Oración, barro, rugby y perdón: la reinserción que se juega en una cárcel madrileña
En Estremera, internos y voluntarios entrenan juntos y aprenden disciplina, respeto y trabajo en equipo, valores que pueden abrirles las puertas a una nueva vida
No lleva un uniforme de funcionario ni un expediente bajo el brazo. Cada martes, Mateo —financiero uruguayo de 35 años afincado en Madrid, casado y padre de tres hijos— entra en el Centro Penitenciario de Estremera con un balón de rugby. Su misión: convertirlo en un camino de reinserción. Junto a un grupo de amigos, también organiza partidos y sesiones de formación un fin de semana al mes, bajo el paraguas de Invictus (Asociación de Rugby Penitenciario), fundada en 2023 para dar cobertura y profesionalizar esta labor.
Actualmente, diez centros penitenciarios españoles practican este deporte, pero Estremera es pionero gracias a Carlos, funcionario entusiasta que en 2011 fundó el primer equipo penitenciario. «Propuse el rugby como deporte con valores y desde entonces han pasado más de 1.000 internos por la escuela y ahora hay 45 internos y 25 internas jugando. Me parece admirable el trabajo de los voluntarios, que ayudan a interiorizar el respeto, la solidaridad, la disciplina o el trabajo en equipo en una actividad donde todos son bienvenidos y los propios reclusos animan a otros a participar», explica para la página del Opus Dei.
Mateo y Fernando, otro voluntario, resumen el objetivo: «Lo que queremos es reducir la violencia carcelaria, fomentar el crecimiento personal y preparar a los internos para una reintegración social efectiva, disminuyendo así la reincidencia delictiva».
Segundas oportunidades y vida en el campo
Exinternos como Nistor y José confirman la eficacia del proyecto. Nistor recuerda: «Los voluntarios te dan vida y esperanza, te consideran y tratan como personas que necesitan ayuda. Lo que es mucho en estas circunstancias». José, por su parte, añade: «Actualmente trabajo y entreno a dos equipos, uno de ellos es el femenino de la prisión de Estremera. Agradezco mucho la ayuda y que la presten voluntarios que dedican su tiempo a unos ‘excluidos’. El rugby te abre a los otros y te libera cuando sales al campo. Que te vean contento e ilusionado arrastra a los demás. Quiero devolver la ayuda que recibí entrenando a las chicas».
El deporte refuerza la igualdad, la disciplina y el trabajo en equipo. «Somos un equipo para ofrecer segundas oportunidades, promoviendo el perdón, la honestidad, la disciplina y la resiliencia para superar adversidades y crecer juntos», explica Fernando. La actividad es de acceso libre y participan unos 40 internos, apoyados además por empresas y particulares que facilitan equipamiento, transporte y formación.
Formación y fe como aliados
Cada mes, expertos complementan las sesiones deportivas con charlas sobre valores y desarrollo personal. Entre ellos, Pablo Delgado de la Serna, Pablo Gutiérrez, exjugador de la selección española, y Miguel Duro, profesor del IESE y Harvard.
También interviene don Mariano, sacerdote, para hablar de perdón considerando la diversidad de creencias. El proyecto, además, también ha encontrado aliados singulares. Roberto Canesa y Gustavo Cervino, supervivientes de la tragedia de los Andes, respaldan con firmeza la labor de Invictus.
Mateo, que es supernumerario del Opus Dei, reconoce la dimensión espiritual del proyecto: «Me sirve mucho seguir a san Josemaría, que anima a dejar huella, a apoyar a los demás para que sean felices, a comprobar cómo la fe es una gran aliada. Yo quiero hacerlo a través del rugby y de la amistad, y de la oración por cada uno de los jugadores. La formación que recibo en la Obra me alienta y me ayuda a intentar hacer las cosas bien».
Y añade: «El trato con los reclusos te ayuda a comprender y a no creerte especial. Compartes historias muy duras, tocas la debilidad y las ganas de recomenzar. Me emociona conocer gente que tiene condenas largas y que podría estar desesperada, y a la que el rugby ofrece retos e ilusiones a corto plazo».