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El Papa con la Comisión Internacional de Monjas Contemplativas Dominicas

El Papa con la Comisión Internacional de Monjas Contemplativas DominicasVatican News

Las tres peticiones del Papa a las monjas de clausura: «No se pregunten cómo mantener estructuras que se vacían»

En un encuentro con la Comisión Internacional de las Monjas Dominicas Contemplativas, el Pontífice advierte contra el «espíritu de supervivencia» e insta a crear «oasis de verdadera paz» frente al ruido y la velocidad del mundo

El Papa ha recibido en audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano a la Comisión Internacional de las Monjas Dominicas Contemplativas. Durante la audiencia, el Santo Padre ha querido remarcar el valor insustituible de la clausura, recordando que la vocación contemplativa «no se ubica en los márgenes de la misión, sino que es su corazón latente».

A propósito del reciente reconocimiento de las virtudes heroicas de la sierva de Dios Sor María Petra Giordano, el Pontífice ha trazado tres claves fundamentales dirigidas a la vida contemplativa para afrontar las dificultades actuales sin caer en la resignación.

1. Renunciar al «espíritu de supervivencia» y a la obsesión por las estructuras

Al abordar realidades complejas como el envejecimiento de las comunidades, la escasez de vocaciones o la pesada gestión de inmuebles amplios y costosos, el Papa ha alertado sobre el riesgo del repliegue defensivo: «Se insinúa la tentación del 'espíritu de supervivencia', que lleva a aislarse y a reducir los compromisos, con la ilusión de que basten las propias fuerzas que quedan».

Frente a esta inercia, el Santo Padre ha instado a un cambio de mentalidad radical: «Les invito a no hacerse la pregunta de cómo mantener estructuras que se vacían». En su lugar, ha pedido escuchar lo que el Espíritu demanda hoy a las contemplativas, enfatizando que «antes que gestiones que realizar, hay una llamada a la que responder, un fuego que arde y que no se puede dejar morir».

2. Ofrecer «oasis de paz» y cultivar el silencio frente a la prisa del mundo

En una sociedad marcada por «la velocidad, en el cual todo tiene que ser inmediatamente visible y cada vacío es llenado con rapidez», el Pontífice ha reivindicado el silencio claustral como un espacio de libertad y verdad. «Hacer silencio es un acto de la voluntad, que implica toda la persona y que ayuda a vivir relaciones sólidas», ha recalcado.

Por ello, el Papa ha encargado a las monjas la misión de ofrecer refugio espiritual a la humanidad desorientada: «Es necesario que sus comunidades ofrezcan oasis de verdadera y profunda paz, donde se acalle el caótico afán ligado a las cosas exteriores y uno se pueda poner a la escucha de la voz de Dios».

3. Curar las heridas de la época: «Fieles a la tradición y abiertas a la novedad»

Por último, el Santo Padre ha animado a las religiosas a no perder el ánimo, definiendo su misión con precisión: son «contemplativas porque son capaces de llevar al mundo delante de Dios».

El Pontífice las ha exhortado a avanzar «unidas pero sin uniformarse, fieles a la tradición y abiertas a la novedad», pidiendo la intercesión de la Virgen María para que sepan «verter también sobre las heridas de la humanidad de nuestro tiempo, el aceite del consuelo y el vino de la esperanza».

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