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Carlos Gregorio Hernández, Lydia Jiménez y Juan Carlos Domínguez Nafría

Carlos Gregorio Hernández, Lydia Jiménez y Juan Carlos Domínguez NafríaDarío González / CEU

Isabel la Católica y santa Teresa: dos figuras clave del «genio femenino» en la historia de España

Lydia Jiménez explica la relación entre Isabel la Católica y santa Teresa de Jesús dentro del seminario permanente sobre la Reina de la CEU USP

La conferencia sobre Isabel y Teresa, feministas de pro ahondó en la iniciativa de varios profesores CEU USP, para crear un seminario permanente. La organización corre a cuenta del Instituto CEU de Humanidades que, desde hace un par de años y desde la tribuna universitaria, promueve la reflexión sobre Isabel la Católica de manera abierta a la sociedad.

Carlos G. Hernández, director del Instituto CEU de Humanidades, junto a Juan Carlos Domínguez Nafría, catedrático de Historia del Derecho, señaló que es el momento de reivindicar figuras femeninas sin caer en simplismos.

Lydia Jiménez reconoció que es un «timbre de gloria» pertenecer por nacimiento y vocación a la misma tierra que Isabel la Católica, santa Teresa o san Juan de la Cruz. Ellas se mostraron como fuertes, valientes y sencillas en un tiempo en el que ser mujer no era algo de pro, sino que iba en contra de la persona. La ponente explicó que santa Teresa gozaba de todos los avales para ser doctora de la Iglesia, pero siempre se añadía la coletilla de «no procede, es mujer», por lo que hubo de esperar a 1970. A su vez, Isabel la Católica también practicó las virtudes en grado heroico y ya ha sido declarada Sierva de Dios.

«¿En qué pueden parecerse una reina y una monja?»

Ante el asombro que causan ambas figuras, Lydia Jiménez siguió la estructura de la Carta a las mujeres de san Juan Pablo II, del año 1995. Previamente, el Papa Wojtyła, en su carta apostólica Mulieris dignitatem (1988), popularizó el término «genio femenino». La expresión, ya rastreable en el pensamiento de Edith Stein, supera las posiciones maniqueas y apunta al verdadero feminismo.

En ese sentido, santa Teresa indica a sus hijas: «Haced cuenta que dentro de vosotras está un palacio que no ha de ponerse precio» (Moradas, 48). La mística pide reforzar la vida interior para lograr un equilibrio entre la contemplación y la acción. Es la forma de descubrir a «María y Marta, siempre unidas» (Moradas, 7).

Lydia Jiménez, como directora general y en el origen del Instituto Secular Cruzadas de Santa María, reseñó que santa Teresa fue madre espiritual de monjas, caballeros y nobles. La santa andariega reforma, acompaña y suelta, tras la forja de otras madres. Isabel la Católica, por su parte, forma príncipes virtuosos antes que poderosos, introdujo maestros humanistas en la Corte y promovió una cultura en su familia solo equiparable a la de los hijos de Tomás Moro.

Si santa Teresa, desde la humildad, interpela hasta a obispos, Isabel la Católica exige la educación de los pajes. Por tanto, y parafraseando el célebre estudio comparativo de Pidal y Mon: «¿En qué pueden parecerse una reina y una monja?».

La conferencia fue elocuente al respecto: el parecido se basa en el celo apostólico de ambas figuras. Desde ahí, Teresa enseña a trabajar incansablemente, no por activismo ni prestigio, sino como respuesta a un llamado mayor. El trabajo manual, el esfuerzo organizativo y la obediencia fructifican en resultados como inaugurar, sin pretenderlo, la prosa moderna en español. Isabel busca justicia y paz para sus territorios con una gobernanza imparcial e incorruptible en aras del bien común. La reina no se acomoda junto con Fernando el Católico, porque dentro de la piedad y la apacibilidad busca ser refugio de buenos y azote de malos. A la sazón, véase la creación de la Santa Hermandad, los «mangas verdes», precedente de la Guardia Civil.

La limpieza de los caminos de Castilla y Aragón implica también una coherencia con la fe. Para aquel momento, evangelizar significa supeditar al orden moral cristiano la unidad nacional y la religiosa. En la reforma de las costumbres, los Reyes Católicos buscan superar el feudalismo a la par que abrirse al Nuevo Mundo.

Se abandona el sistema de la honra e Isabel, en particular, se muestra como protectora de los indios. El rearme espiritual de manos del cardenal Cisneros apareja la inédita tarea de la Escuela de Salamanca con respecto a los derechos humanos. Poco después, santa Teresa trae su propia reforma de la observancia, que anticipa la sensibilidad religiosa del barroco.

A la espera de reconocimiento oficial, la ponente afirmó que es de justicia atender a Isabel la Católica, quien siempre supo escuchar, alentar y pedir consejo. ¿De dónde procedía tal «genio»? La Isabel niña sufrió desde su más tierna infancia, pero la reina supo luchar por el «tanto monta, monta tanto». Acompasando a don Fernando abre un espacio para ambos, cuando la gran dote castellana podría hacer primar a doña Isabel dentro del matrimonio.

La reina ora en mitad del gobierno agotador, hace lectura espiritual y frecuenta los sacramentos; destaca por su penitencia cuaresmal… una laica mejor que ciertos religiosos, que convierte a España de maltrecha en floreciente, que la vacuna contra los influjos protestantes y que la extiende más allá de los mares.

  • Marcos García-García, Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala
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