Chad Alec Ripperger, sacerdote y exorcista estadounidense, durante la entrevista que se ha hecho viral
¿Por qué los protestantes no pueden con ciertos demonios? Un exorcista desvela la clave
El reconocido sacerdote Chad Ripperger explica la diferencia entre usar el nombre de Cristo y poseer la autoridad que Dios confiere a través de su Iglesia, un factor que marca la línea entre el 'éxito y el fracaso' frente al mal
En una reciente y reveladora entrevista, el padre Chad Ripperger, uno de los exorcistas más respetados en la actualidad, ha puesto sobre la mesa una realidad que a menudo pasa desapercibida en el ámbito de la batalla contra el Maligno. La clave en los exorcismos, según el sacerdote, no reside únicamente en la fe o la piedad o en la buena voluntad, sino en una palabra que los demonios conocen a la perfección: autoridad.
Ripperger explica que, aunque el nombre de Cristo tiene una fuerza propia, al igual que recurrir a prácticas como el ayuno o la oración, existen niveles de posesión que terminan inevitablemente «llamando a la puerta de la Iglesia» porque no pueden ser liberados de otro modo.
«Cuando Cristo dijo a los apóstoles: 'Toda autoridad me ha sido dada. Id, pues, y bautizad a todas las naciones', los delegó y les dio una autoridad que luego ha sido transmitida a nosotros como sacerdotes cuando ejercemos este ministerio», señala.
«La oración de la Iglesia se está aplicando sobre él para intentar castigarlo; le estamos ordenando que salga, porque los demonios conocen perfectamente la estructura de autoridad», afirma el exorcista, subrayando que los demonios 'detectan' si el sacerdote cuenta con las facultades otorgadas por su obispo.
Esta es una de las razones por las que explica que los protestantes logran cierto grado de eficacia al usar el nombre de Cristo. Sin embargo, hay tipos o niveles de posesión «que terminan llegando a nuestra puerta, porque no pueden ser liberados de otro modo».
«¿Dónde está tu autoridad?»
El fundamento de esta distinción, afirma Ripperger, se encuentra ya en los Evangelios. Cristo prometió que en su nombre se expulsarían demonios, pero no dijo que todos serían expulsados sin condiciones. El propio Evangelio recuerda que «ciertos tipos de demonios solo pueden expulsarse mediante la oración y el ayuno».
Sin embargo, para el exorcista estadounidense existe un elemento todavía más determinante: la autoridad que Cristo delegó en los apóstoles y que se ha transmitido a lo largo de los siglos a través del ministerio sacerdotal.
Ese principio se hace especialmente evidente en los momentos de un exorcismo. Según relata Ripperger por su propia experiencia, tras una primera resistencia, el espíritu maligno puede desafiar directamente a quien intenta expulsarlo con una pregunta: «¿Dónde está tu autoridad?».
Lo que el espíritu maligno reconoce
La idea de que la autoridad espiritual trasciende los simples títulos humanos o protocolos se fundamenta en que los demonios no responden a la persona en sí, sino a la fuente de poder que la respalda.
Es lo que bien señala el episodio de los Hechos de los Apóstoles (19,15), donde se relata el momento en que un espíritu maligno desafía a los hijos de Esceva, quienes intentaban exorcizar en el nombre de Jesús sin autoridad real, diciendo: «A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?».
Es precisamente en ese punto donde, según explica el sacerdote, la autoridad de la Iglesia marca la diferencia. Cuando un exorcista actúa dentro de la estructura eclesial y con la autorización de su obispo, los demonios no cuestionan su legitimidad, porque saben perfectamente de dónde proviene el poder que les ordena salir.