un amor original, un amor que crea libremente solo para comunicarse, un amor que se desparrama en su obra, sin perderse en ella. Está bondad difusiva se comunica en la creación según medida, de modo que, a mayor comunicación del bien, mayor bondad de la criatura. Es la persona, por su misma bondad, la destinataria última de esta difusividad, de todo el bien presente en la creación y, sobre todo, del bien. Toda persona ha venido a la existencia por un acto libérrimo de un Amor originario que no quiere sino comunicarse, como el amante a su amada.

Volver al origen

La doctrina de la difusividad del bien permite comprender, entre otras cosas, el orden de la creación, pero también el obrar perfecto como ordenado a comunicar el bien poseído y no meramente a suplir una carencia. Es verdad que, como genialmente nos dice Aristóteles en su Política, la vida en sociedad ha sido necesaria para que el hombre alcance una autarquía que por sí sólo no puede obtener, pero, sobre todo, señala el mismo filósofo, se ordena a que el hombre se goce en el bien vivir.

A la luz de lo que venimos comentando podemos profundizar en que el bien vivir, tanto para la vida personal como social, se ordena a comunicar la propia bondad, la propia perfección. Sin duda, la doctrina de la difusividad del bien ayuda a tener una mirada nueva sobre el pleno sentido del matrimonio, de la educación, del trabajo, de las fiestas y de la amistad, toda ellas realidades en que se ha de comunicar la propia perfección, la propia bondad.

Quizás una de las razones por la que en nuestra sociedad ya no tenga hijos, sea que se ha oscurecido la verdad sobre el origen de nuestra existencia. Santo Tomás puede ayudarnos a recuperar esta mirada, a recordar este amor originario. Que el jubileo que nos invita a vivir la Iglesia sea ocasión de volver a leer a Tomás. Como doctor de la Iglesia, el pensamiento de santo Tomás no puede quedarse sólo como objeto de estudio en las facultades de Teología o Filosofía, sino que tiene que poder ser asumido por la vida personal de los cristianos, para que, profundizando en sus enseñanzas, seamos conducidos a participar más y más en la verdad.

Rosario Neuman Lorenzini es profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad San Dámaso.