El secreto del cardenal que sobrevivió 13 años de cárcel y 9 de aislamiento sin perder la sonrisa
La voz de la familia Văn Thuận recordó ante purpurados y fieles cómo un pastor separado de su rebaño logró permanecer «íntimamente unido a todos ellos mediante la Palabra de Dios»
El cardenal Van Thuan
Prisionero durante trece años en las cárceles comunistas de Vietnam, nueve de ellos en régimen de aislamiento total, el cardenal François-Xavier Nguyễn Văn Thuận (1928-2002) es hoy el rostro visible de una esperanza que se fundamenta en Dios. Declarado venerable en 2017, este pastor es recordado por gestos que desafían la lógica humana: celebrar misa clandestinamente con tres gotas de vino y una de agua sobre la palma de su mano, o ganarse el respeto de sus carceleros mediante la caridad. Su figura volvió a cobrar vida el pasado 25 de marzo en el Palacio Lateranense, donde un elocuente congreso recordó que su legado sigue siendo un mapa para la vida espiritual de miles de fieles.
Elisabeth Nguyen Thi Thu Hong, hermana del Cardenal Van Thuan,durante la conferencia en el Palacio Lateranense
La intervención más conmovedora corrió a cargo de su hermana, Élisabeth Nguyễn Thị Thu Hồng, quien puso voz a una familia marcada por un «hilo rojo» de persecución y fe. Con sobriedad, relató cómo sus antepasados sufrieron marcas en el rostro y confiscaciones por sus creencias, una historia que culminó en la figura de su hermano.
«Lograron mantener viva la presencia de Jesús, y eso los mantuvo unidos en la fe», afirmó Élisabeth, destacando que el cardenal, aun separado físicamente de su rebaño, permaneció unido a él a través de la Palabra. Recordó también la odisea de las 1001 Meditaciones, pensamientos escritos en trozos de papel y enviados clandestinamente desde la cárcel, que se convirtieron en un «viaje de evangelización» a través de océanos.
Un legado forjado en el cautiverio
El testimonio de la fe de Văn Thuận no solo impactó a los católicos. El cardenal Lazzaro You Heung-Sik rescató el recuerdo de un compañero de prisión budista, Nguyen Thanh Giau, quien describió al purpurado como un Bo tac, un hombre «muy santo». En los campos de trabajos forzados del norte, bajo temperaturas gélidas y condiciones infrahumanas, Văn Thuận se ofrecía voluntario para las tareas más humillantes, como vaciar los recipientes de los baños portátiles. «Es un honor para mí participar en la vida de todos nosotros», respondía el cardenal cuando sus compañeros intentaban evitarle aquel «trabajo sucio».
Incluso en los momentos de mayor desesperación, cuando eran trasladados encadenados hacia el cautiverio, su voz se alzaba como un ancla: «Seremos despojados de casi todo, pero hay algo que nadie puede quitarnos: nuestra fe en Dios». Esta actitud pacífica y misericordiosa hacia sus guardias y compañeros fue el motor de una resistencia que el cardenal Michael Czerny definió como «profética y de abnegación». Czerny recordó que lo que dio fuerza al purpurado en sus pruebas más difíciles fue sencillamente el Evangelio, el cual encarnó no solo en prisión, sino también en su labor posterior en Roma, donde impulsó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia mediante el diálogo global.
Entre la tortura y la sonrisa
La jornada también dejó espacio para una historia más cercana de un hombre que prefería ser llamado «tío» antes que eminencia. El cardenal filipino Luis Antonio Tagle arrancó sonrisas al recordar su primer encuentro en 1995, cuando, siendo un joven sacerdote nervioso, fue reconfortado por un Văn Thuận sereno. «Me impresionó que, mientras recordaba experiencias dolorosas e incluso humillantes, su voz permaneciera serena y su rostro tranquilo», relató Tagle, subrayando que en él no existía rastro de amargura. Incluso cuando el cáncer de estómago lo consumía en 2002, el cardenal vietnamita ocultaba su sufrimiento para no empañar la felicidad de los demás durante sus cenas en Roma.
En el congreso no faltó un mensaje del Papa León XIV, quien definió a Văn Thuận como un «generoso pastor» cuyo ejemplo enseña que «la esperanza cristiana nace del encuentro con Cristo y toma forma en una vida entregada a Dios y al prójimo». Para el cardenal vicario Baldo Reina, esta figura es la clave para entender el próximo Jubileo, pues Văn Thuận no fue un teórico de la esperanza, sino su testigo más radical en la oscuridad de una celda. Al final, como recordó Tagle al evocar el momento en que tocó el ataúd de su «tío» en la basílica de San Pedro, el mensaje quedó claro: «Has hecho un gran trabajo. Fuiste excelente».