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Monseñor Marian Eleganti

Monseñor Marian ElegantiConferencia Episcopal Suiza

El obispo Eleganti señala la presión del lobby LGTBI dentro de la Iglesia: «Nos restriegan el arcoíris en la cara»

El prelado suizo califica el proceso sinodal como un proyecto «nacido muerto» que busca reestructurar la doctrina católica sobre la homosexualidad y el divorcio, advirtiendo de un creciente riesgo de cisma

Monseñor Marian Eleganti– obispo auxiliar de la diócesis de Coira, en Suiza– ha publicado una severa crítica contra el rumbo actual de la Iglesia universal, centrando sus ataques en el proceso sinodal impulsado desde Roma. Según el obispo, lo que se presenta como una renovación espiritual no es más que «sabiduría humana» que ha derivado en una «burocratización» de la misión evangelizadora, dejando de lado la verdadera vida sobrenatural.

Un proceso «nacido muerto»

Para Eleganti, el Sínodo de la Sinodalidad es un esfuerzo fallido desde su origen. El prelado lamenta que el proceso solo haya generado «un exceso de palabras y directivas», pero ningún fruto real en el corazón de los fieles. En su análisis, publicado en Life Site News, critica que el Espíritu Santo esté intentando ser «canalizado» a través de estructuras administrativas y comités formados por «católicos profesionales» que, en muchos casos, ni siquiera participan regularmente en la Santa Misa dominical.

Otro de los puntos que toca es la denuncia de una supuesta infiltración de la agenda LGTBI en la jerarquía eclesiástica. Eleganti asegura que el proceso sinodal tiene un objetivo oculto: «Una reestructuración de las posiciones doctrinales tradicionales e inquebrantables de la Iglesia en materia de divorcio y 'nuevo matrimonio', homosexualidad (toda la agenda queer), la democratización sinodal del liderazgo eclesiástico, nuevos roles para las mujeres y el avance ecuménico e interreligioso a expensas de su propia identidad católica».

El obispo afirma que existe un número suficiente de homosexuales en el clero y la jerarquía que, de manera insistente, «nos restriegan los colores del arcoíris en la cara», intentando normalizar conductas que contradicen la doctrina tradicional de la Iglesia. Según su visión, esta «inclusión» no es más que una revisión encubierta de enseñanzas que han permanecido inalteradas durante décadas.

La «democratización» de la fe

Eleganti advierte que este intento de «reformatear» la Iglesia según agendas ideológicas está actuando como un «acelerador de fuerzas centrífugas» que amenazan con provocar nuevos cismas, tanto internos como externos. Frente a lo que denomina una «Iglesia de comités», el prelado propone un retorno a la esencia de la vida eclesial, centrada en la centralidad del altar. Advierte de que una Iglesia sin sacerdotes, en la que los laicos asumen funciones de liderazgo jerárquico, estaría abocada a su desaparición: «Si no hay sacerdote, no hay Santa Misa; y sin Santa Misa, no hay Iglesia».

Eleganti señala que la ruptura de esta unidad —el principio de que solo los ordenados deben gobernar la Iglesia— no es exclusiva de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). Si bien critica a la Fraternidad por contar con obispos auxiliares que carecen de jurisdicción, denuncia que el mismo error se está cometiendo ahora «desde dentro». Según el obispo, Roma y las diócesis locales están imitando de facto esta irregularidad al colocar a laicos al frente de dicasterios o como jefes de unidades pastorales, dejando a los sacerdotes como simples «colaboradores subordinados».

Asimismo, reivindica el silencio frente a la «palabrería» como elemento clave de la experiencia litúrgica, y defiende el atractivo de la liturgia tradicional —la Misa en latín— entre los jóvenes, contraponiendo su carácter de recogimiento y silencio sagrado al «parloteo constante» de la Iglesia postconciliar. Monseñor Eleganti concluye que la verdadera renovación no vendrá de documentos ni de cambios estructurales, sino de una conversión auténtica y de volver a mirar hacia Cristo como el centro absoluto del culto, recuperando el misterio que se ha perdido en la «democratización» de la fe.

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