Fundado en 1910

Fulton Sheen fue el catalizador de la conversión de Bella Dodd

Cómo el ganador de un Emmy y futuro beato Fulton Sheen logró convertir a una acérrima activista comunista

Bella Dodd, la mujer que llegó a la cúpula del Partido Comunista en Estados Unidos con el encargo de destruir la Iglesia desde dentro, acabó rendida ante la misericordia del obispo más mediático del siglo XX

Amediados del siglo pasado, el venerable Fulton Sheen (1895-1979) no necesitaba presentación. Con una personalidad magnética y un sentido del humor que recordaba al de su admirado G. K. Chesterton, el obispo estadounidense que se convirtió en lo que hoy llamaríamos el primer gran influencer de la era televisiva, logró que millones de personas se sentaran frente al televisor para escuchar Life is Worth Living, (La vida merece ser vivida), su programa de televisión que conseguía competir en audiencia con el gran Frank Sinatra.

Sin embargo, su mayor logro no fueron los datos de audiencia, ni siquiera que fuera galardonado con un premio Emmy en 1952 en la categoría de «personalidad televisiva más destacada», sino que, como lo han apodado algunos, fuera un «artífice de conversiones»; Y ninguna 'captura' fue tan audaz como la de Bella Dodd (1904-1969): la estratega roja que cambió sus planes de subversión por un rosario en el bolsillo y la paz que solo encontró a los pies de la Virgen, tal y como relata el libro El diablo y Bella Dodd, de Mary Nicholas y Paul Kengor.

Una vida al servicio de la utopía

Nacida en Italia como Maria Assunta Isabella Visono, Bella Dodd —apellido que tomó de su marido— fue una inmigrante que, tras perder la fe y abrazar el agnosticismo, escaló hasta el consejo nacional del Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA). Su misión: infiltrar a 'peones rojos' en los seminarios para dinamitar los cimientos del catolicismo desde el mismo lugar donde nacen sus pastores.

Anne Hendershott, profesora de la Universidad Franciscana de Steubenville (Ohio), afirmó cómo la propia Bella Dodd había «reconocido que el objetivo demoníaco más importante era destruir la fe del pueblo católico promoviendo una pseudoreligión de la 'justicia social' que parecía catolicismo, pero que claramente no lo era».

Pero el comunismo acaba devorando a sus propios hijos. En 1949, en plena era estalinista, Dodd fue víctima de una purga interna y expulsada del partido bajo acusaciones cruzadas. Se encontró de pronto como una fugitiva, vigilada y aislada, sintiéndose —según sus propias palabras— como un barco sin rumbo.

El encuentro decisivo

Fue un congresista, Christopher McGrath, quien al verla demacrada y perseguida le hizo la pregunta definitiva: «¿Verías a un sacerdote?». A pesar de años de ateísmo militante, un «sí» rotundo brotó de sus labios. La cita se concertó con el hombre que mejor conocía los errores del materialismo dialéctico: monseñor Fulton Sheen.

Cuando Bella llegó a la casa del obispo, esperaba quizás un debate intelectual o un reproche por su pasado bolchevique. En su lugar encontró una acogida serena, una voz calmada y una mano en el hombro. «Doctora, me alegra que haya venido», le dijo Sheen. Bella no pudo evitar romper a llorar.

Sheen no usó argumentos dialécticos, sino que la condujo suavemente a una pequeña capilla. Allí, ambos se pusieron de rodillas ante una imagen de la Virgen María. En ese instante, la batalla interior de la espía cesó y, por primera vez en años, Bella Dodd conoció la paz. El obispo, entregándole un rosario, le dio un consejo que apelaba a su intelecto y a su corazón: «Bella, si quieres proteger a la gente que dices amar, a la gente de este país y a todos los seres humanos del mundo, entonces para hacer lo correcto, debes saber algo sobre el cristianismo».

Sin embargo, la conversión no fue un camino de rosas inmediato. Tras aquel primer encuentro, Bella volvió a experimentar un «invierno de oscuridad» en el que se alejó de monseñor Sheen por unos meses. Vagaba por las iglesias de Nueva York buscando una paz que solo encontraba entre los bancos de madera.

El punto de inflexión definitivo ocurrió la víspera de Navidad. Bella terminó en la iglesia de San Francisco de Asís. Allí, el coro entonó villancicos, y ella se dio cuenta de que se trataba de «las misas que había buscado a lo largo de los años, las personas a las que quería y a las que deseaba servir, gente de todas las razas y edades. Ahí estaba una hermandad humana que tenía sentido». Aquella noche, supo que finalmente estaba volviendo a casa.

El 7 de abril de 1952, Lunes Santo, el propio Fulton Sheen la bautizó en la Catedral de San Patricio de Nueva York. Bella Dodd dedicaría después parte de su vida a relatar su experiencia y a advertir sobre los mecanismos de las ideologías en su libro Escuela de tinieblas. Al final del libro, los autores ofrecen este resumen: «En el enfrentamiento entre el diablo y Bella Dodd, Lucifer obtuvo pequeñas victorias a lo largo del camino, pero al final, Bella Dodd prevaleció. Ella ganó, el obispo Sheen ganó y su Iglesia ganó».