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Detalle de una pintura de Ludovico Mazzanti en la que aparece san José de Cupertino planeando

Detalle de una pintura de Ludovico Mazzanti en la que aparece san José de Cupertino planeando

De «inútil» y «bueno para nada» a santo y patrono de quienes tiemblan ante un examen

Nadie creería que aquel joven torpe, olvidadizo e inepto para los estudios llamado José de Cupertino terminaría convertido en uno de los santos más queridos de la Iglesia, cuya fiesta se celebra hoy

La reciente canonización de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati ha vuelto a poner sobre la mesa un recordatorio importante: la santidad es una llamada universal, que no exige grandes talentos ni hazañas y que puede surgir en la vida cotidiana, incluso cuando parece que uno no está hecho para destacar.

Ese fue el caso de José de Cupertino, quien parecía 'condenado' a la incompetencia. Sin embargo, lejos de rendirse, él mismo resumía su secreto: «Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe».

A los 17 años quiso ingresar a varias ramas de los franciscanos, pero fue rechazado una y otra vez precisamente por esa torpeza. Finalmente, los frailes capuchinos lo aceptaron como hermano lego… solo para expulsarlo meses después por «ineptitud».

Incluso un familiar adinerado que lo acogió terminó echándolo, diciéndole que era «un bueno para nada». Pero José, lejos de rendirse, encontró refugio en el convento de un pariente franciscano, donde comenzó a trabajar en el establo. Ahí, de manera sorprendente, empezó a florecer: la humildad, la paciencia y la oración se convirtieron en sus cimientos.

El hombre que volaba

Por su constancia y espíritu de sacrificio, finalmente fue admitido formalmente en el convento y, años después, destinado al estudio sacerdotal. Y aquí es donde la historia se pone interesante: José no era un genio académico. Frente a los exámenes, a menudo se quedaba en blanco, paralizado por los nervios.

Pese a su 'torpeza escolar', ocurrió algo extraordinario. Durante la prueba más importante de su formación, Dios pareció intervenir: el pasaje bíblico que José debía explicar era precisamente el único que él podía comprender y exponer con claridad. Se trataba del versículo de la Visitación: «¡Bendita tú entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!».

Al llegar al examen, el examinador anunció: «Voy a abrir el Evangelio, y la primera frase que salga será la que debe explicar». Para asombro del propio José, la frase fue exactamente la única que sabía explicar. En la prueba final del examen, el obispo decidió dejar de examinar a los demás candidatos, librando al joven de enfrentar la prueba final. No fue mera suerte: fue la Providencia reconociendo su esfuerzo y perseverancia.

Gracias a su compromiso, aunque no a su brillantez académica, san José se convirtió en patrón de los estudiantes, especialmente aquellos que enfrentan dificultades en los estudios y exámenes 'imposibles'. El 18 de marzo de 1628 fue ordenado sacerdote, dedicando su vida a la oración, la penitencia y la ayuda a los demás. Su fama de santo místico creció con los años: se le vio levitar en éxtasis y, según numerosos testimonios, volar de un lado a otro del convento.

José de Cupertino falleció el 18 de septiembre de 1663. Hoy, además de patrono de los estudiantes, protege a los viajeros, los astronautas y los aviadores. No era el más listo de la clase, pero con fe, confianza en Dios y perseverancia acabó pasando la prueba más importante de la vida: la de llegar al cielo.

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