El padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pronunciado un sermón durante las consagraciones episcopales
Los lefebvrianos lamentan la falta de autorización del Papa para las consagraciones de ayer, pero las tildan de una «gracia para la Iglesia»
La congregación justifica el acto por la «preservación de la Tradición» y lamenta no haber podido exponer sus motivos personalmente al Pontífice
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ha consumado un nuevo paso en su histórico distanciamiento con la Santa Sede. Ayer, 1 de julio, en su seminario de Écône, Suiza, la congregación procedió a la consagración episcopal de cuatro de sus miembros —los monseñores Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier— en un acto realizado al margen de la autoridad del Papa León XIV.
A través de un comunicado emitido por su Casa General, la Fraternidad ha intentado articular una justificación para lo que, en términos del Derecho Canónico, supone un acto de grave desobediencia. La FSSPX asegura que la decisión responde a la necesidad de garantizar los medios para la «preservación de la sagrada herencia de la Tradición».
La Fraternidad afirma que «lamenta sinceramente» que las consagraciones se hayan tenido que realizar sin autorización pontificia. Según se explica en el comunicado, el Superior General, el Padre Davide Pagliarani, no tuvo la oportunidad de reunirse personalmente con el Santo Padre para exponerle de forma «filial» lo que consideran «graves motivos» que hacían imperativa la ceremonia. No obstante, acto seguido afirman que la «profunda alegría que inspiran estas consagraciones episcopales no puede verse ensombrecida».
Por otra parte, la Fraternidad ha subrayado que los nuevos prelados, consagrados por monseñor Alfonso de Galarreta con la asistencia de monseñor Bernard Fellay, funcionarán únicamente como obispos auxiliares y «sin jurisdicción» ordinaria.
Desde la Casa General se insiste en que, pese a la falta de mandato de Roma, el acontecimiento es motivo de «profunda alegría» y lo califican como una «gracia muy grande» para el conjunto de la Iglesia. En su retórica, la transmisión de la plenitud del sacerdocio se realiza por el «honor de la Santa Iglesia y la salvación de las almas».