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Pedrito en una foto cuando era más jovenReinhard Backes

«Nunca he sido más feliz»: se abre la causa de beatificación de Pedro Ballester, el joven que convirtió su cáncer en un camino de alegría

Fallecido a los 21 años, este numerario del Opus Dei de padres españoles se perfila como el posible primer santo británico del siglo XXI

La Diócesis de Salford ha anunciado oficialmente la apertura de la Causa de Beatificación y Canonización de Pedro Ballester, un joven de Manchester pero de padres españoles, cuya vida de fe y entrega ha dejado una huella profunda en Reino Unido y fuera de sus fronteras. Pedro, conocido cariñosamente como «Pedrito» por su familia, falleció el 13 de enero de 2018, a los 21 años, tras enfrentar con una serenidad sobrenatural un avanzado cáncer de pelvis.

El obispo de Salford, monseñor John Arnold, ha invitado formalmente a los fieles a colaborar en el proceso aportando testimonios, recuerdos y escritos que ayuden a completar el perfil de las virtudes y la reputación de santidad del joven. El postulador de la causa, el padre Paul Hayward, fue quien solicitó formalmente este paso ante el crecimiento constante de la devoción privada hacia Pedro desde su fallecimiento.

Una vocación forjada en la normalidad

Nacido en Manchester en 1996, en el seno de una familia profundamente católica de madre sevillana y padre mallorquín, Pedro creció en un ambiente familiar impregnado de vida cristiana. A los 16 años, decidió entregar su vida plenamente a Dios como numerario del Opus Dei, comprometiéndose con su labor apostólica en medio del mundo. Su hermano Carlos recuerda que, al contarle su vocación, Pedro irradiaba una felicidad propia de quien «ha encontrado a Cristo».

Sin embargo, los planes humanos de este brillante estudiante —que soñaba con enrolarse en la Armada española tras estudiar Ingeniería Química— se vieron truncados por la enfermedad. En 2014, coincidiendo con el inicio de sus estudios universitarios, recibió el diagnóstico de un osteosarcoma.

La alegría en medio del dolor

Lejos de hundirse, Pedro aceptó la Cruz con una fortaleza que asombró a médicos y allegados. «Nunca he sido más feliz», llegó a confesar tres semanas antes de morir, convencido de que Jesús compartía su sufrimiento. Durante sus tres años de enfermedad, Pedro ofreció sus dolores por el Papa, la Iglesia y todas las almas.

Su habitación en la residencia Greygarth Hall se convirtió en un 'centro de peregrinación' constante donde Pedro, a pesar de haber perdido 20 kilos y sufrir dolores insoportables que le obligaban a usar silla de ruedas, seguía interesándose por la vida de cada visitante, buscando siempre acercarlos a Dios. Su ejemplo caló tanto que incluso una de sus enfermeras, tras tratarlo, llegó a confesarle: «Yo también soy creyente, pero quiero ser católica como tú». Así fue.

La impronta de Pedro Ballester no solo fue espiritual, sino también académica. La Universidad de Manchester le otorgó de forma póstuma el título de Ingeniero Químico, siendo la primera vez que la institución concedía una distinción de este tipo, en reconocimiento a su esfuerzo y la huella dejada en el centro.

Con el inicio de este proceso diocesano, la Iglesia da el primer paso para reconocer oficialmente lo que muchos ya consideran una realidad: la vida de un joven corriente que alcanzó la santidad en lo cotidiano y en el dolor. Como señala su familia, Pedro «ya atraía a muchas personas en vida y ahora va a llegar a más gente» como intercesor ante Dios.