Retrato de santa Josefina Bakhita
Vendida cinco veces y marcada por 114 cicatrices: Josefina Bakhita, la santa que fue esclava y conquistó la libertad
Cada 8 de febrero se celebra la fiesta de esta mujer sudanesa, cuya existencia estuvo atravesada por el dolor, pero que logró transformar reconociendo en Dios a aquel que «desde mi más tierna infancia había sentido en mi corazón sin saber quién era Él»
«Viví una vida muy feliz y despreocupada, sin saber qué era el sufrimiento», escribió una mujer que llegaría a alcanzar los altares. Sin embargo, la vida de Josefina Bakhita fue un largo itinerario de esclavitud, sufrimiento y heridas físicas y morales, hasta que su llegada a Italia le permitió descubrir, por primera vez, el rostro de Dios.
Su historia de dolor comenzó a una edad temprana, entre los siete y los nueve años, cuando fue secuestrada. El trauma fue tan devastador que olvidó su nombre original, su lengua materna y hasta su edad. Sus captores, en un acto de crueldad, la apodaron Bakhita, que en árabe significa «afortunada». Bajo ese nombre, recorrió 960 kilómetros descalza desde su aldea hasta El Obeid, siendo vendida hasta en cinco ocasiones antes de ser finalmente regalada.
La crueldad de su cautiverio alcanzó su punto más oscuro bajo el dominio de un general turco. Bakhita relata en sus memorias que no hubo un solo día en el que no resultase herida; su cuerpo fue utilizado como un lienzo de tortura donde se realizaron 114 dibujos mediante cortes con cuchillas. Para evitar que las heridas cicatrizaran de forma natural y asegurar que las marcas fueran permanentes, sus amas llenaban los cortes con sal mientras la vigilaban látigo en mano. Solo su rostro quedó intacto, preservado por la belleza que sus dueñas aún apreciaban en ella.
El giro definitivo hacia la libertad comenzó a finales de 1882, cuando fue adquirida por el vicecónsul italiano Callisto Legnani. Por primera vez en años, Bakhita recibió ropa y un trato humano. Tras su traslado a Italia y un periodo como niñera de la familia Michieli, la joven fue confiada temporalmente a las hermanas Canossianas de Venecia. Fue allí donde descubrió la fe, reconociendo en Dios a aquel que «desde mi más tierna infancia había sentido en mi corazón sin saber quién era Él».
De Bakhita a 'sor moretta'
Su determinación fue tal que, cuando sus antiguos dueños quisieron llevarla de vuelta a África, Bakhita se negó a abandonar el monasterio. Un tribunal italiano terminó por darle la razón, dictaminando que nunca había sido legalmente una esclava, dado que la trata de personas había sido abolida en Sudán antes de su nacimiento.
El 9 de enero de 1890 recibió el bautismo, la comunión y la confirmación de manos del entonces patriarca de Venecia, Giuseppe Sarto, el futuro Papa Pío X. Josefina Margarita Afortunada, como fue bautizada, dedicó el resto de su vida a la comunidad religiosa, donde destacó por su gentileza y su eterna sonrisa y fue apodada cariñosamente como sor moretta (la hermana morena).
Bakhita falleció en 1945 tras años de enfermedad que afrontó con buen ánimo. Fue canonizada el 1 de octubre del año 2000 por Juan Pablo II. Desde entonces es venerada como una santa africana contemporánea y como ‘hermana universal’, un título que hasta entonces solo se había atribuido a san Francisco de Asís.