Mural dedicado a otros 51 Mártires Claretianos de Barbastro, asesinados en Barbastro (Huesca) en el verano del 36
El martirio de los 18 claretianos cuyos cuerpos ardieron durante cuatro días
Un 19 de octubre de 1936, dieciocho religiosos —desde un joven de 16 años hasta ancianos enfermos— entregaron su vida en una finca de Sant Pere dels Arquells (Lérida) tras negarse a renunciar a su fe
Cada 19 de octubre la memoria de la Iglesia recuerda una de las páginas más desgarradoras y encomiables de la persecución religiosa del siglo XX en España. En la tarde de aquel 19 de octubre de 1936, dieciocho miembros de la congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos) fueron fusilados en el caserío de Mas Claret, en el municipio leridano de Sant Pere dels Arquells. Tras el fusilamiento, los ejecutores prendieron fuego a sus restos, los cuales estuvieron ardiendo durante cuatro días consecutivos.
Tras el estallido revolucionario del verano de 1936 y la expulsión de las comunidades religiosas de conventos cercanos como el de Cervera o el de Vic, varios religiosos y clérigos se refugiaron en la finca agrícola de Mas Claret, situada a siete kilómetros de Cervera. Allí, conviviendo bajo la tutela de los comités revolucionarios e incautada la propiedad, se dedicaron al trabajo de la tierra, la oración profunda y la preparación espiritual para el posible martirio.
Entre la comunidad congregada había religiosos de diversa procedencia y edad. El más joven de ellos era Nicolás Campo Giménez de Bicuña, de tan solo 16 años y natural de Salvatierra (Álava). Se encontraba arando en la viña con una yunta de yeguas cuando fueron reunidos por los milicianos; debido a su extrema juventud, fue puesto a prueba por los perseguidores, manteniéndose firme hasta el momento final.
Junto a él se hallaban jóvenes clérigos y religiosos como Francisco Marco Martínez (19 años, turolense de Odón), Francisco Simón Pérez (20 años, de Murchante), Fernando Castán Messeguer (21 años, oscense de Fonz), Eusebio de las Heras Izquierdo (22 años) y Constantino Miguel Moncalvillo (23 años, burgaleses), Juan Senosiáin Zugasti (25 años), y los navarros Dionisio Arizaleta Salvador (25 años, sastre en Cervera que ofreció su vida por la salvación de España) y Antonio Elizalde Garvisu (22 años, de Echarri). Este último había dejado por escrito en una carta a su familia que consideraba el martirio «como la mayor gracia que puedo recibir en este mundo».
«Morir por decir Misa y ser religioso»
La vida en Mas Claret se endureció notablemente a partir de mediados de agosto con constantes amenazas e intimidaciones. La comunidad contó también con el testimonio de ancianos y convalecientes, como Pedro Vives Coll y Manuel Font Font (ambos de 58 años y antiguos misioneros en la isla de Fernando Poó), José Ferrer Escolà (58 años), Francisco Solá Peix (36 años) y el hermano Narciso Simón Sala (28 años). Tanto el hermano Narciso como el hermano Ferrer sufrieron insistentes presiones e insidias por parte de los milicianos para que abandonasen su compromiso religioso, respondiendo en todo momento con una fidelidad inquebrantable.
El sacerdote Julio Leache Labiano, de 27 años y natural de Monreal (Navarra), tuvo la oportunidad de huir del refugio, pero decidió permanecer por un acto de caridad heroica para no abandonar a los religiosos enfermos que no podían desplazarse. El Padre Leache animaba a sus hermanos a celebrar la Eucaristía y a prepararse serenamente para la muerte, expresando una distinción sobre el sentido de su sacrificio: «Si nos matan por fascistas, maldita la gracia que nos hacen; pero morir por decir Misa y ser religioso, eso es martirio».
Al atardecer del 19 de octubre, bajo la guía del superior circunstancial y prefecto de postulantes, el P. José Ribé Coma (de 42 años) —quien continuamente exhortaba a la comunidad a mantenerse en gracia y mostrar la mejor actitud hacia sus ejecutores—, los dieciocho claretianos fueron conducidos al límite de la finca y fusilados. Sus cadáveres fueron apilados e incinerados en el mismo lugar de la ejecución durante cuatro jornadas.
Ocho décadas después, el testimonio de fe y perdón de los 18 mártires de Mas Claret recibió el reconocimiento público de la Iglesia católica al ser beatificados en Barcelona el 21 de octubre de 2017, encarnando la entrega pacífica de quienes prefirieron perder la vida antes que renuncian a su fe y a su vocación religiosa.