Fundado en 1910
Galactica era la IA de Meta que se ha convertido en un fracaso por la mala calidad de sus publicaciones

Galactica era la IA de Meta que se ha convertido en un fracaso por la mala calidad de sus publicaciones

¿Hijos de Dios o esclavos del algoritmo? El Vaticano alerta del plan para «sustituir» al hombre por la tecnología

La Comisión Teológica Internacional publica Quo vadis, humanitas?, un estudio que disecciona el impacto de la inteligencia artificial y el transhumanismo, reivindicando la fragilidad natural frente al «espejismo» de la perfección tecnológica

En el marco del 60º aniversario de la constitución Gaudium et spes– la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II que aborda, entre otras cuestiones, la Iglesia en el mundo contemporáneo, la dignidad humana o la familia– la Comisión Teológica Internacional ha presentado un documento detallado sobre los desafíos de la antropología cristiana ante el avance tecno-científico.

El texto, titulado Quo vadis, humanitas?, («¿Adónde vas, humanidad?») aprovecha precisamente ese interrogante para cuestionar el rumbo, el comportamiento y el futuro de la sociedad humana, abordando la «aceleración reciente del desarrollo tecnológico» y la percepción de una «grandeza» humana que convive con una «fragilidad» persistente, evidenciada tras la pandemia.

La Iglesia sostiene que la dignidad humana no es algo «construido o adquirido», sino el fruto de un «regalo gratuito que nos precede» y que subsiste como un don en cada circunstancia de la existencia. Este carácter de gracia irrevocable transforma el vivir en una «aventura» y un «tarea intransferible» de configurar la propia identidad en libertad, garantizando que el valor infinito de cada individuo sea siempre respetado frente a cualquier intento de instrumentalización política, económica o social.

El espejismo de la inmortalidad digital

El análisis dedica un espacio significativo a los movimientos del transhumanismo y el posthumanismo, calificándolos como «sistemas de pensamiento» que promueven una visión ideológica del progreso. El transhumanismo es definido como un movimiento que busca emplear la ciencia para superar los límites biológicos, incluyendo el envejecimiento y la muerte, bajo una perspectiva «ingenuamente acrítica» que persigue una «inmortalidad inmanente».

Por su parte, el posthumanismo es criticado por buscar la «deconstrucción del sujeto humano», haciendo 'fluido' el límite entre el hombre y la máquina a través del concepto del «híbrido (cyborg)». El Vaticano advierte que estas tendencias pueden derivar en una «fuga de la realidad» nacida de una «radical desvalorización de lo humano».

Frente a este intento de «auto-deificación», la Iglesia recupera el concepto dantesco de «transumanar», pero aclarando que el verdadero salto más allá de lo humano solo es posible por la gracia divina y no por la técnica. Este neologismo, acuñado por el poeta florentino en el primer Canto del Paraíso, describe la elevación espiritual hacia la comunión con Dios, una experiencia que el propio Dante advirtió que «no se podría expresar con palabras» y que solo la gracia puede obrar en el ser humano.

Así, el documento establece una «profunda distancia» que existe entre el sueño de «convertirse en dioses» de cierto transhumanismo o poshumanismo y el don de la «divinización», entendida como participación en la vida divina «en la humanidad transfigurada de los hijos de Dios en Cristo».

La identidad como vocación y tarea

Frente a la «persona sin vocación» que se siente extraviada en una existencia sin significado, el documento propone entender la vida como un diálogo con el Creador. La identidad humana no es una «divisa preconfeccionada», sino un «traje a medida» que cada uno debe coser respondiendo a la llamada de Dios.

Esta labor de artesanía existencial implica que cada individuo es una «novedad indeducible» cuya identidad no se impone desde fuera, sino que se forja en la libertad de dar una respuesta personal al «regalo gratuito» de la existencia, aportando así una «contribución original e única» al tapiz de la historia.

Así, la respuesta a la pregunta Quo vadis, humanitas? no vendrá de un laboratorio, sino de la capacidad de reconocer que la verdadera «divinización» es un don recibido. Frente al delirio de una perfección elitista, el Evangelio se erige como la salvaguarda de los últimos, evitando que los más débiles acaben convertidos en «materia de descarte» de una carrera tecnológica sin alma.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas