Este matrimonio italiano, beatificado en 2001 por Juan Pablo II ante una multitud de 40.000 personas, constituye el ejemplo de la santidad vivida como una experiencia inseparable. Durante más de 50 años de unión, Luis, un prestigioso abogado con cargos de responsabilidad política, y María, una mujer de gran cultura dedicada al voluntariado, vivieron una existencia ordinaria de manera extraordinaria, centrada en la Santa Misa diaria y el servicio a los demás. María, en un acto de fe heroica, decidió en 1913 continuar con un embarazo de altísimo riesgo a pesar de las recomendaciones médicas de abortar; el fruto de esa confianza fue su hija Enrichetta. Su hogar, siempre abierto a los necesitados y perseguidos durante la guerra, fue una verdadera iglesia doméstica.