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El joven Marco Gallo era un apasionado de los deportes

El joven Marco Gallo era un apasionado de los deportesChiesa di Milano

Marco Gallo, un millennial más camino a los altares: el adolescente que prefirió a Dios antes que al «ídolo» del sábado noche

Milán se prepara para abrir el proceso de beatificación de un italiano apasionado por la vida que, antes de morir en un accidente de moto, dejó escrito el secreto de su felicidad

Carlo Acutis, Pier Giorgio Frassati, Chiara Badano o Sandra Sabattini son algunos de los nombres italianos que en los últimos años han situado a los jóvenes en el centro de los procesos de beatificación y canonización impulsados por la Iglesia.

A esta lista se sumará el de Marco Gallo el próximo sábado 7 de marzo, cuando la Capilla Arzobispal de Milán acoja la apertura oficial de su proceso, presidida por el arzobispo, monseñor Mario Delpini. La fecha no es casual: ese mismo día Gallo habría cumplido 31 años.

Sin embargo, su biografía se detuvo abruptamente a los 17, dejando tras de sí un rastro de fe que ha transformado la etiqueta de 'adolescente pasota' en la de un candidato a la santidad que entendía la existencia no como una acumulación de años, sino como una tensión constante hacia lo infinito.

Un joven con mirada sobre lo infinito

Nacido en Chiavari, Génova, en 1994, Marco fue un joven de carácter enérgico, aficionado al atletismo y al alpinismo, cuya vida estuvo marcada por continuos traslados familiares que moldearon su inquietud y capacidad de adaptación. Hijo de Antonio y Paola y hermano de Francesca y Veronica, pasó su infancia y adolescencia entre distintas localidades del norte de Italia hasta establecerse finalmente en Monza.

Desde muy pequeño, Marco mostró una profundidad inusual; en preescolar, mientras otros niños garabateaban formas abstractas, él ya manifestaba una prioridad absoluta: «Escribo primero Dios, porque es el Creador». Una frase que sería el preludio de una vida dedicada a saciar una sed que nada en el mundo material parecía calmar.

Su búsqueda no fue un camino de piedad aislada, sino una inmersión total en la realidad. Fascinado por personajes como san Benito, Marco aprendió pronto que Dios no se encuentra en abstracciones, sino en los hechos concretos. A los nueve años ya escribía que el santo de Nursia «estaba atento porque estaba convencido de que Dios le hablaba a través de las cosas».

Esta postura vital le llevó a disfrutar con la misma intensidad de la belleza de la naturaleza, de una buena comida o de la compañía de sus amigos, viendo en todo ello la huella de una iniciativa divina. No buscaba una comprensión intelectual de Dios, sino un encuentro personal, pidiendo incluso en sus diarios: «Ayúdame Señor a encontrar ese minuto», en referencia al instante que cambió la vida de san Francisco Javier, por quien también sentía especial devoción.

El sacerdote Andrea Mandonico es el postulador legítimamente constituido en la Causa de Beatificación del Siervo de Dios Marco Gallo

El sacerdote Andrea Mandonico es el postulador legítimamente constituido en la Causa de Beatificación del Siervo de Dios Marco Gallo

Redefinir una ecuación

Al ingresar en el Liceo Científico, Marco se enfrentó a los desafíos propios de su edad. Durante los primeros cursos, admitió haber caído en la tentación de sustituir a Dios por ídolos temporales, reconociendo con honestidad en sus escritos que para él en ese momento la ecuación vital se había simplificado en «Felicidad = amigos = salir el sábado por la noche», como recoge el portal Santi e Beati.

Sin embargo, su inconformismo natural le impidió acomodarse en esa reducción de su deseo. Se dio cuenta de que su necesidad de compañía, aunque legítima, se estaba volviendo pequeña y mediocre al no encontrar una respuesta que colmara su alma. Marco experimentó entonces su propia impotencia e incapacidad para mantener vivo el deseo de infinito por sus propias fuerzas. Comprendió que el gusto por la vida no está vedado a quien comete errores, sino a quien decide ignorar el vínculo entre lo que sucede en el presente y el destino eterno.

Como advirtió a un amigo con una lucidez casi profética: «No pienses según el teorema de que la vida es larga, porque te darás cuenta de que es muy corta». Marco ansiaba no perder el tiempo y comprendía que la vida cómoda que propone el mundo era insuficiente para él y fue así que el encuentro con el movimiento Gioventù Studentesca (un movimiento católico nacido en Italia en los años 50) le ofreció el 'método' que buscaba para vivir plenamente.

La fe de un «huracán de vida»

Su manera de vivir la fe estuvo estrechamente vinculada a su carácter activo y relacional. Quienes le conocieron lo describen como un «huracán de vida», capaz de romper esquemas desde una libertad que a menudo desconcertaba. No quería que su fe se articulara como un conjunto de prácticas, sino como una respuesta a la totalidad de su experiencia humana. Para Gallo, la fe debía encarnarse en relaciones concretas y en un compromiso efectivo con la vida cotidiana.

El 19 de marzo de 2011, apenas unos meses antes de su fallecimiento, Marco tomó una decisión que sellaría su destino: «A partir de este momento me sacrificaré enteramente a la búsqueda de la felicidad y veré si mi verdadera vida está en Él o no». Esta entrega se tradujo en una oración constante y en un testimonio público que no temía el juicio ajeno.

A finales de ese verano, su amor por el Misterio era tan evidente que hablaba de Jesús con todo el mundo. «No importa de qué se trate ni con quién trates, el centro es Jesús… No puedo detenerme», afirmaba con la determinación de quien ha encontrado el tesoro del que habla el Evangelio.

La mañana del 5 de noviembre de 2011, mientras se dirigía al colegio en su moto, un accidente de tráfico acabó con su vida. No obstante, el mensaje final de Marco ya había sido entregado. La noche anterior, junto al crucifijo de su habitación, dejó escrita una pregunta que hoy preside su historia: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?»(Lc 24,5).

Aquella frase no era solo una cita bíblica, sino la culminación de su búsqueda construida en la vida cotidiana: la de alguien que se atrevió a buscar lo infinito en cada fragmento de la realidad y descubrió que, más allá de los muchos 'sepulcros' que hoy prometen belleza, éxito o sentido y al final no dan nada, la vida verdadera está en Alguien que está vivo y habita en medio de nosotros.

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