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Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores

95 años de la visión que cambió la Iglesia: cuando Jesús reveló a una monja polaca los secretos de su Divina Misericordia

Lo que comenzó como una visión privada para una religiosa sin estudios es hoy, según dijo el propio Cristo, la «última tabla de salvación» para un mundo que no encontrará la paz hasta que no se vuelva con total confianza hacia Su clemencia

Tal día como hoy se produce un momento decisivo en la historia de la Iglesia. Estamos en 1935, en el convento de Plock, Polonia. Sor María Faustina (1905-1938), una joven religiosa que desempeña los trabajos de cocinera y jardinera, se encuentra en su celda cuando, de repente, el espacio se llena de una luz que no es de este mundo.

Ante ella aparece Jesús, vestido con una túnica blanca, con una mano levantada para bendecir y la otra tocando su túnica sobre el pecho. De la abertura de su vestidura brotan dos grandes rayos, uno rojo y otro pálido, una imagen que Cristo le pide plasmar en un lienzo con la firma: «Jesús, en ti confío».

Retrato de la Divina Misericordia de Jesús según la visión de santa Faustina Kowalska

Sor Faustina, «secretaria de mi más profundo misterio»

Para entender la magnitud de estas apariciones, hay que profundizar en lo que Faustina ve y escucha. No son solo imágenes; invitan a adentrarse en una profunda lectura teológica. Jesús mismo le explica el significado de esos rayos que hoy vemos en iglesias de todo el planeta: el rayo pálido simboliza el Agua que purifica y justifica a las almas, y el rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas. «Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la Cruz por la lanza», dijo Jesús a la religiosa.

Pero la experiencia mística de Faustina va mucho más allá de esta visión. Su vida es un itinerario atravesado por éxtasis, revelaciones y estigmas escondidos que solo se conocen tras su muerte. Jesús la llama «Secretaria de mi más profundo misterio» y le encomienda una misión titánica: escribir todo lo que Él le hace conocer sobre su misericordia para consuelo de las almas. Así nace su Diario, una de las obras cumbres de la mística del siglo XX, donde registra sus visiones con la Divinidad.

En estas páginas, la santa llega a predecir el estallido de la Segunda Guerra Mundial, incluso registró una revelación de Jesús que comúnmente se interpreta como una profecía sobre la llegada de Juan Pablo II. Jesús mencionó: «Tengo un amor especial por Polonia y, si es dócil a mi voluntad, la elevaré en poder y santidad; de ella saldrá la chispa que preparará al mundo para mi última venida».

Las promesas: un refugio en la hora de la muerte

Lo que hace que estas apariciones sean tan potentes es la carga de promesas que las acompañan. Entre ellas destaca la Coronilla de la Divina Misericordia, una oración que Cristo le dicta directamente y de la que asegura que quien la recite «recibirá gran misericordia en la hora de la muerte», prometiendo que Él mismo defenderá a esas almas «como Mi propia gloria».

«Los sacerdotes lo recomendarán a los pecadores como su última esperanza de salvación. Incluso si hubiera un pecador más endurecido, si recitara esta coronilla una sola vez, recibiría la gracia de Mi infinita misericordia… Deseo conceder gracias inimaginables a aquellas almas que confían en Mi misericordia», enseñaba Cristo a esta monja polaca.

Además, en estas visiones se establece el deseo divino de instituir la Fiesta de la Misericordia el primer domingo después de Pascua, prometiendo el perdón total de los pecados y de las penas a quien se confiese y comulgue ese día. «Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia. Si no adoran Mi Misericordia, morirán para siempre», se lee en el punto 965 del Diario.

El legado del Papa polaco

Resulta imposible entender la vigencia de este mensaje sin la figura de Juan Pablo II. El Papa polaco, que de joven visitaba a diario el santuario de Lagiewniki, dedicado a la Misericordia, en Cracovia, mientras trabajaba en una fábrica, fue quien finalmente elevó a su compatriota a los altares en el año 2000. Para él, Faustina era una «esencial iluminación» para ayudar al hombre moderno a revivir el Evangelio.

«Desde el comienzo de mi ministerio en la Sede de Pedro, considero este mensaje del Amor Misericordioso como mi tema particular. La Providencia me lo ha asignado en la situación contemporánea del hombre, de la Iglesia, del mundo», afirmó Wojtyła.

De esa primera luz en Plock nacerían posteriormente los «Apóstoles de la misericordia divina», un movimiento que reúne a sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos a vivir la compasión en su relación con los demás, dar a conocer el misterio de la Divina Misericordia e implorar la magnanimidad de Dios por los pecadores, y que hoy está presente en 29 países.

La pequeña dote que Elena Kowalska tuvo que reunir trabajando como sirvienta para entrar al convento se ha multiplicado en un tesoro espiritual incalculable que sigue recordando al mundo que, incluso en la oscuridad o en las heridas más profundas, siempre hay un rayo de luz que dice: «En ti confío».