El Rey Felipe VI
De Felipe III a Felipe VI: la historia del título que vuelve a unir a la Monarquía española con la basílica más antigua de María
Este 20 de marzo, el monarca español toma posesión de su cargo como protocanónigo en la basílica Santa María la Mayor, renovando un vínculo histórico que convierte a la Corona en protectora del templo liberiano desde hace siglos
'protocanónigo' es el título que hoy viernes, 20 de marzo, asume Felipe VI en una solemne ceremonia en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. Y no es una distinción protocolaria más. Se trata de un antiguo honor que subraya la especial relación de la nación ibérica con este santuario, la primera iglesia de Occidente dedicada a la Madre de Dios.
El templo es también conocido universalmente como la Basílica Liberiana, nombre que evoca al Papa Liberio, quien en el año 352 —según la tradición del milagroso sueño de la nieve en el monte Esquilino— bendijo la construcción del primer santuario, vinculando para siempre su nombre al de la institución que hoy recibe al monarca.
Para comprender qué significa este honor, conviene primero descifrar qué es un canónigo. En la estructura de la Iglesia, los canónigos son los sacerdotes que forman un cabildo, un colegio encargado de velar por la vida litúrgica y la administración de una catedral o basílica. En Santa María la Mayor, este cabildo está compuesto por el Cardenal Arcipreste, el lituano Rolandas Makrickas, y doce canónigos.
España, presente en el corazón de Roma
El término protocanónigo, sin embargo, añade un matiz de primacía: el prefijo «proto» significa «primero». Se trata de un título honorífico que sitúa al Rey de España como el primer miembro del cabildo, una distinción que no requiere del orden sacerdotal, sino que reconoce el papel histórico de la Corona española como protectora del templo. Este vínculo no es fruto del azar, sino de una «especial predilección» y una devoción mariana que ha definido la identidad española durante siglos.
La historia de este privilegio se remonta a los albores de la Modernidad. Uno de los hitos más brillantes de esta relación se encuentra justo sobre las cabezas de quienes visitan la basílica: el majestuoso techo de madera dorada, que empleó el primer oro traído de América por Cristóbal Colón y entregado al Papa por los Reyes Católicos. Esta obra fue impulsada por el Papa Alejandro VI, el valenciano Rodrigo de Borja, quien antes de ocupar la cátedra de Pedro fue Arcipreste de este mismo templo.
Pero la generosidad española en la «Belén de Roma»–como también se conoce a esta basílica por albergar la reliquia del pesebre– no acaba en la Corona: la duquesa de Villahermosa costeó el actual relicario de la Sagrada Cuna (antes sería Margarita de Austria, esposa de Felipe III, la soberana que regaló al templo su primer gran relicario) y el cardenal Francisco de Toledo legó toda su herencia a la Virgen. Desde las lámparas de plata donadas por los obispos de Cádiz y Badajoz en el siglo XVI, hasta la tiara de oro del Papa Calixto III, la basílica es un catálogo de la generosidad hispana. Incluso San Ignacio de Loyola eligió este lugar para celebrar su primera misa en la noche de Navidad de 1538.
De Felipe III a la estatua de Bernini
Fue en 1603 cuando el vínculo se formalizó de manera definitiva. El Cabildo Liberiano, agradecido por el apoyo constante, invitó al Rey Felipe III a asumir el papel de protector y protocanónigo. Desde entonces, la generosidad de los Austrias y los Borbones ha sido una constante y en 1647, Felipe IV instituyó la llamada «Obra Pía de España», una renta anual para el sostenimiento del templo.
Como muestra de gratitud imperecedera, el Cabildo encargó al mismísimo Gian Lorenzo Bernini–quien está enterrado en el templo– una imponente estatua de bronce de Felipe IV, que hoy sigue recibiendo a los peregrinos en el pórtico de la basílica. A pesar de los vaivenes políticos y los cambios de régimen en España e Italia, el Cabildo nunca dejó de reconocer los derechos de los reyes españoles, manteniendo vivo un legado que el propio Alfonso XIII honró con su visita oficial en 1923.
Estatua del Rey Felipe IV, obra de Bernini, en el atrio de Santa María la Mayor de Roma
La ratificación de Pío XII y la actualidad.
En la historia reciente, la base jurídica de este honor descansa en la bula Hispaniarum fidelitas, promulgada por el Papa Pío XII en 1953. Este documento renovó los «vínculos de piedad y devoción» entre España y la basílica, estableciendo que el Jefe del Estado español —en este caso, el Rey— es considerado protocanónigo nato.
Además, como parte de este acuerdo, se estableció que siempre debe haber un canónigo español en el Cabildo– actualmente es José Jaime Brosel Gavilá, rector de la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma–y que el templo celebrará anualmente tres misas solemnes por la prosperidad del pueblo español y su Rey: en la festividad de San Fernando (30 de mayo), la Asunción (15 de agosto) y la Inmaculada Concepción (8 de diciembre).
El acto que protagoniza hoy Felipe VI no es, por tanto, un mero trámite administrativo, sino la renovación de una tradición de siglos. Ya lo hizo su padre, Juan Carlos I, en 1977, cuando recordó que estos lazos son un «reconocimiento público de la especial devoción a la Virgen María» que ha caracterizado a España a lo largo de su historia.
La ceremonia de este viernes ratifica la vigencia de la Obra Pía de España, la institución que desde 1647 canaliza el apoyo de la Corona a este santuario. Además, es el punto culminante de la visita oficial de Felipe VI y la Reina Letizia al Vaticano, tras ser recibidos en audiencia por Su Santidad el Papa León XIV.
Hoy Su Majestad no solo representa a una nación, sino a siglos de monarcas que, desde Felipe III, han entendido que su servicio también incluye la protección y el decoro de uno de los lugares más sagrados de la cristiandad. Es la «fidelidad de España» hecha ceremonia en la basílica que, más que ninguna otra en Roma, se siente un poco española.